Testigo Eterno
traidordeljuego - ADVENTURE - 606 words
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Summary
testigo eterno
Su título era el de “Embajador del Rey Jerjes de Persia”, pero el sabía que solo era un espía, un asesino más. Había llegado a obtener este cargo luego de aplastar muchas cabezas enemigas y de lucirse por su crueldad y frialdad en el campo de batalla. Sin embargo su “talento”, para él, no era más que el simple resultado de recorrer los caminos que su pueblo, la vida y la suerte le habían impuesto.
Le hubiese dado lo mismo morir en cualquiera de las tierras que arrasó, y eso había deseado muchas veces, pero su instinto lo mantuvo vivo y le dio una gloria que nunca buscó. Odiaba su vida y no sentía el mínimo orgullo por todo lo que había logrado.
Su condición de salvaje humano le disgustaba desde niño. Le molestaba el calor de su sangre recorriéndolo de un extremo a otro. La fragilidad de sus órganos debatiéndose en su interior y su corazón latiendo bajo toda esa endeble piel. Pero era inevitable, sus células estaban en constante movimiento naciendo y muriendo sin su conocimiento ni control, exigiéndole sustento, y él, que no soportaba la idea de que el tiempo lo consumiese, era arrastrado por sus necesidades de simple bestia de un rincón al otro del mundo.
Evitaba los agasajos en su honor pero si era atrapado en uno de ellos sabía como socializar, disimulando detrás de su heredado culto a la violencia y la competencia su verdadero sentir. Deploraba su inteligencia, su religión, su cultura, que lo confundían y obligaban a racionalizar cosas insignificantes y venerar dioses que nunca vio. No entendía a las mujeres que lo admiraban por su “status” y le repugnaban sus instintos y sueños, que lo hacían jugar con el amor y el poder que le prodigaban solo para satisfacer sus más oscuros y lujuriosos anhelos.
Y ahora estaba en esa extraña y helada tierra. El frío de la nieve golpeaba sus ropas, que como siempre; eran robadas, para así poder ser uno más en el nuevo pueblo a visitar. Su misión era clara: encontrar al rey de este inhóspito lugar y matarlo. No habría batallas, solo un simple cambio de mando mediante unos cuantos y calculados asesinatos. Pero él no venía solo por una corona, conocía de un mito del lugar que lo atraía como un faro. Sabía de una pequeña montaña, rodeada de abismos y oscuridad, que en uno de sus picos contenía, incrustado en su hermosa roca transparente, un misterioso y solitario trono desocupado. Nadie sabía si alguna vez había pertenecido a alguien, ni por qué se encontraba en tan extremo y remoto sitio. Según los escritos de aquel pueblo, unas escalinatas esculpidas en la piedra y el hielo conducían a lo alto de aquel secreto.
Y allí fue, luego de cumplir raudamente su misión. Su búsqueda fue corta. Algo único y desconocido lo llevó a aquellas escalinatas blancas que recorrió como propias. El trono estaba allí e incrustada en la pared de hielo encontró lo que parecía una mascara, hecha de la misma piedra de la montaña. La tomó y colocándosela lentamente, se sentó en el helado trono. Sintió como sus ojos se difuminaban en un blanco brillo. Por fin perdía el sentido de sí mismo, ese que le exigía una razón para despertar cada mañana. Todo su ser se mimetizaría con aquél lugar. Él ya no quería ser más el fantasma en esa máquina de matar, en esa carne. Solo quería ser la piedra, lo abstracto, lo constante, lo invisible, lo que nunca sufre, nunca llora, nunca duerme, ni sueña. Quería no poseer sentido alguno y aún siendo ciego, ser testigo eterno del tiempo…
http://www.youtube.com/watch?v=2R69nV4HOaE

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