Sueño apasionado.
sofialara - ROMANCE - 495 words
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Summary
No es más que un sueño apasionado que quisieramos hacer realidad.
Abrí los ojos y estaba junto amí. Sentía su calor como se acercaba cautelosamente por debajo de las sábanas alcanzando mi piel y haciendome estremeser. La mire fijo, me abalanze con delicadeza y la bese apasionadamente.
Logre beber de su boca de miel y sentia como mi pene se endurecía con fuerza clavándosele en la pierna, haciendo que se alejara un poco de mi. Le agarre los brazos a ambos lados de su cabeza y poco a poco fui abriendo sus piernas, encallando en su cadera sin dejar de besar su boca.
La levanté y la senté de frente sobre mí, estaba tan hermosa como siempre: su pelo suelto como con vida propia, sus ojos brillantes y su sonrisa que me invitaba a dar un paso más.
Entre besos y caricias fui sacándole la remera, que dejó ver sus pechos bien formados frente a mi rostro. La abraze y los bese con cariño. Le desabroche el corpiño y la recoste sobre su espalda.
En el instante siguiente sentí como sus pequeñas manos se adueñaban de mi espalda quitandome la remera. Ambos, con el torzo desnudo, no parábamos de besar el cuerpo del otro, de probar cada centímetro de nuetros cuerpos al natural.
Le bese el cuello, la espalda y la cintura, lamí con suavidad sus pechos y fui bajando por su estomago hasta llegar a su sexo. Sentía sus gemidos como hacian eco en esa habitación que nos dejo descubrirnos.
Se sentó sobre mi pene realizando un movimiento de cadera que solo hacía que me exitara más. Comenzó a besar mi boca y fue lamiendo mi mejilla, pasando por mi oreja hasta llegar a mi cuello. Despacito y con delicadeza fue bajando por mi pecho haciendome temblar como por cumpla de un escalofrío.
Con una sutileza, que solo una dama puede tener, tomó mi pene entre sus manos y comenzo a exitarme de una forma divina. Me hizo sentir entre las nubes, practicamente en el cielo.
Comenzó a besarlo, lamerlo y acariciarlo. Me miró fijo, se acerco a mi oreja y casi sin voz me dijo "es hora", he hizo que la penetrara. Una vez en su interior, el vaiven de nuestras caderas hizo gritar a la cama.
Sus gemidos parecian gritos de dolor, pero solo hacía que me exitara más. Me abrazaba fuerte y presionaba mi cara contra sus senos. Sentí como termine y caímos, exaustos, sobre mi espalda.
Cerré los ojos para tomar un respiro y al abrirlos para ver a esa hermosa mujer que tenía a mi lado, me encontre solo en mi habitación con el odiado ruido del despertador y un sol encandilante en mi ventana.

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