BHATORY, La Condesa Sangrienta
Bee Borjas - PLAYS, PLAYSCRIPTS - 514 words
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Summary
La historia de Elizabeth Bhatory
La orden del rey Matías II de Hungría se cumplió a medias.
Elizabeth era demasiado poderosa como para ser eliminada
como cualquier mortal. A pesar de ser declarada culpable por
la tortura y muerte de más de 600 jóvenes mujeres, su condición
de dama de la nobleza la protegía de cualquier castigo mortal.
Sin embargo, nada pudo impedir que la confinaran en su famoso
castillo de Cachtice.
Los albañiles trabajaron sin descanso y sellaron la puerta y las
ventanas de la mazmorra. Sólo un pequeño orificio -por donde
introducían la comida- conectaba a la condesa con el resto del mundo.
No puedo soportar este encierro… Necesito recuperar mi lugar…
¿Desde cuando se preocupan por la inmunda vida de esas pequeñas
infelices? ¡Torturadas y desangradas! Me acusan como si yo fuera
la única que trata a la servidumbre de esa manera.
¿No es el mismo rey el que se jacta de elaborar las formas más
apropiadas de castigar a sus propios sirvientes? ¿Qué otra clase de
trato deberían recibir esas inútiles bestias?
¡Hipócritas! Me odian porque yo sí pude descubrir el elixir de
la eterna juventud… Carecen de valor e inteligencia como para
aceptar que he vencido al tiempo.
Su sangre joven me revitaliza y sus cuerpos firmes me aportan el
éxtasis que más de uno fue incapaz de lograr. Recuerdo el placer
que me provocaba morder sus cuerpos hasta hacerlos sangrar…
Aún me atormenta la muerte de mis fieles sirvientes. Ellos no
merecían acabar decapitados. Sólo cumplían con mis órdenes.
La pobre Dorotea fue leal hasta el final. Debería haberla escuchado
cuando me advirtió que no me involucrara con esas niñas de
la sociedad. Era demasiado arriesgado. Cuando empezaron a
desaparecer, a ellas si comenzaron a buscarlas.
¿Pero que otra cosa podía hacer? Ya no quedaban doncellas
adecuadas… Las habíamos matado a todas.
Además la calidad de la piel y la sangre de las nobles vírgenes
resultaron esenciales para conservar mi belleza.
Cadena perpetua en confinamiento solitario. Cada vez que lo pienso
me provoca reír a carcajadas. ¡No me importa estar sola!
Desde que Ferenc murió, nada ha sido igual. ¿Qué pretendían de
una viuda de 44 años con hijos pequeños y el tiempo feroz que
comenzaba a marchitar mi cuerpo y la lozanía de mi rostro?
Debía encontrar la solución. Y lo hice.
Aún evoco maravillada el efecto de la sangre de aquella sucia
campesina sobre mi mano.
Fue la primera vez. Mi piel recuperó la tersura de inmediato.
No comprendo por que me niegan la posibilidad de beber sangre.
Ya lograron encerrarme ¿no es suficiente para ellos? ¿También
pretenden convertirme en una decrépita anciana?
¡Infames! ¿Cómo se atreven a tratarme así? ¿Acaso no saben
quien soy? ¡Los maldigo a todos y a cada uno de ellos!
Corría el año 1614 y uno de los guardias del castillo no pudo resistir
la tentación de ver en persona a aquella diabólica belleza.
Desoyendo la orden del rey, eligió a tres de sus mejores hombres
para que derribaran la puerta de la mazmorra.
Cuando ingresó, vió el demacrado rostro en el suelo.
Elizabeth Bhatory, la Condesa Sangrienta había muerto.

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