Confesiones de una dama

tomoedono  - ROMANCE - 628 words

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Summary

Corte

Corte

Invierno de 1765.

He me arriesgado en esta mañana fría, en que la blanca nieve adorna los marcos de la ventana, así como la vista de este ascético valle en el que encuentro mi morada; a dejarme llevar por la pluma so pena de condenar sobre el papel el sentimiento que me mantiene en vela. En la soledad de este cuarto paso horas recordando cada una de vuestras facciones, sí sólo no fuese una sombra de la cual engañarme.

Estos pensamientos que abrigo en mi pecho por vos son tan caprichosos como el viento en Septiembre. Usted sin proponérselo ha herido mi corazón con vuestra saeta de galantería, ahora soy la hija indigna de mi estirpe. Qué lamentable es el amor que le profeso sabiendo que debo sepultarlo en el más caro silencio.

Cómo saber que me deparaba esa tarde que tuve el gusto de entrar en relación con usted, sus modos llamaron más que mi atención. ¿Existe algo en éste mundo que se le pueda comparar?, en mi opinión no lo creo posible. Sentí el llamado de los profusos latidos de mi sangre en mis oídos cuando usted susurro mi nombre. El suave roce de vuestros labios de rosa sobre mi banal mano espantó años enteros de educación monacal, e hizo presa de mí una abominación tan grande la cual ahora cargo con gusto. Sólo he de mentirle al resto del mundo pero a vos no le puedo velar lo que mi corazón siente. Tan culpable soy de esto, que encubro la mas ligera mirada por miedo a delataros haciéndoos víctima de un castigo inmerecido.

Noche tras noche escarmiento mi conciencia con vuestro recuerdo. Las figuras de los bailes celebrados se abren en mi mente como relatos lejanos de tahúres y sátiros. Que nerviosa solía ponerme antes de entrar al gran salón donde sabía esperabais. El silencio y las miradas eran todo el lenguaje con el cual profesaba mi admiración por vos. Sentada en la distancia morí de celos al veros halagar a otros que anhelan su favor tanto como yo. Aun así, vos no me mantuvo en el olvido, encantadoras fueron esas pláticas que hábilmente fabricaba para mi entretención y el premio a vuestra victoria siempre fue una inocente sonrisa por mi parte. Que bien me sentía al concederos tales trofeos, aliviaba vuestro corazón con tan exigua recompensa aun siendo merecedora de los más altos títulos de los que podría revestirle.

Si he de describir la sensación que produce vuestra presencia me quedo corta de palabras capaces de hacer justicia a este amor. Solo poetas podrían encarnar en un buen verso esta pulsión que crece en mi entrepierna, y sube a mis labios queriendo solo calmar el fuego en el cual me consume vuestra imagen.

Podrá usted desdeñarme después de esta confesión, este gesto de puro egoísmo me pone en vuestras manos. Quien ha actuado mal condenada a eternidades de sufrimiento es esta fiel servidora suya que sólo pide ser acogida por un pecho clemente. Mis sentimientos no se contendrán con una amistad a la cual no he de rendirle el debido interés o tributo. Lamento poneros es este predicamento si soy de vuestras mas alta estima, perdonaos si he destruido la bella imagen que posee de mí, pero no soy capaz de aplacar estos sentimientos, enclaustrarlos en lo mas alto de la prisión de mi corazón para tenerlos luego como un buen recuerdo. Soy la esclava de Afrodita y de dejado mi pudor, mi posición social, mi condición por tantos años de consorte real a un lado solo por ser la elegida por vos para satisfacer esta avidez de amor aunque vos solo seas una de mis preciadas damas. Por favor no me condene con vuestro silencio y comparta conmigo el dolor de la lejanía.

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