El color está en la piel

juancuevas  - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 526 words

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Summary

un anciano racista recibe justicia poética.

un anciano racista recibe justicia poética.

Don Rigoberto bajó la escalera de madera que el mismo construyó hace cuarenta años y fue a la cocina a calentar el agua para los mates. Desde hace años que despierta antes que el sol y camina en penumbra hasta que la débil luz de la cocinilla ilumina su rostro cruel. A pesar del frío y de que su mujer descansa en el panteón familiar aún abre la ventanilla que da al patio para sentarse a fumar mientras el agua hierve.

Lo hace por respeto.

Le prometió a su mujer dejar de fumar en la casa pero esto es lo más que puede hacer, le gusta ese momento del día en que fuma en la penumbra y de toma un par de mates. Dentro de poco los camiones del reparto empezarían con el bullicio y mas tarde los vecinos de ambos lados, primero los relojes despertadores, luego los gritos de los críos.

No sería tan terrible si fueran connacionales, pero son negros.

El viejo barrio ya no es lo que solía ser, el país tampoco. Antes los negros eran una rareza, los españoles no los introdujeron porque no soportaban el frío, pero hoy están en todos lados, hay negros hasta en la selección de fútbol, pero los peores son los vecinos, con sus gritos irritables.

El viejo saboreó el amargo de la primera hierba y se rascó en antebrazo, le picaba aunque el médico dijera lo contrario. Esos jovencitos reciben un título de medicina y creen saber mas que los pacientes. La mancha parda le picaba y no era exposición al sol, no podía ser, pasó sus 30 años de servicio laborando en una oficina burocrática.

No visitaría al dermatólogo, esos médicos son para las mujeres y los afeminados, con la edad aparecen manchas y otras cosas inexplicables en el cuerpo, nada que le impidiera continuar trabajando en su taller de carpintería, después de cinco años de cepillar la madera tenía pocos meses por delante para terminar de construir su bote, quizá entonces decidiera marcharse lejos de la plaga.

Se quedó dormido con el cigarrillo haciendo equilibrio en los labios, hasta que se fue consumiendo poco a poco y se disolvió en cenizas.

Soñó con los viñedos que su abuelo compró en la zona central, soñó con los dorados cabellos de su enorme abuela alemana, cabellos finos y largos como rayos de sol, una quemadura de cigarro en el muslo le despertó de improviso, los cabellos ahora eran rayos de sol que herían sus ojos. Lanzó una maldición y se sorprendió con el sonido ronco de su voz.

"Me voy a resfriar", pensó.

Carraspeó un poco para aclarar la garganta y caminó rumbo al baño, se lavó las manos y la cara y por primera vez desde el día anterior se miró al espejo. No podía creerlo, sus ojos debían estar mal, un hombre negro con nariz de gorila le miraba extrañado, se miró las manos, negras como el carbón, al igual que el resto de la piel, la mancha del antebrazo le cubrió por todo el cuerpo, no podía ser.

A media mañana de aquel día, la vecina escuchó un lamento que venía de la casa de al lado.

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