Es inminente...

Archie  - PLAYS, PLAYSCRIPTS - 1523 words

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Summary

dfghjkl

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Espero que estés bien. Porque yo te necesito.-
Nunca me va a pasar algo tan malo como para perder la vida, esto es sencillo, todo va a pasar…-. Ella estaba recostada en esas camillas blancas que olían a muerte, y su pecho estaba pálido, su cara también…tenía los ojos entreabiertos, y tosía un poco, sólo un poco…tenía el cabello del color del viento, algo claro, no tanto. Le agarraba la mano a su hija que por poco le caían lágrimas de esos ojos del cielo.-De verdad que no falta mucho para que vaya a casa otra vez, no te preocupes. Es fácil esto, es pasar unas pruebas mi amor-tosía y volvía a replicarle- no pasa nada…-. Entonces cerró los ojos y volteó la cabeza hacia la izquierda, y luego abrió los ojos mirando por esa ventana donde estaba el sol y el cielo, había nubes con formas, casi amorfas. Ella veía aviones dibujados e hijas que perdían sus madres. El cielo era siempre una ventana prodigiosa, como invitándote a descubrir algunas maravillas.
El cielo es calmo, parece rugoso… ¿Lo has visto? Me gustan esa formitas de osos y elefantes; son divertidas… ahí, ¿las ves?- y entonces señaló con su índice, una masa amorfa sin fin, parecía un tenedor. – Es bonita, sí, ya tengo hambre…aquí no dan mucho que comer, pero es lo que sugiere el médico, algo de precaución en los alimentos. ¿Qué hora es ya? – 11:37 mamá.- Ah, perfecto… ¿No hay cosas que tenés que hacer? – Creo, ya veo… bueno… en realidad no me gusta dejarte sola, ya van varios días… a veces me preocupo mucho, pero por suerte el abuelo siempre me pasa a buscar, y me lleva del hospital a casa y de casa a la escuela, y cosas así. Es bueno, porque papá está ocupado. Estoy esperando a que me busque, creo que iba a pasar cerca de las 12:00. –Ah, está bien. ¿Cómo está él?- Bien, a veces tose un poquito. Pero está bien… aunque me duelen sus canas, es como que cada cana cuenta esos años que pasan. Yo lo amo. Lo extrañaría.- sí, papá siempre fue así…-. Se reclinó y miró a su hija a los ojos, entonces mirándole una lagrimita que corría apresurada, como para escapar de un pañuelo, le besó la frente. – Mi amor, todo va a estar bien…-. Mamá, yo te amo. El tiempo pasa lento… y me duele todo esto, no me imagino las cosas sin vos. –Yo estoy acá, pero vuelvo en unos días…todavía no saben bien que tengo. No te preocupés.- Entonces su hija la abrazó y atendió el celular que sonaba en su bolsillo derecho.- ¿Abuelo?, sí ya salgo… esperá que me despedía de mamá. Dame un segundo-guardó el aparato y miró a los ojos a su madre- mamá, espero tenerte aquí cuando vuelva mañana. Te amo. – Hija, no te preocupés… que estés bien, te amo-
Ella salió de la habitación, miró las paredes verdes, y siguió el caminito del piso blanco. Se dirigía hacia el ascensor. Tocó el numero 0. Planta baja, decía en su mente. Se abrió la puerta, y entró un hombre vestido de blanco, parecía ser médico también. Un tal ‘Dr. Augusto Sierra’. La miró con ojos agraviantes, llevaba lentes con marco blanco, unos Ralph. Ella se acordó de su amigo Eduardo, él siempre llevaba lentes blancos. Se despabiló del tal Augusto, y lo miró con una sonrisa, sus dientes eran blancos, los cuidaba. Se abrió la puerta y saludó a la recepcionista. Casi estaba corriendo. Y atravesó la puerta de vidrio. Ahí estaba el abuelo montado en un auto de autentico gusto, tenía muchas canas, muchas…ojos del cielo también, como su hija, y toneladas de alegría en su sonrisa y en su cuerpo. Le dijo con un tono bastante natural – ¡Hola nena!, ¿cómo está tu mamá?-. Ella subió al coche.- Está bien, hoy creo que está mejor que la semana pasada…me dijo que va a volver pronto. Se la ve feliz, está afrontando algo duro. Nada más. No me quiero preocupar mucho -. Y sí, está bien…quizás si te preocupás mucho, aventurás lo que creés que va a pasar. Así que, mejor no te aflijas....- ella sonrió, lo miró y le dio un beso en la mejilla, él tenía los brazos en el volante y los quitó para abrazarla.
Condujeron largo rato, llegaron a su casa. Era una casa esbelta, había un portón negro en la entrada, muros de piedra, y detrás de los muros su casa. Era bonita, sí… tenía una cochera y su abuelo vivía en frente de su casa. Era genial, entonces ella siempre lo disfrutaba. El abuelo aparcó el auto junto al portón y la besó en la frente –nena, todo va a estar bien, tu mamá te ama. No le va a pasar nada, ella sabe que las cosas no pueden terminar…-sí, es verdad… pero bueno… a veces me preocupo, ¿sabés? Porque aparte, bueno… papá no está en casa nunca, y yo la quiero a ella, por más que se ponga histérica cuando no le gusta algo.- Bueno nena, creo que tu abuela está en casa, ¿no? Bueno. Mirá, ahora vas a bajar, y te vas a acostar, ¿okay? Y te vas a sentir bien. –Gracias, te amo abuelo.- Adiós nena – y con una leve sonrisa, la despidió. Ella cerró la puerta del coche con cuidado, porque su abuelo se enojaba cuando golpeaba fuerte esa puerta. Ella siguió con la mirada el coche. Tocó el timbre de su casa y esperó a que salga su abuela. – ¡Nena!-. La tierna mujer se acercó y abrió la puerta; abrazó a su nieta. Y la llevó de la mano, entraron en la casa, y su abuela la miró afligida. ¿Estás bien? No te sientas mal por tu mamá…ella sabe cuidarse bien. No es nada. Andá a recostarte, en un ratito está la comida…- subió las escaleras de madera y pasó directo a su habitación. Se despabiló de toda la ropa, y se recostó bien miró su almohada. Hacía rato que no dormía bien. Al rato la abuela la despertó. Comieron eso que a ella siempre le gustaba, nada de verduras, porque las odiaba. Su abuela sabía bien lo que hacía.
El viernes cuando despertó tenía que ir a ver a su mamá a la tarde. Cuando bajaba las escaleras escuchaba conversaciones un poco tristes… no entendía. Sigilosamente bajó, evitando el ruido. Y escuchó: -Ché, creo que…Mónica está mal…José, ¿Qué le vamos a decir a la nena? Ella se va a poner muy mal… la nena ama a Mónica, la ama mucho. Pero bueno, la vida es así… el tiempo siempre hace todo eso… es así. Por suerte Leonardo está en el hospital ahora –Sí, pero… bueno… esta tarde tiene que ir ella al hospital, tiene que ir… cuando se despierte la llevo. – El abuelo José miró por sobre el hombro de la Abuela Cristina y miró a su nieta, ya estaba vestida…algo casual. Tenía cabello oscuro, tanto como esas noches de invierno y los ojos hermosos, casi como la miel. La piel era tersa, suave, tibia…era cándida, hermosa. Tenía esas facciones que sólo tienen las más hermosas, y unos labios del carmín suave y armonioso. La figura le acompañaba siempre, era un transeúnte jovial. El Abuelo José vio en la mirada de su nieta esa desolación, esa tristeza opaca…la miró un poco más profundo y Victoria lo abrazó, y después abrazó a su Abuela Cristina. –Nena, ¿Escuchaste todo? Perdón nena… no te tendría que mentir…- Silenciosamente ella caminó hacia la puerta…su abuela le pidió que desayunara y ella negó con la cabeza. El Abuelo José caminó triste detrás de su nieta, agarró la llave de su auto y salió de la casa detrás de ella. Subieron al auto, y hubo un silencio de esos que duran eternidades. Cruzando ya el bulevar, su abuelo miraba esas gotas de tristeza correr por esa piel blanca. Cuando llegaron al hospital su abuelo la animó, le dijo que su mamá estaba bien y que su papá estaba con ella. Pasaron por la puerta de cristal, saludaron a la recepcionista-ya los conocía- y subieron por el ascensor. El Dr. Augusto estaba en su oficina, y la Dr. Cecilia Maciel, parecía estar ocupada. El hospital tenía un olor suave, como de vida…algo así como muerte combinada con el fruto de las despedidas...
Bajaron en el piso 4, caminaron por los pasillos verdes. La puerta 321 estaba entreabierta. Venía unos pies que se juntaban y se dirigían a la puerta. Era Leonardo. Ella abrazó a su papá…y su papá lo miró con ojos tiernos. Ya sabían todo aquello.
Se despertó con lagañas en los ojos, con Eduardo a su lado, no entendía mucho. Entonces cerró los ojos…y cuando los cerró y entonces se durmió.
Cuando despertó estaba en su casa… corrió apresurada, muy apresurada… bajó las escaleras, y miró en la cocina, ahí estaba ella… su mamá, su única esperanza en la vida, la que le ofrecía cuidado y armonía. La abrazó y la besó mucho. Su mamá se impacto, y le dijo – ¿Estás bien?- Sí, muy bien… mamá te amo… no me dejés.-

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