Hoy (¿ o ayer?)

peregrino  - HISTORY - 801 words

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Summary

Cuando el tiempo pasa pero las circunstancias no cambian...

Cuando el tiempo pasa pero las circunstancias no cambian...

Hoy (¿o ayer?)

Corría el mes de Noviembre, no estaban acostumbrados a éste clima. Si bien era un territorio desconocido, esto no les impediría desplazarse con libertad; por lo menos con la que necesitaban para cumplir con su objetivo, aquel que la ambición y la codicia les exigían llevar a cabo.
Pasaron una buena noche, a pesar de saber lo que les esperaría la mañana siguiente. Había amanecido nublado y húmedo, aguardaron pacientemente a que oscureciera. Se desplazaron durante largas horas con la velocidad que los precarios caminos de la zona les permitían. Aún no amanecía, estaban de suerte, una hermosa luna llena les proporcionaba la luminosidad que precisaban.
Llegaron pronto. El lugar estaba fuertemente custodiado, un personaje como éste toma sus precauciones. Tendrían mucho cuidado, su jefe, Francisco, había ordenado no herir a la víctima.
Burlaron la guardia hábilmente y llegaron a la vivienda, se asomaron temerosamente, el sujeto dormía placidamente envuelto parcialmente por un manto con franjas de formas cúbicas segmentadas. Ingresaron, un piso mullido y esponjoso amortiguaba los pasos. Trataron de no tropezarse con nada … Tomaron sus posiciones y cumplieron lo buscado. Ya estaba con ellos, lo sujetaron fuertemente. Su resistencia fue vencida sin mayores esfuerzos debido a la superioridad numérica. Lo tomaron de la vestimenta, sólo atinó a lanzar una cuchillada hiriendo a Francisco. Lo arrastraron hasta la salida, al hacerlo voltearon un cuenco. Se inmovilizaron y esperaron alertas por si el ruido había sido percibido por alguien. Indudablemente era su día de suerte. Continuaron con el plan, lo cargaron y se alejaron velozmente.
Ahora la segunda etapa: el pedido de rescate. Tenían la fantasía de una fortuna, de un tesoro inmenso. Debería ser por un monto importante, tanto como la categoría del rehén. Tendría que servir para poder vivir el resto de los días cómodamente, sin sobresaltos, sin la pesada carga del deber y el servilismo, en su tierra; con los suyos.
Habían pasado mucho discutiendo la suma. No lograban ponerse de acuerdo. Las estimaciones sobre las posibilidades variaban enormemente. El rehén, temeroso de su situación, les resolvió el problema: Lo ofrecido superó las mejores expectativas. Su personalidad no estaba a la altura de su condición y categorías: de carácter débil, temeroso y terriblemente supersticioso había decidido rápidamente asegurar su supuesta libertad declarando su fortuna. Hijo ilegítimo había consolidado su poder logrando hacer encarcelar a su hermano. Esta situación le había hecho perder su permanente sensación de seguridad y poder. Fuertemente supersticioso, no terminaba de comprender como la realidad le trastocaba los designios que le habían señalado la última consulta a los oráculos: Un futuro promisorio, completo de poder y gloria. No sospechaba la trama secreta que se cernía sobre él y que cambiaría el destino de tantos.
Decidieron custodiarlo fuertemente, harían guardias armadas, turnándose cada cuatro horas.
Hicieron llegar el pedido y comenzó la tensa espera. El rehén permanecía sentado en el piso. Nadie que lo hubiera visto en esta situación hubiera podido reconocer su investidura. Le ofrecieron agua. La bebió desesperadamente. La temperatura era insoportable. No quiso comer. Por ahora no les preocuparía.
Durante los siguientes días nada por hacer, solo esperar. La guardia, los turnos, los relevos. La búsqueda del agua. Preparar la comida...
La respuesta no se hizo esperar demasiado. Accedieron a lo pedido, pero recolectar el elevado monto de la recompensa llevaría tiempo. Esperarían lo necesario.
El centelleo y brillo de sus ojos parecían reflejar ya el metal precioso que imaginaban recibir. Era como si lo estuvieran viendo.
La demora fue mucho más prolongada que lo que podría haber supuesto la posición más pesimista, pero cuando apareció el rescate todo el tiempo pasado se esfumó como si hubiera durado un suspiro.
Todo hacía suponer un pronto final y el regreso a la tierra natal en las mejores condiciones, pero la condición humana volvería a sorprendernos una vez más: Lo juzgarían y decidirían que hacer con su vida. En sus crueles mentes una asesinato más o menos no hacia diferencia. Tenían un record impresionante, es más, habían perdido la cuenta. Además, en este territorio tenían carta blanca...
La rapidez con que habían variado su decisión era un claro indicio de la escala de valores con que se conducía esta gente.
Se acusó a Atahualpa de que siendo hijo bastardo hubiese usurpado el trono y condenado a muerte a su hermano; de ser idólatra; de tener muchas concubinas.... Y así, el imperio Inca perdió a Atahualpa: su último soberano...




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