Técnicas
peregrino - FANTASY - 676 words
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Summary
Donde vas cuando la realidad te agobia...
Técnicas.....
Corría, estaba en el tramo final. La técnica recomendaba relajarse y estaba más tensa que nunca..... . Concentración, mucha concentración, lo estaba logrando, había aumentado la velocidad, no me voltearía para ver a mis competidores. A este ritmo con solo dos pasos más cubriría con creces los doscientos metros restantes…
Siempre había escuchado a la gente con experiencia. Me habían recomendado colocar la mente en otra cosa, pensar, dejar volar la imaginación. Claro, una cosa es decirlo y otra muy distinta llevarlo a la práctica. Las primeras veces me había concentrado en vivencias personales. Las evocaba, las traía a mi mente y las dejaba pasar como en una pantalla de cine. Con el tiempo, las vivencias ya no venían con tanta facilidad. Cada vez sentía una necesidad más profunda de desconectarme de la situación, disminuyendo la presión. Por eso, comencé a dejar volar la imaginación. Por supuesto, a esta altura la experiencia ya me daba ciertos privilegios. Como éste, el de vivir situaciones imaginarias como reales.
La carrera había terminado, la agitación y la transpiración habían transformado esta habitación en un perfecto vestuario.
Tenía que salir, este lugar me asfixiaba. Otra vez la calle, el calor, el mirar el paso de personas y vehículos y sentir la sensación de que la que pasa soy yo, que todo el resto está inmovilizado, hasta que alguien se detiene a mi lado.
Me dijo que se llamaba Javier, daríamos un paseo en auto. Un hermoso convertible rojo. Podría sentir el viento sobre mi cara, dejar volar mi cabello, disfrutar del paisaje y beber litros de verde, ese color que tanto me apasiona.
Había logrado desarrollar tanto esta técnica que había instantes en los que dudaba respecto de estar en uno de mis excursiones mentales o no…
Ahora estaba cenando con Javier, o no, porque repito; ya no me resultaba fácil, en ésta situación, distinguir realidad de fantasía. Moreno, alto, morocho (un “Banderas”, para abreviar), en nuestro restaurante preferido; “Doña Amelia”. Teníamos la mesa de siempre, sobre la esquina izquierda; un poco alejada de las otras. Mantel azul. Luz tenue y suave música de violines de trasfondo. Javier, como siempre, se había descalzado y jugueteaba con su pie desnudo con el mío por debajo de la mesa, sentí un inmenso cosquilleo... Conversábamos, tranquila y apaciblemente. Javier, todo un caballero, había completado una vez más mi copa con nuestro preferido Cabernet Sauvignon. Ya no sé cuántas copas iban. Ya no sé, si mi mareo era efecto del vino o de las palabras de Javier que me embriagaban por la ternura y la dulzura que transmitía en su expresión. Eran frases que salían impresas de sus labios y que yo leía proyectadas en una pantalla. Luego formaban un espiral que giraba y giraba y bajaban sobre mi cuello envolviendo todo mi cuerpo. Comenzaba a anticipar el resto de la historia: Su departamento, un cognac, caricias..., el sillón o la alfombra, el juego de desnudarse mutuamente, cuando de pronto, sonó el despertador de la realidad...
- Flaca, ¿me escuchaste?, te dejé la plata sobre la mesa y vestite rápido que ya se terminó el turno..... .
Peregrino

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