Terror Nocturno
juancuevas - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 651 words
- 273
- 1
- 17
- 1
Summary
una noche que no olvidarás.
Ya nadie se queda atento al silencio.
Mi marido no ha llegado, casi le odio por dejarme sola por las noches, a pesar de sus ronquidos me siento más tranquila teniéndole junto a mí, sobre todo por la nena. Nos dijo que vendría a las nueve y ella se quedó esperando hasta que le venció el sueño, solo aceptó meterse en la cama bajo la condición de que le despierte apenas llegue, pobrecilla.
Con tantos peligros que hay en la calle. Me destroza los nervios que se ausente tantas horas, y que mienta sobre la hora ¿para qué dice que vendrá a una hora si no la va a cumplir?, solo consigue que me ponga más nerviosa, que imagine todas esas cosas horribles que suceden por la noche.
Me espanta que la niña las vea, por eso pongo películas de dibujos animados a la hora de las noticias, los noticiarios explotan con demasiado morbo los temas policiales, demasiadas muertes, asaltos y accidentes.
No puedo evitar imaginarle tirado, en medio de la calle, con un charco de sangre oscura. Cierro los ojos y pienso en otra cosa, obligo a mi mente a tener positivos pensamientos.
Una sirena resuena a lo lejos y no ayuda en mi auto convencimiento de que en realidad todo está bien, que abrirá la puerta de la calle de un momento a otro. Porque no puede dejarme, no ahora con la niña tan pequeña ¿qué le diría mañana al notar su ausencia?
Ella realmente le adora, estoy segura de que si yo tuviera que salir de noche no me echaría en falta tanto como a su padre.
¡Por Dios!, tienes que llegar esta noche. No soy capaz de enfrentar a la niña con tu ausencia, le destrozaría el corazón.
Y, después de todo ¿qué tendría que hacer?, seguramente salir a buscarle. Recorrer la mañana por clínicas y hospitales peor aún, hacer una visita a la morgue, para preguntar por algún desconocido. Llamar a la policía sería inútil, si al menos llevara consigo algún documento de identidad. Pero siempre se niega, porque como indocumentado en este país asegura que es mejor así, por si le coge la migra. Yo no estoy segura de que sea lo mejor, pero ya me cansé de discutir ese punto. Ojalá usara su viejo carnet para que le identificaran en caso de necesidad. Eso estaría bien, pero es tan terco, como si la migra se interesara en deportar un cadáver.
Otra vez ese horrible pensamiento, debo forzar a mi mente a pensar en otra cosa. Respiro hondo y agudizo mis sentidos, descubro que ahora sí, hay silencio total. Al menos ha dejado de llover, quizá esta vez no regrese del turno empapado. Por culpa del invierno que muerde el año pasado le cayó la neumonía, casi no la cuenta. Pero es tan testarudo, no se cuida y entonces le vienen los dolores a los huesos.
Lo mejor será aprovechar el silencio para volver a dormir, si resulta lo peor necesitaré toda mi energía para enfrentar la vida y no me servirá de nada tener cara de sueño.
Tendré que ser fuerte y estar descansada, puedo hacer que me venza el sueño a pesar de la angustia, puedo sentirle a lo lejos abriendo la puerta. Pero no es nuestra puerta de metal, suena más como a madera. Las sensaciones se tornan difusas cuando llega el momento en que estás fuera de ti, entre dormida y despierta. Trato de oír sus pasos subiendo las gradas, para al fin abandonar los temores, al menos por esta noche.
Pero no le escucho subir, sus zapatos gastados no hacen ningún ruido. Debería comprarse unos nuevos, estoy harta de zurcirle las medias, creo pensar antes de abandonarme al sopor.
Puedo sentir su aliento frío en mi pelo, menos mal que llegaste, ya pasan de las dos.
“Solo vine a despedirme, ya no podré volver”.









