DULCE VENGANZA
Bee Borjas - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 582 words
- 184
- 9
- 0
- 0
Summary
Doña Delicia prepara bocados envenenados para matar a una mafia que la extorsionaba.
El rufián tenía una puntualidad meridiana con respecto a
su visita semanal. Todos los martes alrededor de las 10 de
la mañana, descendía de su Fiat 128 color celeste y comenzaba
la ronda desde la esquina de Puán y Echeverría.
El Mono Mario ingresaba a cada uno de los negocios del pequeño
centro comercial y como si fuese un rey sin corona, se iba abriendo
paso entre la clientela. Se acercaba hasta el mostrador y con una
sonrisa siniestra esperaba el suculento pago.
Si bien, él sólo oficiaba de mandadero, su fama de delincuente
con pocas pulgas, aterrorizaba a todos los comerciantes.
Sin duda, su lugar favorito era la confitería de Doña Delicia.
El aroma del pan casero y la variedad de confituras que allí se
elaboraban, le provocaban un placer casi orgásmico.
Doña Delicia era una mujer muy particular. Rondaba los 80 años
y estaba al frente de su negocio desde hacía más de 40. Lo que más
llamaba la atención era la dignidad que exudaba esa noble dama.
Precisamente por ese detalle, la presencia del Mono Mario en
su local, era una verdadera piedra en el zapato de la mujer.
Sus hijos, temerosos de padecer alguna represalia por no abonar
la paga, le suplicaban a su madre que no enfrentara a la mafia que
extorsionaba a los negocios del barrio desde hacía más de una década.
Una mañana, el Mono ingresó a la panadería con aquella mueca
torcida que pretendía semejar una sonrisa. Acodado en el mostrador,
elegía impunemente diferentes exquisiteces que se exhibían en las
espléndidas bandejas. Su debilidad eran unos postres rellenos de crema
cubiertos por una capa de chocolate amargo y salpicados con nueces
y maní. Las garras del despreciable individuo, se apoderaban de los
pasteles y los devoraban con una voracidad infame.
Doña Delicia apenas podía contener las ganas de abofetear al
extorsionador. Las entrañas se le retorcían de odio y su furia se
incrementaba cuando contemplaba la unción con que su hijo mayor
entregaba el sobre con el dinero.
Ese día fue diferente. Después que el Mono engulló las confituras,
la mujer con mirada desafiante, dijo:
-Decile a tu jefe, que no pienso entregarle un centavo más.
El rostro perplejo del delincuente le provocó una íntima satisfacción.
-Usted sabe lo que esto significa… -siseó amenazante el Mono.
La noticia del desplante de la anciana, corrió como reguero de pólvora.
La respuesta del jefe mafioso no se hizo esperar.
Doña Delicia casi se muere de un ataque cardíaco. No llegaron a matarlo,
pero su nieto mayor fue encontrado en un terreno cercano a la ruta,
con la cara desfigurada por una brutal golpiza.
El incidente que casi le cuesta la vida al muchacho, volvió a poner las
cosas en su lugar.
Una semana después, el Mono Mario ingresó al negocio de Doña Delicia
más petulante que nunca. La mujer lo recibió con una sonrisa forzada.
Con los dientes apretados balbuceó:
-Este es el sobre para su jefe y además entréguele este paquete de
confituras. Atención de la casa.
El Mono Mario aceptó el obsequio y dijo:
-Muchas gracias, doña. ¿Qué clase de pasteles son?
-Es una receta muy sabrosa. ¡Qué lo disfruten!
El patán lanzó un suspiro goloso y sin más salió del lugar con la risa
dibujada en la cara.
Mentalmente, Doña Delicia enumeró cada uno de los ingredientes.
“400gr de harina, 150gr azúcar rubia, 100gr manteca, 5 huevos, 1 tarro
de crema de leche, 200gr cacao y lo más importante, veneno para ratas
bien molido y listo para usar.”
No tenía miedo. Había preparado suficientes pasteles como para matar
a un regimiento entero.

1






