Amantes...
alexanderc - ROMANCE - 793 words
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Summary
... Se vistieron presurosamente, ya estaban acostumbrados a esto y cada vez parecían hacerlo con menos remordimiento...
Su corazón agitado parecía no coordinar bien sus palabras, un coctel de emociones, producto de la desenfrenada pasión de unos cuantos minutos atrás parecía deslizarse por sus ojos y por todo su cuerpo, una vez mas el tiempo volvía, como por arte de magia había desaparecido durante toda la tarde, pero ahora era su enemigo, bueno, no tanto de el, pero si de ella.
Se vistieron presurosamente, ya estaban acostumbrados a esto y cada vez parecían hacerlo con menos remordimiento, el esposo de ella ya estaba impaciente y el celular no dejaba de sonar, la habitación de esa tarde no tenía salida a la calle así que no podían disimular con el ruido de los carros, habían pocas excusas para esa ocasión, siempre procuraban al máximo cuidar cualquier detalle y planear todo meticulosamente, pero esa tarde había sido diferente, no había excusas, no había planes, simplemente una pasión incontenible, hacia mucho tiempo que no se veían y tenían que aprovechar la situación, el año estaba a pocas horas de terminar y no podían dejar pasar así no mas, valía la pena el riesgo, siempre valía la pena, así lo disimularan con una dosis exquisita de esa moral barata que nos venden a todos desde pequeños.
Bajaron a toda velocidad por la escalera de aquel motel, no era buena idea ir a ese sitio en el carro de ninguno de los dos, siempre lo hacían de esa manera… el taxi que solicitaron ya estaba esperándolos, se subieron y le indicaron al conductor la ruta que debía seguir… eran unos expertos, tan solo el taxista de la primera vez conocía aquella enmarañada pero eficiente ruta y ellos la habían memorizado de una forma prodigiosa, en tan solo 20 minutos estarían en el apartamento de ella, en el que la esperaba la parte final del acto, de ese cortometraje de mentiras que ocasionalmente se proyectaba en las tardes-noches de aquella ciudad.
Esa tarde fue especial, es increíble todo lo que la atracción entre dos personas puede llegar a sacar de ellas, cuando las barreras de lo prohibido y de eso que llaman clandestino se superan, con el afán y la zozobra de evitar ser descubiertos se le da ese toque misterioso, siempre sus encuentros eran una guerra total de hormonas, una explosión tras otra de besos profundos, de caricias interminables, de transfusiones intensas de calor, como un par de caníbales que piensan atacarse y devorarse hasta quedar exhaustos y casi morir entre aquellas sabanas, un remolino de alteraciones cardiorrespiratorias entre cada orgasmo, entre cada viaje a ese cielo y a ese universo que se encargan de crear en ese lugar donde solo existen ellos dos, donde el mundo, los prejuicios, el pasado e incluso el futuro pierden todo sentido, donde la realidad queda suspendida tras esa elegante puerta de madera y todo allí dentro de la habitación es simplemente magia y carnalidad en su máxima expresión.
Y todo ese sin fin de emociones y de situaciones, veían su apogeo en aquel taxi, la ciudad sola por aquellos días hacia mas corta la despedida, ella se daba unos cuantos retoques y trataba de volver a la normalidad lo mas pronto posible, silenciando la agitación y llevando muy adentro sus temporales sentimientos aventureros; por su parte, el simplemente sonreía, lo hacia siempre que estaba con ella, era inevitable, cada momento junto a ella era un escape de su tormentosa soledad, era un respiro, un tanque nuevo para esa oscuridad en la que vivía sumergido, a el no había quien lo esperara en casa, el no tenia que idear mentiras o simular situaciones falsas para justificar las llegadas tarde, no, nadie sospecharía de sus actitudes, de su olor, ni siquiera de ese cansancio inexplicable… y esa tarde justo antes del beso de despedida dentro de aquel taxi, el recordó todo eso, y sintió el instante exacto en el que dentro de sí algo se quebró y dejó escapar esa sombra que le perseguía en ciertas noches…
Ella no había terminado de subir las escaleras para llegar a su apartamento cuando el mensaje llego al celular de su esposo, una foto, unas cuantas palabras, una confesión… la versión en miniatura de una especie de apocalipsis, y todo terminó allí, al deslizar las llaves por la cerradura y empujar la puerta tan solo tuvo tiempo para observar por ultima vez el rostro de su desencajado compañero, el brillo del arma le penetro los ojos y le congeló su interior, fue un coma de 5 segundos, sin una sola palabra, un silencio que solo terminó con el estruendo de aquel disparo…
Unos meses mas tarde, el mismo motel, la misma hora, por aquella escalera descendieron los mismos pasos, también tomaron un taxi, pero la prisa ya era innecesaria, hoy ya no habría un beso de despedida… ya no.









