Eutanasia, principios y problematicas en una sociedad moralmente decadente.

Mandreyna  - POLITICS & GOVERNMENT - 2306 words

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Una breve reseña de mi percepción sobre la Eutanasia.

Una breve reseña de mi percepción sobre la Eutanasia.

La eutanasia es, sin duda alguna, un tema polémico, sus implicaciones morales hacen difícil elegir una postura. Cada caso representa un escenario único, cuyas implicaciones varían de acuerdo a un sinfín de factores humanos, médicos y legales.

Se trata de vidas, y cada vida es importante, merecedora de que se evalué según las particularidades de su situación. Es fundamental que la sociedad asuma el asunto como propio, pues, realmente no es ajeno puede afectar a cualquiera y en cualquier momento.

En Venezuela es poca -cuando no es nula- la información que el ciudadano común maneja sobre la eutanasia, lo que da pie a concepciones erradas. Además, se debe tomar en cuenta el componente religioso y su alto grado de influencia en las culturas latinas. El cristianismo tiene millones de seguidores en Venezuela; aún en estos tiempos modernos la opinión de las cúpulas religiosas y el Vaticano son determinantes.

Adicionalmente, el aporte de las instituciones estatales deja mucho que desear; se requiere de un poder legislativo activo y organizaciones médicas, civiles y humanitarias que busquen la regulación y el desarrollo de la eutanasia como un gesto hacia quienes no tienen esperanzas y cuya única realidad es el dolor y la indignidad.

Los principales prejuicios sobre la eutanasia derivan de la falta de información sobre ésta, como es frecuente la ignorancia es el mayor obstáculo de la evolución ideológica. A pesar de la abundante desinformación sobre el tema la mayoría de los venezolanos no respaldan los movimientos que promueven la eutanasia.

Para establecer una opinión propia y consecuente se debe conocer con claridad de que se trata -y de que no-. Entonces, la Eutanasia es una palabra de origen griego cuyo significado etimológico es “buena muerte” (eu = bueno y thanatos = muerte). De acuerdo, con la más reciente actualización de la Real Academia Española, se define eutanasia como el uso de procedimientos que, aplicados por personal médico a pacientes desahuciados, anticipan o provocan su muerte para evitarles sufrimientos extremos. Para la Organización Mundial de la Salud son las acciones que ejerce el médico para provocar deliberadamente la muerte del paciente.

De manera más cabal podemos definir eutanasia como todos aquellos procedimientos solicitados por personas médicamente desahuciadas y ejecutados por personal capacitado que induzcan una muerte tranquila con el fin de evitar mayores sufrimientos.

El termino eutanasia aparece durante el renacimiento, es introducido por el filosofo Francis Bacon. Sin embargo desde antes existía la polémica respecto al tema. Tomas Moro en su Utopía, hace referencia a la posibilidad de acelerar la muerte en caso de dolores extremos. Hasta finales del siglo XIX en América del Sur existía la figura de Los Despenadores quienes a petición de familiares practicaban métodos para dar fin a la vida de los moribundos.

Sin embargo, Hipócrates, padre de la medicina occidental, difunde a través de su escuela una postura opuesta a la eutanasia y a cualquier procedimiento que libere al aquejado aún cuando éste la solicite: "Jamás daré a nadie una medicina mortal por mucho que me lo soliciten". (Fragmento del Juramento Hipocratico)

El principal argumento a considerar es el deseo del paciente, ya que es éste quien debe decidir sobre su vida. Este punto suele perderse en el mar de premisas morales y éticas. Esta es la llave que abre la puerta, la eutanasia puede ser legalizada en el universo entero, y puede haber enfermos desahuciados sufriendo inmersos en mil dolores, pero sí éstos por las razones que fuese deciden continuar, no hay caso. Finalmente se trata de la libertad de cada quien a decidir sobre su muerte igual que puede hacerlo sobre su vida.

Así mismo, se debe respetar el derecho a desistir cuando la vida ya no les parezca vida, sin importar cuanto dolor pueda causar a los familiares. De nada sirve retener a nuestros seres queridos si estos solamente viven en el dolor, en ocasiones postergar la partida no es más que perpetuar la agonía.

La consideración y el amor hacia quienes tristemente llegan a condiciones de desesperanza bajo las riendas del padecimiento, nos debe obligar a escuchar, respetar y defender su resolución más allá de nuestras propias opiniones y emociones.

Discutir un asunto tan delicado requiere de reglas del juego claras, por ello es necesario plantear dos requisitos indispensables: primero, el paciente debe estar desahuciado y/o tener una condición médica que le impida vivir dignamente por el tiempo que le reste. En segundo lugar, el paciente debe indicar explícitamente y por propia voluntad que desea anticipar su muerte a través de procedimientos médicos.

Vivir dignamente puede representar cosas distintas para cada ser en el mundo, pero se podría convenir en que una vida es vivible cuando el dolor no represente una constante y existe conformidad con lo que nuestro cuerpo nos permite hacer dentro de las limitantes de una enfermedad. La vida debe ser gozosa para el alma, no una letanía de sufrimiento.

Enfermedades como el Alzheimer, el Parkinson o la Esclerosis Múltiple que reducen paulatinamente las capacidades físicas y/o mentales para finalmente llevar al individuo a la muerte, podrían considerarse como insuficientes para exigir la eutanasia pero la vida puede perder sentido cuando no se cuenta con la libertad y la autonomía de actuar y elegir por nosotros mismos.

El nivel de complejidad aumenta en aquellos casos donde los pacientes en estado vegetativo quedan despojados de su albedrío, lo que deja la decisión en manos de la familia, quienes aferrados a la esperanza pueden pasar años manteniendo la vida. Numerosas veces la espera es premiada con la recuperación -casi milagrosa- de la persona, lo cual hace mas complicado tomar una decisión, sobre todo si no se conoce la voluntad del afectado.

Este fue el caso de una joven italiana de 19 años, quien tras sufrir un accidente quedo en coma por 17 años. Su cuerpo realizaba todos los procesos biológicos por si solo pero ella yacía inconsciente en una cama, incapaz de ir al trabajo o de tan siquiera alimentarse, incapaz de existir en la acepción mas amplia del verbo vivir.

En Italia la eutanasia no es legal, el padre de Eulana, la joven italiana, trabajo fuertemente hasta lograr que el senado de ese país acordase debatir sobre desconectarla de la maquina que la mantenía con vida. Eulana falleció el día en el que el senado emitiría su decisión.
Este caso avivó las discusiones sobre la eutanasia a lo largo del mundo, sin embargo tras la repentina muerte de la joven, todo quedó nuevamente en el baúl de los tabúes e Italia continua sin marco legal que ampare un próximo caso.

Otro antecedente similar, una mujer norteamericana en estado vegetativo que fue desconectada, a petición de su marido, de la sonda que la alimentaba falleciendo varios días después. Desde la perspectiva humanista, es comprensible la intención de dar fin a la vida bajo estas condiciones pero es reprochable dejarla morir de inanición y deshidratación: el fin no justifica los medios.

Esto le otorga una doble cara a la eutanasia, al alegar ser una acción compasiva pero ejecutándose de maneras poco misericordiosas. Autoridades, médicos y familiares prefieren dejar fallecer por falta de atenciones en lugar de inducir directamente la muerte, sólo para apaciguar el peso de su consciencia y evitar los señalamientos públicos.

La eutanasia puede ser directa o indirecta. La primera adelanta la muerte del paciente, ya sea induciéndola (activa) o dejando de suministrar algún tratamiento (pasiva). La eutanasia Indirecta se basa en aplicar procedimientos cuyos efectos secundarios son la muerte. Por otra parte, el suicidio asistido consiste en proporcionar de manera consciente los medios o la información necesaria al enfermo para que éste provoque su propia muerte.

En todo caso, los movimientos a favor de la eutanasia promueven el concepto de “muerte digna” que se entiende como una muerte en buenas condiciones, con el menor dolor posible y con las molestias aliviadas. Sin embargo, el concepto de eutanasia necesita ser revisado y unificado; ya que en busca de aceptación se le ha tratado de dar definiciones sutiles pero hay que dejar los rodeos y entender que la eutanasia representa muerte pero consecuentemente el fin de la agonía y la liberación del alma.

En países como Holanda y Bélgica la eutanasia es permitida bajo un elaborado marco legal que delimita parámetros en los cuales puede aplicarse. En otros como Francia y Dinamarca permiten la eutanasia indirecta, y en el estado de Oregon (EEUU) se legalizó el suicidio asistido. Todos estos términos hablan, aparentemente, de distintos tipos de eutanasia, pero realmente todos buscan el mismo fin usando medios más o menos misericordiosos.

Contrarios a la eutanasia se encuentran principalmente grupos religiosos como el católico y el hinduista. El culto budista de manera oficial se opone pero ha dejado entrever que en ciertas circunstancias puede considerarse como un acto de compasión.

Desde el punto de vista cristiano, la eutanasia atenta contra la voluntad de Dios, para ellos Dios da la vida y solo él puede quitarla. Este argumento pierde validez ante el sinfín de procedimientos médicos que son aplicados diariamente para evitar la muerte y así alargar la vida contradiciendo la voluntad de Dios. Esto establece que las intervenciones médicas son buenas o malas según la conveniencia, lo que representa una posición hipócrita por parte de la iglesia. Para los más fervorosos, los pacientes deben afrontar el dolor con fe, y entenderlo como una oportunidad para redimirse y así llegar al omnipotente.

Paralelamente, los defensores de la eutanasia la consideran como un último gesto de misericordia hacia el prójimo. Y ciertamente, es inhumano el sufrimiento al cual muchas enfermedades someten a veces a las personas, pero cuando se trata de un ser querido no es tan fácil. Es egoísta, pero preferimos un millón de veces tenerle allí, sufriendo, antes de perderle. Y es sumamente comprensible, ¡pero no deja de ser cruel! Es el temor a la muerte, el no saber que hay después, la incertidumbre del más allá. Podemos estar a favor, en contra o ser indiferentes pero no tenemos ni idea de lo que es hasta que nos toca vivirlo ya sea como paciente o como familiar.

Los sectores a favor de la eutanasia son idealista, creyentes de algo que es casi imposible aplicar tal cual ellos lo conciben. Dejando de lado la parte legal, hay problemas de forma. No hay quien decida cual es el mejor modo de suministrar la muerte, básicamente nadie quiere asumir la responsabilidad de una decisión de tal. Esto en gran medida es lo que ha derivado tantas concepciones de eutanasia.

Holanda fue el primer país en legalizar la eutanasia en el año 2002, pero los resultados desde entonces no son los esperados, sucedió lo inevitable: el sistema se corrompió. Cuando el parlamento holandés aprobó la legalización dispuso de cargos públicos encargados de consentir o negar las solicitudes de eutanasia a través de los canales establecidos. La eutanasia holandesa debería ser un proceso pulcro de apoyo para quienes lo necesitan.

Lamentablemente, se los medios locales han reseñado historias de familiares que solicitan la “muerte digna” para ancianos, que no califican para ésta, y se la conceden, como si ser de la tercera edad es una enfermedad. Otra irregularidad viene dada por personas suicidas, que usando rutas ilegales y de corrupción intentan, en ocasiones con éxito, obtener ayuda para suicidarse legalmente aun cuando no padecen ninguna condición médica que les impida vivir de manera digna. Esto representa un problema social, que refleja lo mal encaminada que va la humanidad, y que se repite en todos los lugares donde se permite alguna de las modalidades de eutanasia.

La falta de valores es evidente. Tanto en familiares inescrupulosos, capaces de hacer todo lo que este a su alcance para conseguir el consentimiento legal que les permita terminar con la vida de quien por razones egoístas les estorba. Y que literalmente asesinan con la ayuda, o indiferencia, de médicos y funcionarios que deberían velar por las necesidades del paciente, pero prefieren venderse y convertirse en cómplices asalariados; dando la espalda a la ética profesional y a la decencia humana.

En los últimos años, las cifras de eutanasias practicadas anualmente han descendido, los gobiernos presumen que se debe a que los afectados prefieren agotar los beneficios de los cuidados paliativos antes de recurrir a la eutanasia; pero grupos civiles y movimientos por la vida afirman que han incrementado los casos donde los médicos omiten las formalidades del proceso para evadir cualquier tipo de investigación que pudiera derivarse.

Ante las experiencias de estos pioneros en la legitimación de la eutanasia, no queda sino la duda sobre la vialidad de ésta. Es un planteamiento muy idealista que supone integridad por parte de los involucrados; y mucha valentía y bondad de familiares. La principal objeción a la eutanasia, no es la medida en sí. Es la incapacidad social para aplicarla concienzudamente, es el riesgo que supone someter este tipo de procedimientos a la consciencia de quienes hoy poblamos el mundo.

Se necesitan cambiar muchas cosas antes de legalizarla. Hace falta redefinir los conceptos y unificarlos en una acepción clara, bondadosa y valiente. Que se opere en función del paciente y no de la consciencia de familiares y médicos. Pero fundamentalmente es necesario, para esto y para muchas otras cosas, una profunda campaña moral y ética que reenfoquen nuestra moralidad.

Es preciso que los organismos competentes, tanto nacionales como internacionales, incluyan el tema en sus agendas y que fomenten el debate entre los ciudadanos, preparando el terreno para un futuro próximo en el que se pueda delimitar un marco legal que beneficie a enfermos terminales y pacientes desahuciados sin lagunas legales en los que puedan ampararse suicidas y/o homicidas. La eutanasia no tiene relación con ninguno de estos dos actos.

Finalmente, todo depende de nosotros, es momento de informarnos y reflexionar; y ya sea que nuestra postura sea a favor o en contra, buscar los valores y principios que fomentan la misericordia, el respeto por la vida y las decisiones del prójimo.

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