ALMAS GEMELAS
Bee Borjas - PLAYS, PLAYSCRIPTS - 678 words
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Summary
La historia de amor de dos hermanos
Sepultaron su enfermiza pasión obligados por las circunstancias.
La obsesión que experimentaba el uno por el otro, era una patología
que los condenaba desde la infancia.
Siempre andaban juntos. Parecían dos polos opuestos atraídos sin
remedio. Él giraba a su alrededor como un satélite natural.
Nunca se despegaba de su lado y a medida que fueron creciendo,
las cosas no hicieron más que empeorar.
Ella, conciente del poder de su notable belleza, no dejaba de provocarlo.
El deseo y la pasión estallaron tan pronto alcanzaron la pubertad.
Sus encuentros cada día más osados culminaron en verdaderas
maratones sexuales.
Eran concientes de que jugaban con fuego y que si su relación salía
a la luz, todo terminaría muy mal. Sin embargo el amor enfermizo
que se profesaban era superior a cualquier peligro.
Los descubrieron una tórrida tarde de verano. El viejo llegó más
temprano del campo. Ni siquiera escucharon los estridentes ladridos
de los perros recibiendo a su amo.
-¡Es tu hermano, maldita bastarda! –aulló el padre con
la mirada desorbitada.
La chica había llegado a la casa después de la muerte de su madre.
Era el fruto de una aventura más que fugaz. El viejo no tuvo más que
emedio que reconocerla. Desde ese día, los hermanastros cultivaron
una relación que desde el principio fue especial.
El viejo la arrastró del cabello y la sacó de la cama a medio vestir.
El muchacho fuera de sí intentó detener a su padre, pero la fuerza
del hombre era superior.
-¡Asco debería darles! –gritaba el padre mientras el resto de la familia
observaba azorada la dantesca escena.
Fueron separados de inmediato. A ella la confinaron en un pueblo
cerca de la ciudad de Rosario. Al muchacho, su padre lo obligó
a permanecer en la hacienda trabajando a su lado.
Nunca se volvió a hablar del tema. En ocasiones los silencios se
tornaban más crueles que las palabras.
Resignada y sumida en el más terrible de los exilios, la joven se casó
con un escribano que la doblaba en edad. La noticia no tardó en llegar
a los oídos del muchacho. Cegado por la furia y el rencor, un año
después contrajo matrimonio con la ahijada de su madre.
La pena comenzó a corroerle el alma. Su esposa era una excelente
mujer y sus hijos se convirtieron en el tesoro más preciado.
A pesar de todo, el frenesí que le provocaba el recuerdo de su hermana,
no lo dejaba vivir en paz.
Una vieja comadre vino con el cuento. La muchacha había quedado
estéril como consecuencia de las golpizas que le propinaba su marido.
Hacía apenas 2 días que le habían dado el alta.
Miró por la ventana y descubrió que la noche estaba estrellada.
La respiración de la mujer era suave y acompasada. Se levantó con
sigilo y se dirigió hacia el cuarto de los niños. Los miró y se acercó
hasta ellos con el corazón desgarrado por el dolor. Besó la frente de
cada uno de ellos y abandonó la habitación sin mirar atrás.
Llegó a Rosario antes del amanecer. Estacionó la camioneta a una prudente
distancia y caminó los últimos metros sin hacer el menos ruido.
La puerta del fondo estaba entreabierta.
Se volvieron a ver 15 años después. Él la miró con adoración.
Ella casi no podía contener el delirio que su presencia le provocaba.
Corrieron desesperados uno hacia el otro. Permanecieron abrazados
durante unos minutos. Se besaron con ardor.
Estaban enlazados, parecía que sus cuerpos eran víctimas de una
conexión imposible de destruir.
La ayudó a cambiarse de ropa. El camisón manchado con la sangre
del marido, quedó tirado en medio de la sala. Le lavó la cara con
agua fresca y la volvió a besar. El muchacho arrojó a un matorral,
el cuchillo con el cual ella había asesinado a su esposo.
Subieron a la camioneta y huyeron del lugar. Sabían que a partir
de ese momento estaban condenados.
Nada importaba más. Tan sólo querían estar juntos a cualquier precio.
Incluso a costa del dolor de sus propias familias.
La realidad no tiene remedio. Hay lazos de sangre imposible de desatar.

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