Clío III
Wishper - FANTASY - 1795 words
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Summary
"Mientras Clío cuenta sus memorias a una joven mortal, el tiempo para Gaia se va agotando. El despertar de la ninfa se traduce en el fin de todo."
Tercera entrega de Clío.
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Parte 1: http://www.liibo
A la cuarta noche el susurro del viento tocó la ventana de la habitación que la joven compartía con su hermana. Una voz susurraba entre aquel misterioso sonido si nombre; el bosque la llamaba.
Saliendo de su profundo sueño, Ann se deslizo silenciosamente de la cama, calzó sus zapatillas y se cubrió con su chaqueta preferida, antes de abrir la puerta procurando no hacer ruido, para no despertar a su hermana.
- ¿Dónde vas Anni? – dijo de pronto su hermana bostezando, al despertar tras un chirrido de la puerta.
- Al baño…- mintió sonriéndole. – duérmete ya mensa, ya vengo…
Sin prestarle mayor importancia, Margot dio media vuelta y reanudo su sueño. Aliviada, Ann cerró la puerta a su espalda y se deslizó escaleras abajo, saliendo por la puerta de la cocina.
En el borde del bosque una figura esbelta reposaba junto a un árbol. Parecía cantar, o más bien dicho, susurrar una canción en algún dialecto antiguo, despreocupada y distraída.
- Te estaba esperando pequeña Anna…- dijo sin levantar la vista de algún punto en el cielo. - ¿Creíste que te deshacerlas de mi tan fácilmente? – rió dulcemente mirándola por fin.
- Emm…yo…comenzaba a creer que era tan solo un sueño…- tartamudeó nerviosa, perdiéndose en las perfectas facciones de aquel ser que se ponía de pie frente a ella.
- Cuando una musa se le aparece a algún humano en un sueño o en la realidad, esta le seguirá hasta el fin de los días…somos como sus sombras. - Rió tapándose los labios con sus delgados y blancos dedos. – Creo que este no es el lugar apropiado para continuar nuestra conversación…estamos muy descubierta a la vista de los curiosos… - dijo recuperando la serenidad, mirando alrededor.
En un instante la ninfa tomo a la chica en brazos con sobrenatural fuerza, pero con la suavidad con la que se toma en brazos a un bebé. Corrió entonces entre los arboles, que entre mas cerca del corazón del bosque, mas grandes y añosos se hacían.
Al pié de una lejana montaña, tan lejana a la cabaña, que parecía mentira que solo hubiesen llegado en unos cuantos minutos, fue en donde la nunfa por fin dejo en el suelo a la joven mortal.
Una caída de agua se escuchaba en las cercanías deslizarse suavemente por la ladera, susurrando una fría canción que hablaba de vida y de un futuro incierto.
La musa no pronuncio palabra alguna por lo que a Anna le pareció una eternidad. Tan solo se quedó allí de pié, mirando en dirección a donde, imaginó, estaba la dichosa serpiente de plata. Escuchaba. Parecía que el bosque entero se había quedado paralizado, esperando algún increíble acontecimiento, tal cual lo hacía Clío, que como una estatua, esperaba algo eternamente en silencio.
- Clío… ¿Qué estás esperando? - susurró por fin Ann en el silencio de la noche, sobreponiéndose al miedo de sacar a la valkiria de su extraño transe.
La musa permaneció en silencio, aun sin moverse. Parecía haber perdido contacto con lo que le rodeaba en el mundo físico.
- Clío… - repitió impaciente, deslizando sus dedos entre los de la musa, los cuales estaban fríos como la nieve.
Clío dio un pequeño sobresalto a la vez que tomaba una gran bocanada de aire. Parecía haber vuelto al fin de su repentino letargo. Apretó la mano de la mortal suavemente y miró hacia todas partes, intentando reubicarse.
Anna pensó que era extraño que aquel ser que hacia un rato la había cargado a toda velocidad por el bosque, pudiese ejercer tan cálida y suave presión en su mano. Realmente las musas eran seres impresionantes y enigmáticos. Ahora entendía el por qué que los antiguos griegos las amaron tanto…si esta que tenia junto a ella era hermosa, sus hermanas de seguro también lo habrían sido…y juntas, debió ser una visión impresionante para cualquier mortal. Lastima que nunca podría ver a ninguna más que a Clío.
- Ya viene…estará aquí esta noche… - susurró de pronto la musa, sonriéndole tiernamente a la mortal, quien la miraba sin comprender de que estaba hablando. – Calíope. El agua me lo ha dicho…viene cruzando la cordillera…pronto debería estar aquí.
- ¿Calíope? ¿La que te liberó hace ya tantos años? – dijo Ann impresionada. Si ya una ninfa la seguiría por el resto de su vida, de seguro que se volvería loca si dos de estos seres olímpicos lo hacían. Tanta belleza es demasiado como para que un simple mortal pueda soportarlo.
- Ella misma. – Si, de seguro moriría lunática pensó Ann - Pero descuida…tu eres mi mortal… - Agregó en un imperceptible susurro.
La noche era fría y húmeda, inusual para aquella época del año. Tal vez se acercaba una tormenta, pensó Anna, después de todo, muy posible era el hecho de que las nubes cubrieran el terciopelado cielo de pleno verano en las tierras del fin del mundo, en donde el verano era como un dulce regalo a quienes habitaban esas mágicas tierras, pero, que como todo lo bueno, apenas duraba unos instantes.
Pero quizá se tratase de algo mas, pensó. Después de todo Calíope era una musa del agua, y venia viajando en el aire…tal vez aquella humedad era signo de que su presencia estaba cerca.
¡Que extraña era la existencia de aquellas olímpicas! Su aspecto era tan humano, pero tan etéreo a la vez…por lo menos así lo veía en Clío, que lejos estaba de parecer un hada de las que relataban los cuentos, pues más bien parecía un verdadero ángel. Si, tal vez las musas también hayan sido el origen de los ángeles…tal vez, ella había tenido la suerte de conocer a un verdadero ser etéreo.
- ¿Estás bien? – preguntó la musa sacando de golpe a Anna de su ensimismamiento. – Estás fría…creo que la noche está demasiado helada como para que tu temperatura corporal lo soporte tan solo con un pijama.
- Pues no me queda nada más que soportar la noche junto a ti así. Después de todo, ni siquiera me diste tiempo de ponerme algo más apropiado para una noche que es tan extrañamente fría! – respondió sorprendida la mortal entre risas; aunque era verdad que tenía algo de frío.
En donde ella vivía, mucho mas al norte, las temperaturas en esas fechas siempre eran espantosamente altas, así que el frío le afectaba por lo menos en esa época, puesto que su cuerpo ya se había acostumbrado a las dulces noches de las tierras al norte de la gran ciudad
- Pues no dejaré que te de una hipotermia! – rió también la dríade, sorprendida de la respuesta de su mortal. En todos sus siglos de existencia, nunca nadie, a parte de sus hermanas, se había comportado tan amistosamente…siempre o fue odiada, o fue alabada y tratada con mucho respeto, pero nunca, en ninguno de los lugares en que estuvo, alguien se atrevió a tratarle como una igual.
- Pero poco es lo que puedes hacer…tu piel está mas fría que la mía…pareces un cadáver… - dijo Anna con algo de tristeza en su voz. Realmente le hubiese gustado el poder acurrucarse en los brazos de aquel ser y que cuidara de ella en medio del bosque nocturno, mientras ella dormitaba reposada en su regazo.
- Pero puedo hacer cosas que nunca ningún humano podría hacer… - susurró abrazándola como una madre abraza a su hijo. De su interior parecía salir un extraño arrullo que parecía un suave ronroneo. – Tal vez mi cuerpo no sea tibio…pero el bosque y sus habitantes me deben respeto…y también a quien esté bajo mi protección… - susurró en su oído.
Un crujido sonó entre los arboles cercanos. Todo el bosque pareció quedar paralizado por unos instantes, o tal vez solo fue la impresión de Anna, que agudizó el oído asustada. Dos luces comenzaron a acercarse entre las ramas bajas del bosque, tomando poco a poco la forma de dos ojos que brillaban misteriosamente en la oscuridad. Con espanto la joven se percató que se trataba de la criatura mas peligrosa de aquellos bosques, en que ningún animal que caminase entre aquellos arboles estaba por sobre aquel rey.
- No te asustes. – Susurró Clío, extendiendo una mano hacia el animal, para que se acercase. – Solo nos viene a hacer compañía y abrigarte… - susurraba mientras el felino olía su mano y acariciaba su fría piel.
El animal luego se acerco a Anna, que miraba aterrada cómo el león olía su piel, como si estuviese catando a través de su aroma el sabor de su carne. Su cuerpo, involuntariamente tiritaba de espanto mientras el animal las rodeaba acariciando sus brazos con su suave pelaje.
Cerró sus ojos con fuerza, intentando apartar su mente de aquel animal, que aunque Clío le asegurase que no le lastimaría, no podía dejar de temerle. Entonces, una dulce caricia en su hombro y un tierno ronroneo, esta vez provenientes del felino, deshicieron aquella ola de miedo que ya apenas la dejaba respirar.
- Parece que le agradas… - rió la ninfa mirándola con ternura.
- Si no fuera esto algo que pudiese poner en peligro mi vida, me parecería chistoso…pero si no estuvieses aquí este pequeño ya me habría hecho su cena… - contestó Anna mirándola con disgusto mientras acariciaba una de las orejas del animal, que acomodaba la hojarasca para hacer su lecho.
- Pero estás aquí conmigo…y el bosque entero sabe que no puede dañarte, porque esa es mi voluntad, y ellos son fieles con aquellas que han sido creadas para su protección…pero al ser yo la única que resta…he sido convertida en la ama y señora de todo esto. Mi palabra es la ley. – susurraba Clío, con una voz que se volvía cada vez más fría y falta de vida. Anna sentía un dolor terrible sobre sus brazos, mientras la ninfa iba diciendo estas palabras, pues al parecer iba olvidando poco a poco que su fuerza era superior a cualquier otro ser que caminase sobre la faz del planeta.
- Clío…me duele… - dijo Anna con una gota de pánico en su voz.
- Lo…lo siento. – dijo la olímpica volviendo en si y soltándola inmediatamente.
El puma ya se había acomodado a su lado. Anna se sentó a junto a el y lo abrazó. El felino pasó con suavidad su áspera lengua por sobre su mejilla. Al parecer la veía como uno de sus cachorros. La ninfa se sentó al otro lado del animal y se quedó allí acariciando su cabello hasta que se durmió.
Un crujido, proveniente de algun lugar cercano, la despertó, quien sabe cuanto rato mas tarde. La ninfa había desaparecido y el león se había dormido profundamente. La joven miró asustada a su alrededor buscando a Clío, quien era la única que podía devolverla a la cabaña, pues quien sabía en que lugar estaba…era posible que estuviesen a muchos kilómetros de sus familias… con Clío, cualquier cosa era esperable, después de todo, ella ya había roto la percepción de lo “normal” de la joven humana.
- Despertaste…

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