Justicia en la ruta
juancuevas - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 623 words
- 229
- 1
- 16
- 0
Summary
justicia en la ruta es un cuento de terror moderno
Se tomó el trago de golpe y dejó que el licor le quemara por dentro unos segundos, luego salió del bar y volvió al taxi para continuar su ruta un par de horas más. Le gustaba calcular el tiempo de regreso para después de la telenovela, de esa forma su mujer ya estaría dormida y no le daría la lata. Las mujeres quieren hablar, eso decía el experto de la radio que venía a dar una charla a la ciudad sobre cómo cuidar a la pareja. No necesitaba pagar para saber eso, las mujeres siempre quieren hablar, incuso las que toman su taxi, después de un rato observando su nuca blanca muchas cogen el celular porque no soportan estar cinco minutos en silencio.
No llevaría mujeres esa noche, lo acababa de decidir. Si quisiera que alguien le diera la lata con lo del aliento alcohólico se quedaría en casa.
En la siguiente esquina un joven le hizo la parada, joven y con traje ejecutivo, quizá un junior, los ejecutivos de verdad tienen auto, algunos con chofer. Lo recogió porque seguramente no le diría nada por el olor a licor que seguro inundaba el taxi. De todas formas abrió las ventanas y detuvo el taxi. Era una carrera corta no muy lejos, el muchacho subió la solapa de su traje para acurrucarse en su asiento y subió su ventana, así está bien, un hombre necesita un buen trago de vez en cuando y eso no debería estar prohibido.
Estaba a punto de encender un cigarro cuando sonó la radio, la voz eléctrica del aparato interrumpió al experto en relaciones de pareja.
- Atentos compañeros del sector oriente, se reporta un 1050 cerca del estadio.
Estaba a pocas cuadras y a punto de dejar a su pasajero. Fue uno de los primeros en responder a la llamada y colgó el micrófono sobre el soporte. Muchos más después se sumaron al llamado del 1050, sería una gran cacería la de aquella noche. El viejo tomó las monedas del cliente y enfiló al llamado.
Se reportó la presencia de tres atacantes, el taxista herido esperada auxilio al borde de la acera, tenía un corte en la cara y sangraba mucho pero alcanzó a pedir ayuda por radio. El viejo sacó la llave de cruz de debajo de su asiento y el paño con que limpia el parabrisas. Ayudó a su compañero herido a sujetarse la herida con el paño y se quedó atento a las luces de los otros taxis que rondaban el vecindario. Una zona bien iluminada gracias a la construcción deportiva donde se había invertido extra en iluminación vial.
Al poco rato llegaron dos unidades más, alguien se llevó al herido al hospital y otro más remolcó el taxi sin dueño, luego una caravana se acercó por la avenida principal, parecía un desfile por el día del taxista: más de cien unidades cubriendo la explanada. Atraparon a uno de los asaltantes, llevaba el teléfono celular de la víctima.
Después de las golpizas de rigor se dio inicio a las deliberaciones sobre lo que convenía hacer con él. Llevarlo a las autoridades era una ridiculez, le soltarían esa misma noche y se pondría a buscar venganza. Aún quedaba en el recuerdo de los más viejos los sucesos de chinito Méndez, el asesino de taxistas, un menor de edad que ni siquiera fue imputado.
Quizá fue la copa de más o la insatisfacción que le provocaba su mujer, pero el viejo tomó la iniciativa y el resto secundó su decisión. Le ataron las manos al parachoques trasero y fue arrastrado hasta la inconsciencia. Luego todos y cada uno de los automóviles de servicio público pasaron por sobre el cuerpo inerte del atacante.
Al día siguiente los perros dieron cuenta de lo quedó.









