Ailurofobia

maurobertone  - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 840 words

  • 127
  • 0
  • 0
  • 0

Summary

Simplemente un cuento, una noche ...

Simplemente un cuento, una noche ...

De camino al glorioso hogar, después de la eterna jornada laboral, mientras mi cabeza estallaba en una nebulosa de ocupaciones y castigándose por el porvenir de la misma tarea diaria, un viento helado se desplegaba por entre la arboleda mortuoria invernal; la oscuridad, empalmando a toda la vereda entre raquíticos destellos de luz artificial, resumía la visión al sólo destello lumínico de mi cigarro encendido. Con la bufanda rozando el bello de mi barbilla, sólo la calle iluminada en el fondo, al final de la cortada, era el encanto del viaje que parecía una peregrinación fúnebre. A escasos pasos de desvelar mi mente adormecida, oculto entre las oxidadas rejas del frente de una casa, un manojo de pelos negros apenas se percibían detrás de unos furiosos ojos que brillaban en la tétrica negrura. Como sin quererlo, unos resplandores daban a entender de qué se trataba aquel ser que despertaba mis temores más confusos. En cada brillo de lo único que se percibía con claridad, aquel blanco radiante que se estimulaba en aquellos ojos conformados de traición y felina sabiduría, de aquella mínima constelación de estrellas de la que exaltaba un fuego insostenible para los ojos humanos, de aquello mismo que me detenía a cincuenta pasos de la parada del colectivo; se provocó un drenar incesante y doliente en mi cuerpo de una sangre hirviente que quemaba mis venas. Aquella efigie que se conformaba de sombras, cuatro blancos mundos y una imaginación proveniente del instinto, internó en mi cuerpo un pavor de tanta magnitud que hirió mis sentidos dejándome perplejo: parado ante el frío y el ahogante calor de su presencia; helado de frente al fuego del infierno. La respiración no se daba lugar y mi cuerpo comenzó a realizar sus movimientos con más actividad de mi corazón aterrado que de mi mente aletargada, hechizada. Poco a poco mis piernas intentaban proseguir mi camino mientras aquellos pardos faroles del demonio perseguían mi desplazamiento. Del cuello imperceptible, se desarrollaba un cuerpo azabache que permanecía rígido, al acecho, salvo por un reiterativo sube y baja que daba, a lo que se entendía su lomo, un toque terrorífico de respiración. Al percatarme de mi propio delirio, aquella bestia engendrara por Lucifer ya no se encontraba en el margen de mi visión, sino que mi mente no podía borrarla.
Cuando el cigarrillo consumido quemó mis dedos, sólo en aquel momento, mi cerebro volvió a tomar vida dando paso al raciocinio; esa inútil distinción humana que nos llena de miedo y cobardía. Me despegué de aquella figura caminando con ligereza hacia mi casa, sin dejar de voltear creyendo que aquella bestia me seguiría. Unos pasos adelante, esa presencia en mi mente era notoria pero aún podía continuar mi recto camino. En la siguiente cuadra, el impulso y mi inconsciente ya no creerían lo que vieron; a un costado de la acera, entre ramas secas como huellas del frío invierno, un nuevo felino se constituía en oscuridad. Fue aquella la más aterradora sorpresa. Un ardor que mi cerebro resumía en pánico estalló repentino, paradójicamente, escarchando mi piel y mi sangre mientras aquel ser presumía su serenidad lamiendo, con su pequeña y rosada lengua, la pata que se alzaba amenazadoramente. Las garras, como pequeñas agujas envenenadas, se estiraban rasgando el pasto se forma preventiva; sus pequeñas orejas erguidas se inclinaban con distinción hacia la diminuta nuca peluda. Era increíble que aquella minúscula bestia pudiera hacer todo aquel destrozo que yo dibujaba en mi cabeza, la malevolencia se deslumbraba en el brillo siniestro de sus ojos, aquella traición en finas perlas esplendentes. El calor ahogaba a mi frente en un sudor helado, mi piel también lo estaba, fría como aquella mirada que conjugada con el viento golpeaba mi rostro, seguramente pálido. Con mi espalda contra la pared las sombras comenzaron a tomar movimiento en cada rincón de la calle, toda aquella negrura se mostró aún más negra transfigurándose en miles de aquellas criaturas que andaban sigilosas por las veredas, las calles, sobre las copas de los árboles. En un segundo plagaban cada fracción de pavimento y me observaban desafiantes.
Es increíble el terror que abundó en mi cuerpo amigo lector; mis músculos tiritaban y el caos se adueño de pensamiento que ya se había fugado junto a mi instinto, por algunos llamado demencia. Ante cualquier advertencia que sucediese en mi interior, sólo pude echarme a correr hacia mi casa esquivando aquellos sacos de huesos y carne armados de filosas garras y ojos insostenibles. Sólo corrí sin saber si llegaría; pero al fin llegué. Rápidamente, tras atravesar la puerta y sin quitarme la ropa me zambullí a la bañadera vacía y abrí la regadera, pues se rumorea que aquellas bestias que adoran al fuego del infierno le temen al agua; ¡ja!... aquellos seres cobardes... temerle al agua.

Want to leave a comment? Sign Up