LA CURIOSIDAD MATó AL GATO
Bee Borjas - THRILLER / SUSPENSE - 918 words
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Summary
Un coleccionista devenido en asesino serial
Los rayos del sol le entibiaban la piel mientras la espuma de
la rompiente le besaba los pies. Caminaba despreocupada y
con la mirada perdida en el horizonte. De pronto sus ojos
divisaron un objeto que se asomaba entre la arena. Se acercó
curiosa. Ágilmente sus dedos desenterraron la botella. Cuando
descubrió el papel guardado dentro de ella, no tuvo más remedio
que sonreír. Eran muy pocas las personas que tenían la fortuna
de encontrar un mensaje oculto en una botella.
La sonrisa rápidamente mutó en una mueca de asombro. Preocupada,
entornó los ojos y miró a su alrededor. Luego volvió a leer el mensaje.
“Sólo cuentas con 2 días para encontrarme. De lo contrario
considérate MUERTA.”
Una sensación de creciente incertidumbre empezó a socavar
su mente. Lanzó la botella al mar, sin embargo decidió conservar
aquel misterioso papel. De regreso a su hogar y mientras conducía,
cientos de hipótesis convergían en su cabeza.
Sentada en el balcón de su departamento, concluyó que la advertencia
no tenía sentido. Era imposible hallar a alguien careciendo de cualquier
elemento de ayuda. Sin duda aquello sólo era una broma de mal gusto.
Vía telefónica, la secretaria del jefe de redacción le recordó terminar
el artículo que tenía pendiente. El fragor del trabajo la obligó a
concentrarse y sin más, olvidó el mensaje que tanto la había contrariado.
Aquella noche apenas pudo dormir. Decidió que era una excelente
oportunidad para probar el nuevo sedante que su amiga le había
recomendado. Un rato después de ingerir la pastilla, cayó rendida
en un profundo sueño.
El timbre del teléfono la sobresaltó. La luz matutina ya se filtraba por
las persianas. Su voz sonó pastosa al atender la llamada.
-Ahora sólo te resta un día… -advirtió alguien de modo susurrante.
Asustada soltó el auricular. Miró a través del enorme ventanal. Como
de costumbre la ciudad se elevaba majestuosa. Nada parecía estar
fuera de lugar. Evaluó distintas opciones. Ninguna logró satisfacerla.
¿Qué sentido tenía alterar a su familia? Mucho menos a los amigos.
Recurrir a la policía le parecía más patético aún.
Sin embargo, la llamada había sido completamente real.
Decidió permanecer todo el día en casa. Envió el archivo de trabajo
a través del mail y ordenó comida rápida. Estaba tan susceptible que
hasta desconfió del muchacho que le acercó el delibery.
La segunda pastilla para dormir esta vez fue ingerida con un buen
sorbo de vodka. El efecto fue inmediato. Su mente agitada apenas le
plantó batalla al calmante.
Cuando abrió los parpados, sus ojos eran incapaces de reconocer el
lugar en el que se hallaba. Recostada en una especie de sofá, advirtió
que estaba atada de pies y manos.
Una cinta adhesiva le tapaba la boca y le impedía respirar con facilidad.
Los latidos del corazón se le aceleraron. La habitación estaba sumergida
en penumbras. Un incipiente aroma a jazmines le obstruía las fosas nasales.
De pronto una puerta se abrió.
La figura del desconocido se recortaba en la oscuridad. Encendió una
lámpara y se sentó frente a ella. Tendría alrededor de 40 años. Las gafas
oscuras le ocultaban la mirada. El traje que usaba parecía estar hecho
a medida. Su imagen emanaba un aire de superioridad casi irreal.
-Buenos días Victoria. Un placer conocerla.
Obviamente su condición de secuestrada le impedía responder a la
gentileza del saludo.
-Debo confesarle que esperaba mucho más de usted. -dijo
el hombre enigmático.
Gruesas lágrimas comenzaron a correr por sus encendidas mejillas.
Él no se inmutó.
-Me imagino que una de las preguntas debe ser… -y agregó con tono
glacial- ¿Por qué a mí?
Suspiró con desdén y elevando la voz, graznó:
-Y yo le pregunto a usted… ¿Por qué no?
Se levantó lentamente y se dirigió hacia la esquina derecha de la
habitación. Apretó el interruptor y un haz de luz potente iluminó la
pared que se hallaba frente a Victoria.
Un mural de dimensiones extraordinarias se erguía majestuoso y mortal.
En él, al menos una decena de fotografías lucían enmarcadas en
un brilloso material muy similar a la plata.
Cada documento fotográfico estaba acompañado por un papel idéntico
al que ella había encontrado en la playa.
Orgulloso, fue recorriendo con el dedo cada una de las imágenes.
-Soy cazador y coleccionista, estimada Victoria. Muchas personas
coleccionan estampillas, otras esculturas, muchas otras armas antiguas…
Yo, colecciono MUJERES.
Estaba paralizada. Su mente se negaba a aceptar lo que estaba ocurriendo.
Él prosiguió inalterable.
-No logro resistir la excitación que me invade cuando observo la curiosidad
con que las damas hurgan en mis botellas. Es el momento crucial en que
me pregunto cuánto trabajo me costará cazarlas. ¿Opondrán pelea?
¿Intentarán descifrar el misterio? ¿Le restarán importancia y triunfará
la incredulidad?
Para ese momento, Victoria tenía los ojos enrojecidos de tanto sollozar.
Se acercó a ella con delicadeza. Sus labios se posaron a escasos centímetros
de su mejilla que estaba humedecida por el llanto.
-No puedo mentirle Victoria. Usted me ha decepcionado.
Lamentablemente ha preferido evadir el desafío.
La daga con empuñadura de marfil apareció de la nada. Cuando el frío
metal de la hoja se posó sobre su garganta, la mujer contuvo la respiración.
-De todas formas quiero que sepa que va a tener un lugar destacado en
mi colección. Va a ser la primera pieza que está allí no porque se lo merezca,
sino por haber estado en el momento y en el lugar menos indicado…
Lo último que vio Victoria antes de morir, fue su fotografía colgando de
la pared. No estaba sola.
Los rostros de aquellas mujeres desconocidas, le sonreían ingenuas desde
el macabro mural del Coleccionista.

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