Un día maravilloso
Escarcha - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 611 words
- 79
- 2
- 0
- 0
Summary
Un día que comienza de manera positiva pero que tiene un final estremecedor.
Todo hacía suponer que sería un día maravilloso, se me fueron dando pequeñas cosas durante la mañana. Un sutil aumento en mi sueldo, una rosa recibida de un anónimo, una amiga a la que hacía años que no veía me había llamado por teléfono.
Eran las 8 de la tarde y el cielo me hacía burla con oscurecer, unos nubarrones grises se confabulaban en mi contra, pero ese día tenía una sonrisa plantada en la cara.
Me senté a revisar los correos electrónicos y entre varios estaba la notificación de que había ganado un concurso de literatura del que no tenía la mínima esperanza. Me levanté, tirando la silla con el impulso, gritando loca de alegría. Nada podía arruinar ese día que era magnifico. ¡Les juro que era magnífico!
Corrí de un lado para el otro sin saber que hacer, tomé el teléfono he intenté llamar a mi mejor amiga. Nadie atendía desde el otro lado. Ella estaba un tanto engripada e imaginé que no tenía ganas de levantarse y caminar hasta el comedor para atender el llamado así que sin pensarlo dos veces me puse el abrigo encima y salí a la calle.
La oscuridad me guiñó un ojo pero no me importó, salí desoyendo los consejos que decían que a esa horas, por la zona en la que vivía, no debían andar las niñas bien. Haciendo oídos sordos a los periódicos amarillistas que traumaban a los pobres crédulos con la historia de una mujer extraña que se paseaba ciertos días del mes (estoy segura que dieron los días pero nunca me importó) y que con sólo mirarte te paralizaba el corazón. Creo que decían que te tocaba el hombro y que al voltear te gritaba en el rostro mientras te arañaba los brazos con unas especies de garras.
Era una mujer violenta, alguna enajenada suelta que conspiraba con la noche para atormentar a las pobres almas miedosas.
Habían encontrado, a lo largo de un año, un par de cuerpos a unas cuadras de mi casa y cuyas muertes le fueron endilgadas a esta entidad extraña.
Los hombres y mujeres hallados tenían los ojos casi fuera de las órbitas, espantados, las manos cubriéndose las caras, los brazos rabiosamente cortados con la piel suelta en grandes jirones, los labios decolorados y el dato relevante era que les faltaba parte de los músculos abdominales. Se habló de que la mujer se alimentaba de ellos y que era el fruto de un ritual demoníaco. Que algún amateur en brujería negra había abierto un portal hacia al infierno dejando escapar algún ente malvado.
Se dijo de todo, se advirtió de distintas maneras. Pero allí iba yo, desoyendo cualquier advertencia, casi saltando de gusto por las calles oscuras.
Toqué el timbre una sola vez y entré, como era mi costumbre.
Toqué el timbre una sola vez y entré.
Toqué el timbre...
Nunca tuve que salir de mi casa. Nunca tuve que tocar el timbre y abrir.
Mi amiga no estaba enferma, tampoco convalecía en su cama.
Estaba en el piso de la cocina, tirada, gimiendo... mutando.
Al entrar corrí a ayudarla pensando que estaba desmayada, pero al acercarme... ¡oh Dios al acercarme!
Una imagen demencial casi me revienta el corazón en el pecho, no sabía quien era hasta que me miró y reconocí sus ojos. Era ella.
Recuerdo que murmuré: ¡Dios Santo!
A lo que ella contestó con voz grave: Él no, ¡Yo!
Creo que grite, creo que corrí.
Aun recuerdo el aullido que lanzó cuando me vio escapar.
La escuché correr tras de mi todo el trayecto, entré y me encerré.
Hace media hora que estoy agazapada contra la puerta de entrada.
Percibo como alguien olfatea del otro lado de la puerta.
Sabe que la reconocí, vendrá por mi.
¡oh Dios! Intentan abrir la puerta
¡OH DIOS! ¡OH DIOS!

1







