¡Bingo...!
peregrino - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 816 words
- 108
- 3
- 0
- 0
Summary
Un tío, una deuda y una coincidencia inesperada...!
Bingo
Cada vez que tenía que llevar a su tío al Bingo su mente generaba la serie más profusa y creativa de insultos, no era capaz de emitirlos, los apilaba en su mente que ya parecía a punto de estallar.
Simplemente, se preguntaba si por el simple hecho de que le haya prestado el dinero para comprar la camioneta que le permitía trabajar tendría que trasladarlo gratis cada vez que se lo pidiera… Hasta el pueblo el viaje tenia una distancia aproximada de veinticinco kilómetros que a el le rendiría como medio día de trabajo, claro, si lo cobrara… Algún día, pensaba en silencio, cuando comenzara a devolverle el dinero; tendría que descontar también la cantidad de traslados que le había hecho…
¡En fin!, se justificaba exhalando un profundo suspiro; si no hubiera sido por el auxilio del tío no hubiera podido encontrar una ocupación. Su pasado carcelario lo condenaba.
Anciano y adinerado eran las dos condiciones que lo consolaban. Sabía que siendo él el único heredero, algún día dejaría de trabajar. Mientras tanto, soportaba estoicamente que lo convocara una o dos veces por semana y que lo hiciera esperar en la puerta hasta que decidiera volver. Lo había hecho tantas veces que ya había empezado a reconocer cuando le había ido bien: volvía más erguido y se desplazaba más rápido; la comisura derecha del labio se modificaba tendiendo a simular una sonrisa contenida. El bastón, más que un soporte, era un ariete que acompasaba su oculto festejo. Últimamente estas características se repetían más frecuentemente, con lo cual Adrián, calculaba que su potencial herencia iría en aumento. Ernesto vivía sólo y miserablemente. ¡Hasta cultivaba su propia quinta para no gastar en verduras…!
La posibilidad de una actividad extra, lo hicieron generar una expectativa alentadora. Esta surgió cuando sus compañeros de boliche le propusieron una changa interesante: Habían alquilado un local en pleno centro en el que instalarían un locutorio. Harían unas reformas, dijeron; y para no pagar un contenedor o tener que hacer engorrosos trámites municipales le pidieron que les trasladara los restos hasta algún descampado. Le ofrecieron tarifa doble por que lo tendrían que hacer el fin de semana de año nuevo.
Así lo hizo. Entusiasmado, ayudo a sus compañeros a cargar pesadas bolsas. Se la dejaban apiladas al lado de la cortina metálica, el las llevaba hasta las afueras de la ciudad y las arrojaba en el basural. Iba anotando la cantidad de viajes, los multiplicaba por dos y calculaba que con esta extra podría empezar a devolverle el dinero a Ernesto. Terminó exhausto y al finalizar la tarea cobró lo estipulado y ¡algunos pesos de propina…!
Fue a su casa, se duchó y salió a festejar con algunos tragos. Luego quiso agradecerles a sus amigos, pero no los encontró. Claro, ellos también estarían cansados, pensó, y al otro día tendrían que abrir el negocio…
El lunes se levantó temprano para trabajar, esperando poder finalizar el día para pasar por lo de su tío y sorprenderlo… Así lo hizo. Tocó bocina esperando que se asomara…Después de insistir bajó, desplazó el pasador de la antigua puerta de hierro; apretó fuerte los dientes para que el chirrido no lo hiciera estremecer. Acarició al viejo Negro que lo recibió lloroso e inquieto con la cola baja…, al levantar la vista vio a Ernesto tirado en el piso… El perro iba y venía. Aullaba y ladraba y él no sabía que hacer, sólo atinó a tocarlo; lo sintió frío y rígido…
Estaba aturdido por el volumen del televisor y los ladridos…dirigió su brazo hacía el aparato para apagarlo cuando vio la noticia: Habían ingresado a las cajas de seguridad del Banco Binex haciendo un túnel a través de un comercio contiguo… No tardó demasiado en comprender lo que había sucedido…
Su experiencia le indicaba que tendría que “guardarse” por un tiempo. Revisó todos los rincones de la casa en busca del tesoro escondido. Sentía que ahora le pertenecía y que lo ayudaría a superar este trance; lo precisaba más que nunca. Al borde de la desesperación, encontró en un frasco de especias una llave con un cartelito con una leyenda borrosa que le costó interpretar. Hasta que, al fin, pudo leer: “llave caja de seguridad Bco. Binex” …
Mientras procuraba sacudirse el aturdimiento y ver hacía donde huía en busca de anonimato, una palabra comenzaba a retumbar en su mente y lo continuaría haciendo: …¡¡¡¡¡¡¡ Bingo!!!!!!…
Peregrino

1






