La intensidad de mis sentidos.

tomoedono  - ROMANCE - 519 words

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Summary

Prosa

Prosa

Hoy siento el cuerpo frio, deseoso del calor humano, de la pasión y la sabia que enardecen en otro ser.
Mi piel busca el calor de otra, para mezclarse entre las texturas, entre la sinuosidad de sus formas, buscando con deseo el roce secreto que encienda la curiosidad innata. Explorar así, con los delicados dedos, puertas ávidas y perceptivas de mi mundo, esa piel extraña, esa tez hechicera que con sus sortilegios aferra inquisidora mis más bajas dudas, ese horizonte desconocido, prohibido, que es latente y siente. Que pulula en emociones lujuriosas, instintivas, irreflexivas y maquinales tan similares a las mías, ese semblante me convence e incita a imaginar, con su exudación profusa, aroma primitivo difícil de olvidar, que encanta al aire y lo carga de gozo.
Recorrer los difíciles valles de una geografía nueva y mundana, observando cada ruta imaginaria unirse aquí y allá con otras. Conduciendo todas al fruto impensado de un gemido tímido y temprano, solicito de mis oídos que se embelesan con su ritmo. Porque también deseo escuchar a ese cuerpo. Conquistar cada resonancia que produce, apoderarme del acelerado compas de un inquieto corazón bullendo, imparable regidor de la roja sabia, que remonta los decibeles de una canción silenciosa. Deseo escuchar la tonada que se conjuga en la insipiente respiración que se contiene, suave, fresca e inocente, clara como el alba al asomar triunfante sobre la noche. Reptar por la grave eufonía de sus músculos bocales en tensión, conciliando ensimismada la dulce variedad, que grata es a mí, de esas palabras inteligibles, elementales a toda historia y convencionalismos, quejidos prietos libertarios del goce.
Deleitar mi paladar con la profusa sensación de miles de almíbares, pletóricos obsequios de papilas inquietas. Recrear esas erógenas zonas de las que está repleto su cuerpo, atraer los tímidos lóbulos, gotas carnosas que se estremecen a mi cercanía, regocijarme en el arco de los pies, de eso pedestales susceptibles a la humedad tibia de mi lengua. Cautivar ese gusto que entibia la saliva de mis labios, que lubrica mi imaginación haciendo volátil arbitrio mis inclinaciones más apetecibles.
Recordar desde el aroma, las impresiones de su complexión, la sutileza de los bálsamos naturales, de las químicas manifestaciones, los efluvios innatos que no se borran con el tiempo. Esa quintaesencia endiablada que derrumba las fronteras mi olfato, que lo hace buscar y deliberar por todos y cada uno de los vahos exultantes de sus poros.
Aplacar la astuta pretensión libidinosa de mis ojos al devorar cada centímetro de una imagen compleja y exótica, enfilando su lascivo examen con el mayor rigor, sometiendo a la introspección sensual cada movimiento inconsciente, puro y licencioso de su cuerpo, a esa tendencia original del baile, del vaivén acompasado por los murmullos del amor, del erotismo pagano, arcaico e inmemorial, cuando el pudor se asomaba a los ojos, cubriendo con elaborados matices el sonrojo triunfal, ese de una primera vez, de una primera noche, de un primer encuentro ilícito y sombrío, secreto, único para recordar porque ha sido disipado con la intensidad de mis sentidos.

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