Romance de Peces
bravo_barraza - FANTASY - 850 words
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Summary
porque los peces quieren alcanzar una nube.
ROMANCE DE PECES
En un mar muy lejano, donde las tormentas y los vientos rigen su superficie. Donde el calor tiene humedad de selva y el sol derrite como en los desiertos.
En un tiempo que los peces vagaban sin temores por su inframundo y las nubes disfrutaban en soledad del cielo, sin espectadores ni visitantes que las estorbaren. Se escribió un romance imposible de agua y cielo. Una tragedia cruel como es el amor.
Multitudes de peces desarrollaban su diaria rutina como ballet silencioso. Danzaban en las oscuras aguas como escenario y sobre ellos caían tímidos haces luminosos para acompañar el mudo espectáculo marino.
Ellos viajaban así abstraídos como los soñadores, los pintores, los artistas…, un mundo alterno los albergaba del gélido ambiente. Lograban de tal manera escapar al oscuro entorno y entregarse a la creación divina de seductoras variedades y contorsiones al unísono.
Eran los peces soñadores empedernidos. Amantes del buen gusto y la poesía.
La rutina de aquellas evoluciones era perfecta y embriagante para el espectador. Sin embargo, en las miradas de los danzantes latian inquietas preguntas y sensaciones. Entregados a su diario ir y venir la multitud no se quiestionaba en público y cumplia los ritos metódicamente. Y creciá la sensación que que algo mas existía.
De donde vienen estos impulsos?, nuestras ideas solo se forjan de la nada o son un cúmulo heredado?. Alguien más estuvo aquí antes?, alguien quien no logramos rescatar en desde la inmensidad del tiempo. Desde cuando bailamos. ?
Un día cualquiera descifrando los códigos de su existencia un visionario nadó en solitario, cual prima voz, arrancó hacia lo alto. Nadó sin temor hacia aquellos colores tan inusuales y deslumbrantes. Estaba extasiado sobre un rayo de luz que lo llevaba mecido y reposado, hacia quien sabe donde.
Mientras más avanzaba, mayor era la fascinación y ningún temor o precaución se le hacia posible o necesario. ¿Cuántas veces nos hemos entregado fascinados por una luz poderosa ¿
Nadaba raudo y a ratos furibundo. Sentía una tibiedad desconocida y deliciosa, que acariciaba sus escamas. Tras aquel techo siempre en movimiento vio figuras maravillosas deslizándose. Acaso hay más aun sobre este cielo que nos cobija, se preguntó.
Eran enormes, blancas y delicadas. Su corazón reventaba en el pecho como jamás antes y la pasividad de su existencia orilló un éxtasis por primera vez. Ellas tambien danzaban.
Ante sus ojos tenía el límite de su mundo, el cielo de su escenario, el prohibido deslinde del hogar de los cuerpos muertos. Y si tenía que morir para ver aquellas bellas bailarinas lo haría. Más que lo insospechado era aquello que ahora avistaba lo que le lanzaba hacia arriba.
No pensó en el dolor y sin pausa alguna se estrelló contra el muro que lo contenía en el mundo de lo conocido, lo seguro, lo real.
Éste se abrió sin aspavientos y por un segundo el pez quedó enceguecido por mil destellos. Con el último esfuerzo miró más arriba aun y vio la gloria de aquellas bailarinas envueltas en velos blancos.
En miles de formas, las diosas de la danza representaban el espectáculo supremo ante sus ojos. Colores jamás vistos por otro de su especie se le antojaron caricias de dioses aun más superiores que las iluminaban.
Tal cual ellos eran tocados por esos tímidos haces que se colaban hasta su antiguo mundo.
El antiguo mundo. Apenas un segundo había quedado atrás y ya le parecía ajeno, perdido, trágico y frío…, jamás volvería. Nunca abandonaría este escenario supremo.
Entonces sintió un vacío en rededor. Un segundo de perplejidad y luego una fuerza insoslayable que le jalaba de vuelta. Cayó aun más rápido y fue devorado por el cielo que antes se abriera para acogerlo.
“No, no, no…, mil veces no quiero volver”. Angustiado caía y gritaba desesperado.
“Allá estaba perdido, dormido, confundido. Esto es lo real. Lo único que quiero”.
“Que me pasa que no tengo fuerzas para sostenerme… este frío horrendo que nunca antes comprendí atraviesa mi piel…” y fue todo oscuridad nuevamente.
Al reaccionar sus aturdidos sentidos tras tamaña epopeya, que en segundos trastonó su vida, estuvo rodeado de millones de ojos iguales que lo acusaban primero y lo interrogaban después.
Contó cada detalle, cada emoción y describió la magnanimidad del cielo de las diosas bailarinas. Maravillosas protectoras que recogen y les envían las caricias de aquellos dioses aun más superiores.
Cada hermano sintió fuego en sus entrañas. Las respuestas estaban al alcance de sus fuerzas y sus vidas. No hay muerte en aquello sino vida. Vida gloriosa como espectadores talvez aprendices.
Oh! Suficiente sería estar en rededor de aquella fascinante imagen.
Corrieron tras la ruta trazada llenos de aquel espíritu y en el despertar de las almas, millones se adhirieron, enfrentaron el inframundo y esparcieron aquel mensaje de vida celestial.
Desde entonces, estos peces se lanzaron mar arriba y rompieron las aguas para besar el ruedo de los vestidos de aquellas diosas danzantes. Cada día saltaron más alto y más largo pudieron contemplar la gloria. Y de eso hicieron una razón para vivir.

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