Peregrinando
peregrino - CLASSIC FICTION - 894 words
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Summary
Dudas, certezas y maravillas que puedes descubrir caminando...
Peregrinando
La magia empezó antes del inicio, cuando un no vidente llegó para formar parte del grupo.
A las 12hs bajó el puente en Liniers y se propuso regular la marcha. Con la ambiguedad que le provocaban la certeza de su fe y la duda de su condición, se dispuso a disfrutar de la visión del acto multitudinario; convencido que su soledad en medio de la inmensidad era solo una sensación. Nadie, que no haya hecho la experiencia, podrá imaginar una marea humana caminando, tampoco la percepción de una comunidad de espíritus tras su fe, la mística se ve se, se siente y se respira...
Primer tramo de catorce kilómetros. La marcha se acelera impulsada por el vértigo de quienes transitan. Sigue la magia: jóvenes cantando y llevando carritos que portan a la virgen, parejas jóvenes y otras no tanto, caminando tomados de la mano. Mira la gente que arrastra cochecitos con bebes y vuelven a aparecer sus contradicciones, pero en cuestiones de fe no hay demasiado para objetar…
Al principio todo es energía, pero se sienten el sol, la distancia y la edad…
Castelar, primer punto y el encuentro con la gente del apoyo que se desvive por atenderlo. Eleva sus piernas, quita sus zapatillas y medias; se hidrata y se recomienda no demorar más de quince minutos.
Segundo objetivo a once kilómetros: Paso del Rey. El cansancio se acentúa pero los chicos siguen cantando y la maravilla lo sigue sorprendiendo: una persona se desplaza en puntas de pie, no porque quiera, sino porque no puede hacerlo de otra manera.
El tercer tramo es el más corto: solo nueve kilómetros. La rodilla derecha le recuerda que no tiene ligamentos y parte de los meniscos, los pies empiezan a indicar la aparición de peligrosas ampollas. Sigue su marcha sorprendido por que el andar es mucho más dinámico de lo que suponía que podría ser. Indudablemente va acompañado. Se desplaza sintiendo que una mano va empujando en su espalda...
En la parada de Alvarez se toma el mayor respiro, sabe que viene la parte más complicada de veinte kilómetros hasta el cruce de la ruta seis y siete donde está el último puesto. Quita sus zapatillas y medías, vuelve a elevar sus piernas y mientras el cuerpo le recuerda que no hay parte que no le duela, sabe que no puede estar detenido más de quince minutos. Retoma, ahora a paso cansino. Le cuesta más de un kilómetro retomar el ritmo, percibe que alguna ampolla ha decidido reventarse y sigue. Sigue convencido que debe llegar, porque el cree, porque el admira y ama a su Virgen.
Cruza la ciudad de Rodriguez atestada por congregaciones de todas partes del país: Parroquia San José Obrero, María Auxiliadora, Medalla Milagrosa, Sagrado Corazón, delegaciones de Chascomús, Entre Ríos, Dolores…Ver para creer. Fatigado y dolorido compra una bebida reconstituyente y continúa caminando. Sabe que faltan nueve kilómetros hasta el último puesto. Decide reposar cinco minutos. Reinicia agotado y al poco tiempo se desplaza cansinamente. El cansancio se acentúa, aminora la marcha y se abriga; comienzan a bajar el sol y la temperatura, observa pasar a una persona en silla de ruedas impulsándose con sus propias manos… Ahora todo mundo se desplaza lento. La magia muestra amigos que, abrazados, soportan a otro que no da más. Bastones que ayudan el andar, gente que hace maravillas para pisar como puede pero para continuar decididamente su camino.
Cuenta los puestos sanitarios, sabe que tiene que alcanzar el 44, va por el 37; hay uno cada quinientos metros, hace sus cálculos y se encomienda a la virgen…La magia sigue porque él a instancias, de no sabe que, continua la marcha; ahora a paso decidido.
En el puesto de Rodríguez hace su último parada, toma un reconfortante mate cocido caliente, intercambia comentarios de dolores con sus pares y alentándose decide ir por el tramo final.
Otra vez la dureza del arranque, el pensar como pisar para que duela menos; hasta que el ritmo vuelve a aparecer, cree comprender el mensaje “¿porqué dudaste en lograrlo…?”
Aparecen las luces del puente de ingreso a Lujan. Sí esas que le dicen que lo tiene allí: al lado, pero que ese al lado es al lado del al lado y más allá…y es casi interminable, pero lo logra. Alcanza la curva que lo lleva a la última diagonal, muchos no resisten y se toman un último respiro; otros se ayudan y alientan entre sí.
La catedral nunca aparece sola, siempre viene con lágrimas, la emoción no es poca, la intención tampoco. Otro año más que renueva la intención de seguir maravillándose con el poder de la fe…
Peregrino

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