El Regreso

peregrino  - ROMANCE - 670 words

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Summary

Nunca digas nunca...

Nunca digas nunca...

El regreso…

Corrían los años en que los diplomas de adultos para los varones venían con formato de pantalones largos. Cuando el potrero era el lugar de encuentro para hacer picados hasta agotarse y luego, volver a casa con las piernas al hombro; para devorar la sopa caliente y hacer la siesta reparadora.
El, recién se había mudado al barrio. Ella, había nacido allí. Se estudiaron y miraron con recelo por largo tiempo; luego; siendo vecinos, terminaron por compartir largos encuentros de juegos sin sentido pero con el necesario ingrediente de la diversión y la compañía. De esos, tipos del Doctor y la Doctora, con la más pura candidez e inocencia propias de la edad. Tiempo después, ella le confesaría que, al principio, lo había odiado. El motivo, muy simple: había venido a ocupar el terreno por el que hacía la diagonal para hacer los mandados. ¡Ahora tenía que dar toda la vuelta a la esquina cada vez que su madre la mandaba al almacén…! Una molestia tan infantil como su edad.
Oscar nunca se atrevió a confesarle que él no la miraba con simpatía. Tenía otros motivos: sus pecas, los cachetones, sus piernas gordotas y ese comportamiento entre lo terrible y lo varonil que la habían descalificado para otra cosa que no fuera el compartir esos momentos. ¡Si había que verla escalando el portón de alambre! Paso a paso, con sus pequeños pies insertados en la malla hasta superar los dos metros para transponerlo y salir sin permiso de sus padres…! No solo era cuestión de belleza, tampoco estaba preparado para descubrirla mucho más allá de la apariencia física. Eran esa mezcla de actitud arremetedora o el escucharla hablar el idioma natal con su “babushka”
Más tarde, cuando supo que los padres de Olguita, como el la llamaba; habían comprado una hostería en Tanti sintió la contradicción de tantas sensaciones encontradas. Allí donde hubo ruido, se hizo el silencio. Inconscientemente salía a la vereda y miraba el portón esperando verla aparecer trepada, a un paso de superar el extremo superior… El tiempo pudo más. Cinco años después solo era un tierno recuerdo de su infancia.
Una cálida y soleada mañana de otoño, luego de sacudir su modorra, se asomó por la ventana. No podía creer lo que estaba viendo…Una hermosa silueta se desplazaba, como dibujando su trayectoria, hacía la casa de Marta; la vecina de enfrente. Largo cabello rubio al viento, cintura estilizada, erguida y acompasando con sus dos brazos el ritmo de su cadera… Piernas perfectas, minifalda atrevida. Observó un abrazo, un dialogo, un giro sobre sus pasos y el cruce de la calle hacía su casa…Al abrir la puerta enmudeció ante el brillo de esos dos ojos azules resaltados por pequeños tintes rozas sobre su mejillas y todo coronado por esa cabellera que brillaba con el reflejo del sol, como iluminando el encuentro…
Sus labios se entreabrieron mostrando una sonrisa coronada por perfectos marfiles blancos, a modo de susurro y entre mil violines surgió una frase que le sonó melodiosa y lo aturdió al mismo tiempo:
-Hola, soy Olguita, ¿te acordás de mí…..?
Sacudido, se respondió a si mismo: ¡Que pregunta……..!!! ¡¿Y, ¡claro, cómo no me voy a acordar de … Olguita, aquella princesita rusa…??!!!



Peregrino

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Comments

Muy tierno, como siempre brillante tu descripción de la princesa rusa.
2011-04-26 06:39:56