Clío II

Wishper  - FANTASY - 2032 words

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Summary

"Mientras Clío cuenta sus memorias a una joven mortal, el tiempo para Gaia se va agotando. El despertar de la ninfa se traduce en el fin de todo."

Segunda entrega de Clío.

Lee la anterior parte de la historia en:

Parte 1: http://www.liibook.com/le

"Mientras Clío cuenta sus memorias a una joven mortal, el tiempo para Gaia se va agotando. El despertar de la ninfa se traduce en el fin de todo." Segunda entrega de Clío. Lee la anterior parte de la historia en: Parte 1: http://www.liibook.com/le

En compañía de Aradia, que se traslada por la oscuridad de la noche como si fuese una estrella, huimos a los bosques de la Valaquia allá en la Europa Oriental. Los bosques allá son extensos, antiguos y profundos…simplemente un lugar perfecto para que seres como nosotras hagamos de nuestra morada. Pasamos un largo tiempo allí, entre las ramas de ese extenso mar verde en el que los lobos aúllan al anochecer y en el que la magia se siente en el aire…es aquel lugar en el que mora Aradia…es por eso que grandes de la historia que han vivido en las cercanías han perdido la razón al encontrarse con la Maestra, puesto que sus mentes no estaban preparadas para algo tan hermoso como lo es una criatura que ha sido concebida por un ángel.

- ¿Por un ángel? – interrumpió su historia asombrada. Por lo que había comentado la ninfa sobre aquella mujer desconocida, parecía más bien un demonio o algo por el estilo. – ¿Cómo puede ser que el origen de la brujería tenga que ver con los ángeles? – preguntó Ann queriendo impregnarse de todo aquel conocimiento. Entonces, sin hacer mayor caso a su intervención, la ninfa prosiguió, respondiendo la inquietud de la mortal.

Aradia nació del vientre de Diana, quien descendió a la Tierra en busca de su amado hermano Lucifer, luego que este fue expulsado del paraíso, lugar en el que todos los seres divinos habitan…allí esta mi madre, esta tu dios, el de los reinos de oriente, de las frías tierras del norte, los del mar verde del centro de este continente…en aquel lugar todos tienen un lugar. Fue Diana quien engañó al pobre de Lucifer, y de su unión nació el alba y del amor nació Aradia, quien fue enviada a la Tierra para ayudar a los hombres que rendían vasallaje a otros, para que supiesen arruinar sus cosechas, matar a sus animales, y arruinar sus feudos…Diana enseñó a su hija a usar la magia, para que esta cumpliera la misión que le encomendó. Ahora Aradia es algo así como el nexo entre lo celestial y lo terrenal, ya que no pertenece a este mundo, pero ya tampoco corresponde al otro…y por elección propia ha decidido ser un ser errante, como somos todas aquellas criaturas que no somos aceptadas en el Olimpo, a pesar de poseer una naturaleza sobrehumana. Todos nosotros, o la gran mayoría, estamos aquí por capricho de los dioses, que nos han encadenado hasta el fin de los tiempos a cumplir la misión que cada uno de ellos ha creado para nosotros, los olímpicos.
Fuimos sus huéspedes por largas primaveras, hasta que un día decidimos regresar a nuestras tierras, que se encuentran al sur de aquellos místicos bosques, en los que los días son cálidos y el mar choca constantemente contra los altos e impenetrables acantilados…Grecia, Macedonia, Montenegro…todos ellos son mi hogar. Cada noche allí es fiesta, en la que todos danzan alrededor de la gran fogata mientras se entonan los antiguos cánticos en honor a los dioses.

Algunas gotas de emoción se colaban en sus ojos, plasmándose su voz, que al recordar sus tierras natales, se llenaban de añoranza; seguro que hace mucho que no pisaba aquellos lugares.
- ¿Quiénes iban a aquellas fiestas? – pregunto la niña imaginándose a fantásticas criaturas entonando el Sabbat en la profundidad de la noche, ocultos de todas las miradas inescrupulosas de las estrechas mentes de los mortales.
- Por lo general son los espíritus de los bosques los que llevaban a cabo aquellas veladas, cuando alguna de nosotras aparecía en los alrededores de las moradas…todo ser olímpico representa el vinculo entre la tierra y mundo de nuestros padres…y toda criatura inferior tiene la necesidad natural de querer rendir homenaje a sus creadores…es algo que no se puede explicar, se da en ustedes, se da en ellos…cada quien rinde culto a la deidad que le ha dado origen, menos los olímpicos, que estamos mas cerca de ellos y somos los hijos que han de cuidar y guiar a sus creaciones inferiores… - la ninfa explicaba a la mortal aquello que a sus ojos era tan simple, pero que ante la pequeña y joven mente de la niña, era algo que sonaba parte de un libro de filosofía. – en mi tierra natal, las criaturas que habitan en los lugares escondidos de los humanos suelen ser faunos, hadas y todas esas cosas que relata la mitología clásica…la mayoría son reales, aunque obviamente no son exactamente como se les pinta; el hombre suele exagerar algunas cosas…acaso yo me veo como un árbol? – rió.
- Pues no precisamente, aunque en tus rasgos puedo reconocer cosas que no son tan humanas…- reconoció Ann. Clio le miro con curiosidad. ¿Qué seria aquello que no parecía normal en ella? – Por ejemplo, a veces, tu cabello me parece que se mezcla con la tierra…como si saliese de esta… - agrego reconociendo la expresión de la ninfa. –Parece tan suave…tan lleno de vida… - susurro alargando una mano, queriendo tocarlo, sin saber muy bien lo que estaba haciendo, como si estuviese en un trance.
La ninfa sonrió dulcemente, como una madre mira a su bebe cuando este hace sus primeros ruidos en un intento de comunicación. Tomó suavemente su mano. Para sorpresa de Ann, esta estaba apenas tibia, como que su corazón apenas bombeara sangre.
- ¿Realmente estas viva? – preguntó la niña, aun dentro de aquel trance que provocaba en ella la ninfa.
- Por supuesto que si, yo vivo en los arboles, en las flores…vivo en los animales, en el musgo y en la hojarasca…soy solo una expansión de su vida, por eso mi pulso no es tan marcado como el tuyo…mi vida pulsa junto a la de Gaia, para dar impulso a la vida…yo le regalé la mayor parte de mi vida para que la vida no muriese…la vida que se marchitaba poco a poco, si que se diesen realmente cuenta, podría durar un poco mas…pero gracias a eso, yo he marchitado… - agrego triste.
- ¿A qué te refieres? Yo te veo tal cual creí que seria una ninfa.
- Humanos… - rió – yo no envejezco como ustedes, es parte de mi naturaleza…no marchito de una forma visible…pero la vida que late en mi interior, se ha debilitado…es como envejecer, solo que las arrugas se presentan en el corazón, que poco a poco deja de latir o simplemente con menos fuerza.
- Entonces…significa que morirás?
- Exactamente…pero cuando yo muera lo hara el planeta también…porque he compartido mi existencia, para hacer que la vida siguiese…creí, que ustedes, con todo el conocimiento que ya poseen, se darían cuenta a tiempo de las estupideces que cometían…y que intentarían cuidar y ayudar a su hogar…pero me equivoqué. Son unas criaturas realmente avaras y egoístas. Mi error fue creer en su inteligencia…pero son criaturas estúpidas después de todo.
Ann guardó silencio. Aunque no estaba totalmente de acuerdo y no le gustaban aquellas palabras; ella también era humana, y no se sentía para nada estúpida. A pesar de aquello, era mejor callar. La obra de su especie estaba acabando con su vida, era comprensible que les odiara tanto.
- ¿Qué pasó luego, vivieron mucho tiempo en Grecia? – cambió de tema intencionalmente. No quería seguir escuchando palabras que la hiriesen en su orgullo como especie dominante.
- Estuvimos allí muchas primaveras, hasta que decidimos que tomaríamos nuestros propios caminos. Nos despedimos, jurando que cuando el Phoenix volviera a nacer, nos juntaríamos en los bosques del fin del mundo, para acompañarlo en su última travesía…y cuando su vuelo cese y vuelva a convertirse en cenizas, la vida, como la que hoy ves, caerá junto al ave de fuego.
- ¿Por eso estas aquí?
- Si pequeña…queda relativamente poco para que el pichón nazca. Cuando eso suceda, nosotras le cuidaremos hasta que se haga adulto, como siempre hemos hecho…y luego, vendrá el fin. Pero no te preocupes, el tiempo para nosotros los seres sobrenaturales son distintos a los de ustedes. Lo que para nosotros puede ser tan solo unos instantes, para ustedes pueden ser décadas…y créeme que el Phoenix no se hará adulto en un par de meses…y que a lo que ustedes pudiesen llamar el fin, no es más que un nuevo comienzo. Gaia siempre se está reinventando…ella siempre cambia, haciéndolo también la vida sobre su superficie.
- ¿Cómo es ese pájaro? No logro imaginarme un animal que arda en llamas constantemente
El Phoenix no es como lo pintan. Por lo que tengo entendido, ustedes creen que es un ave del porte de un águila o un halcón que está permanentemente envuelta en fuego. Pero no es tan así.
Más bien mide unos tres metros de pies a cabeza, y posee plumas rojas con un cálido brillo dorado…y sus llamas solo se encienden cuando emprende su último vuelo, antes de morir en el gran desierto del centro. Y su canto es mas bello que cualquiera que hayas oído en tu vida…es como una nana, un arrullo que suena en el aire, haciendo que el cielo se tiña de tonos otoñales…
El fue el primero en la creación y el ser encargado de dar vida y destruir, para mantener el equilibrio, destinado desde un principio a esto. Fue creado en el Olimpo, de la mano Vulcano, quien le otorgó la magia del fuego, ayudado por Nammu, mi madre, quien le otorgó el don de la vida y la regeneración.
El Phoenix, como muchos creen, no es símbolo de destrucción, sino mas bien de vida…de una promesa de un porvenir prospero. Por eso Abraxas, el otro nombre con el que conocen al ave de fuego, es una deidad considerara con dos naturalezas: malvado y bondadoso…porque El Ave, es destrucción y vida, todo en un solo ser.
- Ya va a amanecer. – se interrumpió de pronto la ninfa. –será mejor que regreses a tu habitación…no creo que sea bueno que alguien se despierte y note tu ausencia…. – susurro mirando los manchones del cielo que se colaban entre las ramas de los altos arboles, que se iban tiñendo de gris y dorado.
La joven miro hacia arriba también, notando que ya había pasado bastante tiempo en aquel lugar. Pronto las aves comenzarían a cantar.
- Te guiaré a la cabaña, o te perderás. – agregó poniéndose de pie, extendiéndole la mano a la mortal, para que se pusiese en pie y la siguiera. Ann deslizo sus dedos por sobre la apenas tibia piel de la ninfa y la estrechó suavemente.
Caminaron entonces en silencio, sintiendo como el bosque iba despertando poco a poco. Una vez en el linde del bosque, Clío soltó la mano de Ann y se puso frente a ella, agachándose para mantener su mirada a la altura de la mortal. Las aves comenzaban a despertar y cantaban a su alrededor estruendosas.
- Antes de dejarte ir, me debes prometer que no dirás nada a nadie acerca de mi… - susurró penetrando su mirada en la de Anna, que como en un trance asintió sin decir apalabra alguna. - Si dices algo…no me hago responsable de lo que pueda sucederte…entiendes? – Ann volvió a asentir. – Nos volveremos a ver pequeña… - susurró posando sus labios sobre los de ella suavemente, antes de deshacerse convertida en pequeñas gotas de agua.

El movimiento en la cabaña comenzó temprano. El sol entraba con brillos dorados por entre las polvorientas cortinas. Ann apenas había dormido un par de horas cuando su hermana le despertó, pero parecía como si hubiese estado durmiendo plácidamente toda la noche.
Y aquel encuentro de la noche anterior… parecía parte de algún extraño sueño…pero estaba segura de que realmente había estado sentada toda la noche en mitad del bosque.
El día pasó lentamente, mientras la joven se perdía en sus tribulaciones, intentando comprender y asimilar todas aquellas cosas que le había dicho la musa la noche anterior.
Una vez que el sol se indio en el horizonte allá a lo lejos, para mezclarse por el mar allá en el calmo y frio mar del oeste, los sonidos del bosque dieron paso a la noche, y al aterciopelado manto oscuro con sus miles de brillantes ojos tintineantes.
Pero Clío no apareció aquella noche, ni a la siguiente ni a la subsiguiente. ¿Acaso la musa era parte de un extraño sueño? No…no podía ser. Después de todo, dijo que se volverían a ver… ¿Pero cuándo?

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