El Pulpo y el Tiburón

Hernan A. Calvo  - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 2807 words

  • 160
  • 1
  • 4
  • 0

Summary

Una persona que estaba convencido que conocía a otra persona pero se da cuenta que no sabia nada de ella.

Una persona que estaba convencido que conocía a otra persona pero se da cuenta que no sabia nada de ella.

EL PULPO Y EL TIBURON

Invité a Laura, una compañera de trabajo, a una confitería a tomar algo, debido a que ya habíamos terminado nuestro horario laboral, pero teníamos que quedarnos a una reunión de urgencia con el gerente.
Este venía en viaje hacia la empresa, pero no llegaría hasta dentro de dos horas.
La confitería, buena idea, nos venía bien, así nos despejábamos un poco del ajetreo de todo el día en la oficina.
Eran las seis y diez de la tarde, teníamos que esperar dos horas, fue cuando nos sentamos en el boliche, en la única mesa vacía.
Estaba contra la pared, la que tenía un espejo grande (dónde uno podía ver bien de cerca, como le pasaron los años), eran dos mesas unidas, por suerte nos ubicamos bien cómodos.
Llamé al mozo y tal cuál convinimos con ella, le pedí dos cafés cargados con leche y medialunas de manteca.
Mientras esperábamos el pedido le dije: Laura te diste cuenta que somos compañeros desde hace más de veinte años y es la primera vez que nos encontramos juntos en un lugar distinto, a la oficina!.
- Tenemos que festejarlo!.
Se sonrío y me contestó que el culpable era yo, por no haberla invitado nunca antes a ningún lado, que siempre hubiera estado dispuesta a una invitación mía.
Me reí y le pregunté: - ¿Qué tal si hago el papel de psicólogo en una sesión que tendrá que durar dos horas, hasta la reunión y mientras me haces conocer tu vida, de la cuál nunca supe nada de nada?.
Me contestó: - Mejor cuéntame sobre la tuya, seguro va a ser más movidita, con tu esposa y su trabajo de profesora, las historias que tendrá de sus alumnos y tus hijos, pasando las etapas y experiencias del estudio y del crecimiento.
Me imagino las cenas en tu casa, con toda la familia reunida contando cada uno situaciones, historias o anécdotas todos los días!.
Ustedes sí, tienen vida de verdad!...
Por favor señorita, le exprese: - No se pierda tratando de evadirse o tocar otros temas, la sesión ya ha comenzado!.
La escucho!.
Me contestó: - Carlos, te conozco hace tantos años, eres un buen tipo y también excelente compañero de trabajo, como estoy segura lo serás como marido y padre de familia.
Te hago saber con honestidad, que cuando llegamos a la confitería y comenzaste a hablarme, creí que ibas a hacerme una propuesta amorosa.
Cuando iniciaste la conversación, al principio quede fría y te pido perdón, pero estoy tan desacostumbrada a estar con algún espécimen del sexo opuesto, que para mí una simple mirada de un hombre, es una película de amor de por lo menos tres horas.
- Por favor señorita no mezcle una cosa con otra, está en sesión, comience de una vez, que se nos va el tiempo!.
- Le repito el tema es darme a conocer toda su vida!.
Por fin empezó: - Tenía tres años y me seguía haciendo pis en la cama, ya más de una vez, cuando mamá se levantaba con los cables pelados, me daba un chirlo en la cola, la miraba y se me escapaban algunas lagrimas, ella con su mirada dura como siempre.
Me decía: - Mocosa sucia y malcriada!.
Por fin superé lo del pis en la cama, no hubo más chirlos.
A los seis años entré a la escuela primaria. Desde que nací había vivido encerrada, en casa sola, sin hermanos ni amiguitos del barrio, solo con algunas muñecas y otros juegos.
Las únicas salidas de ese tiempo eran a lo de mi abuela, que vivía con mi tía, la hermana mayor de mi madre.
El primer día de clases, lo recuerdo, ni bien me dejó mamá en la puerta de la escuela, mi maestra me tomo de la mano.
¡ Seguro me vió con pánico!.
Ingresamos al colegio, una multitud de gritos, peleas y llantos en las galerías, en el salón un poco más tranquilo.
Pero no mucho!.
Al poco tiempo se empezaron a formar grupos y yo fui quedando relegada al de las tontitas, que ni estábamos juntas, éramos hongos dispersos por el grado.
En realidad seríamos muy tontas porque ninguna de las dejadas de lado se juntaba con otra, en su misma situación.
Pasó toda la primaria y no cambio en nada la relación con los compañeros y las compañeras, siempre seguíamos aisladas, las tontitas de siempre.
Era muy estudiosa y en el último año hasta fui escolta de la bandera; para mamá, como si nada, papá en aquel momento, contento.
Por fin la secundaria, pensé que cambiaría mi situación, pero no, mi cuerpo cambió, mi primer período, el descubrimiento de un cuerpo nuevo, pero no tomó la forma que le interesaba a los hombres (era más bien delgaducha).
Para colmo la ropa que usaba era bien a la antigua, que por supuesto elegía mi madre diciéndome que una chica decente debía usar ese tipo de vestimenta.
Nunca le discutía nada, ni yo ni papá, que siempre complacía lo que ella hacía o decía; más de una vez pensé que le tenía miedo.
Las demás compañeras mostrando las piernas y todas escotadas, yo me veía como una monjita, muchas se reían de mí.
Hasta llegué a creer que los compañeros me tomaban como otro macho más, contaban o decían lo que harían con tal o cual compañera o con alguna de otra división, con total descaro y delante de mí.
La verdad es que me sentía totalmente disminuida y hasta diría, me creía un ser asexuado, que tampoco compartía nada con mis compañeras.
Eran peor que los varones y contaban con lujo de detalles las cosas que hacían con muchachos, la mayoría como diversión o quitarse la calentura.
De terror!.
Cuando estábamos por terminar quinto año me ilusioné pensando en el viaje de egresados a Bariloche, pensando en mi fuero interno, que me soltaría tomando bebidas (es lo que se hace en dichos viajes) o al menos lo intentaría.
Cuando llegó el momento de concretar dicho viaje, no se propusieron ni profesores, ni preceptores, ni familiares de nadie que nos acompañe y se haga cargo del contingente.
La decisión fue ir solos, pase lo que pase!.
Mi madre, lógicamente, pensaba distinto, intenté convencerla pero su negativa fue terminante y fue un ¡NO TREMENDO!!!..
Desde ya, apoyado por el silencio de mi padre!.
Tres, dos testigos de Jehová y yo, no fuimos, nuestros padres nos prohibieron el viaje, los demás fueron todos.
Igual fuimos a despedirlos, como también a recibirlos a su regreso.
Cuando se calmó lo del viaje, seguí como atontada hasta que terminamos la secundaria, mientras todos los demás, hasta que finalizo el año, contaban anécdotas que pasaron en el viaje.
Me consideraba la abanderada, si, pero de la mujer idiota.
Terminada la secundaria comencé a estudiar Psicología, que creí era mí vocación.
En la facultad, cada uno hacia la suya, mucho individualismo, terminadas las cátedras algunos seguían en otras materias y muchos se retiraban a sus trabajos u otros compromisos.
Mucha gente grande, con trabajos importantes, concurrían a la facultad a la que la tomaban como un hobbie o una válvula de escape, otros casados con hijos la venían llevando de a poco, pensando en un futuro mejor.
Recién en segundo año, conocí mi primer amor.
Luis, que comenzó ofreciéndome unos apuntes, luego me pidió otros, comenzaron las invitaciones a tomar café, hasta que me declaró su amor, recuerdo que me puse roja como un tomate, sonreí y me dió un beso en los labios, lo que hizo que entre en un sueño tierno, que creía, nunca iba a tener en mí vida.
Aceleró mucho las cosas e intentó que tengamos relaciones, yo por nada del mundo le permití llegar a tanto.
Yo sentía mucho amor por él, pero no estaba preparada para eso y él no quiso esperar y sin más cortó nuestra relación.
Me sentí deprimida y cada vez que iba a clases lo veía.
Lo llegué a odiar.
El ya no se interesó más en mí.
Al poco tiempo ya tenía un nuevo amorío con otra compañera, se notaba bien ligerita.
Luego pasé mucho tiempo con bajones y sufriendo, hasta que conocí a un hombre de verdad!.
Gustavo, bastante mayor que yo, pero sin compromisos, su vida era su trabajo y en segundo lugar los estudios.
Un tipo simple, buen compañero, ya hacia tres años que nos veíamos en distintas materias, hasta que nos fuimos haciendo amigos.
Primero un café, luego una caminatas, unos almuerzos y nunca ninguna proposición de nada.
Hasta que llegó el día que decidí invitarlo a cenar a casa.
Cuando se lo propuse a mi madre, por poco me mata y eso que yo, en ese tiempo ya tenía veintitrés años, ella busco mil excusas para negarse.
La primera semana buscó un pretexto y no pudo ser, la segunda tampoco, recién la cuarta y como si tuviera algo atravesado en la garganta, por fin aceptó que lo invite.
Cuando lo vió estuvo a punto de no dejarlo entrar, con el pretexto que era un viejo para mí, Gustavo tenía en ese momento treinta y cinco años, doce años mayor que yo.
En el mundo actual no creía que ese sea un problema, no era tanta la diferencia de edad.
Ni bien comenzamos a cenar, le buscó pelea toda la noche y una cara de culo que no podía disimular.
Mi padre, en cambio, trató de establecer una buena relación, conversaba sobre temas varios, fútbol, posibilidades de vacacionar y otros temas triviales, mientras mi madre con gestos y miradas a papá, que notábamos todos, lo quería matar.
Cortó la noche rápido diciendo que al otro día madrugábamos, yo no supe qué hacer.
Gustavo, al despedirse, me pidió que no me haga problema, que eran situaciones normales y más cuando se es única hija.
Seguimos saliendo, pero por supuesto que nunca más lo invite a casa, después de la noche que nos hizo pasar mi vieja.
Una tarde de lluvia estábamos tomando un café, me miró a los ojos y me propuso hacer el amor, en ese momento.
Me sorprendió por lo insólito de la pregunta, me quedé mirando, no contesté ni que sí, ni que no!.
Pagó el café y me tomó del brazo y me llevó sin palabras a un hotel alojamiento y con mucha delicadeza de su parte hicimos el amor, la pasé de maravillas, se me cumplió en aquel momento el sueño de lo que esperaba sería mi entrega a un hombre.
Llegué a casa un poco más tarde de lo habitual y como si lo hubiera olido, empezó a los gritos, seguro que ya estarás revolcándote con ese viejo baboso!.
La miré y le contesté: - Y si lo hiciera, qué!.
- Ya soy mayor de edad, tengo derecho a hacer lo que me plazca con mi cuerpo!.
Se acercó y me pegó tremenda bofetada, la miré con rabia y me fui a mi cuarto llorando y esa noche no cené.
Me quedé en mi pieza hasta el otro día, mientras escuchaba a la distancia otra discusión más entre ella y mi padre.
Esa noche pensé muchas cosas.
La primera tengo que hacerme respetar y valerme por mi misma, no quiero depender más de ese ser helado, que es mi progenitora.
La segunda, al menos por unos años tengo que reducir las horas de cursos y de estudios en la facultad, para darme posibilidad en ese tiempo de ganarme mi sustento, quiero, desde ahora, depender económicamente de mi misma.
La tercera, decirle a Gustavo que definamos ahora mismo lo nuestro, y la única forma sería viviendo juntos y me propuse que si no aceptaba me separaría definitivamente de él.
Al otro día ni bien lo ví, le conté lo sucedido con mi madre y le pedí que quería que vivamos juntos.
Le pareció descabellado y como evasiva dijo que casi no nos conocíamos y que debería sumarle el desprecio de mi familia hacia su persona.
Le contesté que no me importaba un rábano, mientras estemos juntos.
Cortándome, me propuso que lo deje pensar mucho, que no se veía preparado para encarar una pareja estable o una familia.
Ante tal contestación le declaré la ruptura de nuestra pareja y lo dejé solo y me fui, diciéndole: - “Cobarde”!.
Al irme caminando, me extrañó mi tranquilidad, me sentí aliviada, esta conversación, pensé, produjo sacarme un idiota de encima y me reía de mi misma, diciéndome: Con quién querías formar pareja, no sentías nada hacia él, ni tampoco te servía para nada.
Nuevamente sola y en pie de guerra contra mi madre.
Conseguí por suerte un trabajo de secretaria de un médico, todo iba bien y ya hacia un año y medio juntos, en ese período, seguía en la facultad y aprobé tres materias, hasta que me harto y decidí no estudiar más, ya no me llenaba el estudio, no era lo mío.
Al poco tiempo, Federico el médico, me comenta que había decidido ir a radicarse en Córdoba, que era donde estaba su familia y amistades, que tenía un mes más para buscarme otro trabajo.
Presenté curriculum en varias empresas y me tomaron en la nuestra y a los tres años entraste vos también, siendo jovencito y desde aquel momento me caíste muy bien y fuimos lo que somos hasta hoy, buenos compañeros.
Desde que entré en nuestra empresa se normalizó mi vida laboral y mi libertad económica, la que siguió desbordada fue mi vida amorosa. Pasaron muchos, como Javier, Alejandro, Octavio, Guillermo y sigue la lista.
Algunos me sirvieron para pasar un buen momento, otros con engaño tras engaño hasta cansarme y cortar la relación, con otros comenzaban bien las cosas, pero cuando íbamos profundizando y conociéndonos, cortábamos por tener ideales de vida muy diferentes, otros me enteraba al tiempo que eran casados y…
Mientras, me fueron pasando los años, tanto a mí como a mis padres, con los cuáles seguía viviendo.
Cuando mi padre llegó a los sesenta años, a los pocos días de su cumpleaños, lo echaron sin motivos de su trabajo, esto causó que caiga en una depresión tremenda, de la cuál no pudo salir y cada día estaba peor de salud.
Decidimos internarlo en una clínica, le hicieron todos los estudios, nos dieron varios diagnósticos como posibles tumores, problemas de coronarias y esófago.
Pasaron los días y cada vez peor, un nuevo diagnóstico posible y los estudios se hacían interminables.
Hasta que un enfermero, Gerardo, del cual me había hecho compinche, me dice, estando sola en ese momento con mi padre, que no tenía salida, que nos preparemos para lo peor.
Dos días después, eso peor se dió, falleció en paz.
Mi madre no realizó velorio ni nada, de inmediato lo hizo incinerar y nos volvimos a casa con una urna con sus restos.
- Adiós papá, te liberaste de mamá!...
Mi amistad con Gerardo el enfermero siguió. Cada tanto, nos encontrábamos a tomar un café y nos contábamos nuestras cosas.
Al tiempo de la muerte de papá, me confesó que a mi padre lo habían ayudado a morir en la clínica, porque ya no tenía salida y siempre lo hacían con todos los pacientes terminales, para evitarles el sufrimiento a ellos y a sus familiares.
Le pregunté que sistema empleaban para ayudarlos y me comentó que lo hacían con un polvito blanco muy fino, que en general lo incorporaban en el suero, el cuál actuaba hasta que cumplía su cometido y la gente se iba a mejor vida en paz, como se fue tu padre.
De inmediato me surgió una idea macabra, pero al fin, un acto de justicia y le pedí que me regale un frasquito con una cantidad de polvito blanco.
Me preguntó: - Para qué lo quieres?.
Al instante le conteste, es para mamá.
A los pocos días me entregó la botellita y comencé de a poco a incorporárselo en todos los condimentos que ella utilizaba.
En tres meses, tras su propio asesinato, la hice cremar y desde ese momento tengo las dos urnas en una repisa del living de casa.
Muchas veces me pregunté después de su muerte, qué rara es la gente, cada día se ponía más y más condimento en las comidas, mientras yo me cansaba de decirle que no le ponga tanto, que era muy fuerte.
Para contradecirme, se ponía más y más, qué gente loca…
Desde ese momento vivo sola y ahora que estoy más viejita, ya me cansé de perder el tiempo buscando noviecitos, que lo único que hacen es ilusionarte y hacerte perder el tiempo.
- Esta es mi historia doctor, no tengo dudas que aunque un poco dura, usted esperaba que le cuente toda mi verdad, ahí fue!…
Además, ya pasaron como dos horas y tenemos que ir a la reunión con el gerente. ¡Vamos se nos hace tarde doctor!.
Quedé como paralizado!.
Cuando reaccioné expresé: - Al final tu vieja era un gran pulpo que te cago la vida!.
Yo creía que tenia como compañera a una mosquita muerta y me he enterando, después de tantos años que tenias en tu familia a un pulpo gigante que acaparaba todo, pero a éste le salio un tiburón que se lo comió de un bocado, del cuál soy compañero.
Mientras nos dirigíamos hacia la oficina pensaba que la sesión la comencé como un juego para pasar el rato y con todo esto, desde ahora sinceramente a mi compañerita ya le pasé a tener mucho pero mucho miedo…

Hernan A Calvo

Want to leave a comment? Sign Up

Comments

muy entretenido leerte como siempre. Un placer. Abrazo amigo
2011-07-10 06:22:11