Moscas Bien Vestidas

kantauri  - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 1130 words

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Summary

La historia de amor de Nicanor Almarza o la teoría de las moscas...

La historia de amor de Nicanor Almarza o la teoría de las moscas...

“Moscas bien vestidas” fue, originalmente, otro frustrado intento de novela bajo el titulo de “dos hipótesis para el cuerpo de Nicanor Almarza” (rotulo posteriormente descartado por la influencia “Borgeana” y las limitaciones del autor para plasmar una investigación policial).
El relato fue mutando de boca en boca, a medida que se iban sumando los “repetidores”. Los detalles pudieron haber sido agregados por mi inconciente o infundados por el traumático testimonio del propio Nicanor. Sin embargo, todas las versiones convergen en un mismo punto, una atracción mórbida escondida en cada ser humano acentuaban la historia, no tanto en la muerte de uno de los vecinos mas enigmáticos del edificio o los pormenores de la viuda para deshacerse del cuerpo, sino en las moscas. Era el momento preferido de la historia, que se precipitaba si acaso la llegada del colectivo o la presencia de la viuda, apuraban la conclusión.
Probablemente muchos ya conozcan la versión policial y los resultados de los expertos forenses sobre los pormenores de la investigación, por lo tanto solo me queda trazar un punto de fuga desde los dichos del difunto y proyectarlos imaginariamente como un telar de conjeturas improbables e insignificantes para los peritos, pero muy nutritivas para aquellos a quienes poco importan el dolor de la mujer o la enigmática muerte de Nicanor Almarza, sin embargo se entusiasman detallando mórbidamente el enjambre de moscas que habitaban en la boca del occiso.

El trance fue bastante corto, el sol se filtro rápidamente por los orificios de las persianas acribillando la sombra de la habitación. Un dejo de resignación volvió al cuerpo, es ese instante donde uno se da cuenta que despertó nuevamente y que deberá montarse a una jornada ya puesta en marcha por otros, horas antes. Y que indefectiblemente, seguirá preso de las decisiones y consecuencias de un ayer que casi ni se recuerda, un ayer que nos deja como testimonio de su existencia recuerdos imprecisos y la responsabilidad heredada de sacar adelante una vida cada vez menos nuestra.
El cuerpo estaba ahí (¿?) es difícil afirmarlo u interrogarse esa cuestión, sin conocer los pormenores. Supongamos que así sea, aquí es donde la historia se separa forzosamente de las pericias policiales y la criminalística.
:-Puedo jurar que cuando me levante el cuerpo estaba ahí, les juro que estaba en ese lugar (afirmo la joven en un estallido de nervios y llanto).
Moscas. En la cocina, lavadero, en los placares, en todas las rejillas, sin embargo guardaban una distancia casi protocolar con el cuerpo. El primer impulso fue cerrar la habitación con llave y correr hacia el teléfono. Pero que iba a decirle a la policía? La historia todavía era demasiado confusa para ella misma como para tener que explicarla, además debería responder con su libertad por la presencia de un cadáver sobre su cama. Como había llegado ahí? Quien era esa persona? Cuanto tiempo lleva muerto? Quien seria capaz de cargarlo hasta su cama? Con que intención? Las preguntas se desencadenaban en su cabeza, mientras la atormentaba la imagen del muerto, completamente hinchado, liberando todo tipo de secreciones verdo-azuladas. La inflamación facial no le permitía identificarlo, sin embargo sospechaba que podía ser alguno de sus vecinos, nuevo o viejo, que mas da, si ella solo les entregaba la amplitud de una sonrisa tan cordial como irónica y espontánea.
Moscas. Una vez agotados los insecticidas y las fuerzas para combatirlas con repasadores y trapos, concluyo que solo estaba tratando de distraerse para evitar (postergar) el problema fundamental de tener un cadáver, innecesariamente encerrado bajo llave, en su habitación. Una vez disipado el olor nauseabundo a insecticida barato, temió lo peor, que el olor del cadáver alerte a alguno de sus vecinos y precipite la llegada de la policía. Sin embargo nada de eso sucedió, el extractor le traía, desde algún piso inferior, algunos matices de cebolla frita, y el olor inconfundible del cuadril a la plancha. Más cerca del baño, el pino. Aunando fuerzas, se animo a acercarse a la habitación desde donde todavía podía percibirse el olor a comida, pero no había rastros de descomposición.
Moscas. Enjambres de movimiento armonioso que hasta formaban figuras en el cielo raso de la habitación. Quien era la persona que estaba acostada en su cama? Quien había habitado ese cuerpo inflamado y castigado por la descomposición? La segunda vuelta a la llave giro también en su esófago. Ahí estaba, lo poco que quedaba de Nicanor Almarza. En principio lo interpreto como una buena noticia, por lo menos las cosas comenzaban a tener algo de lógica. Luego dilucido que la persona que yacía entre secreciones, con una mirada de espanto, y en una pose de rigidez militar, era la misma que la había acompañado los últimos dos años de su vida. Todo fue diferente desde ese momento, no podía deshacerse del cuerpo de su ex marido tan fácilmente. Ella sabía perfectamente que lo que quedaba sobre el colchón eran solo restos fétidos del alma de Nicanor, y que para garantizar su libertad debía deshacerse de ellos como un peluquero barre los cabellos, todavía vivos, de su cliente. Pero no tenia el coraje para descuartizarlo, era como si algo de esa maravillosa persona todavía “viviera” entre sus restos.
Estaba convencida que había vivido junto a su amor los últimos 6 días de descomposición, había dormido junto a el, su mano tenia la mueca perfecta para que ella coloque la suya. Sus labios morados guardaban algunas manchas de su labial rosado cremoso. No cabía duda que Nicanor había muerto a su lado y que ella no había tenido el coraje de despegarse de su amor. Ella, sin darse cuenta, había amado al cadáver de su compañero los últimos 6 días. Sin embargo, no podía seguir esclavizada a ese amor que físicamente había dejado de existir. Cerró inexplicablemente la puerta con llave, tomo la fotografía donde se los veía compartiendo un fin de semana en Santa Teresita y explico la situación a la policía que no tardo en llegar con el cuerpo de forenses, los bomberos y una delegación de sanidad que se dispondría a fumigar la habitación. Los vecinos conmocionados por tamaño operativo, se amontonaban en la puerta del edificio, conjeturando, compartiendo teorías, estirando el cogote a más no poder para no perderse la salida del cuerpo de Nicanor Almarza. Sin embargo, el destino de nylon de Nicanor fue postergado.
Moscas bien vestidas, luciendo un negro al tono para la ocasión, revoloteaban torpes alrededor de ella, o eso parecía por el movimiento incesante de sus manos. Algunos se niegan a creer que Nicanor este vivo y recorra todos los días el mismo camino hacia el hospital psiquiátrico a visitar a la joven, y prefieren seguir alimentando, fiel a su estilo, la teoría de las moscas. Sin embargo, es imposible no amar a la mujer que te amo, aun muerto.

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