Dos en una

Dannilú  -  - 3015 words

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Summary

Una historia excitante y diferente..

Una historia excitante y diferente..



SAMANTHA

Enfurecida como nunca en su vida -ni en su muerte- salió de esa enorme y antigua casa, a la cual le enseñaron a llamar hogar, dando un portazo tan fuerte que justamente coincidió con el sonido de un trueno, el cual avisaba al pueblo que quizás habría lluvia.

Atravesó el pórtico de la casa dando pasos grandes y firmes, se notaba decidida, abrumada y sobretodo harta; se adentró en el bosque sin mirar atrás, mientras dejaba que la brisa le mojara el cuerpo.

Pensó en su hermano y sintió algo de culpa; pensó también en volver, pero no lo hizo.

ALLAN

En esos momentos Allan se encontraba tirado en el suelo de la cocina, sintiéndose vulnerable y adolorido, pensó en su hermana y también sintió culpa. Pensó en que el encierro y la sobreprotección habían hecho de ella una vampiresa peligrosa. Miró a su alrededor y vio todo destruido y entonces lo supo, además de peligrosa, era fuerte.

Sabia que su hermana estaba cambiando, sabía que probablemente no podría controlarla, por un momento no supo que hacer; intentó levantarse pero su cuerpo estaba completamente inmóvil, definitivamente había mucha fuerza en ella, definitivamente sería todo un problema dar con ella; sin embargo lo haría, cuidarla era su obligación; el lo prometió.



SAMANTHA

Samantha apresuró el paso pues imaginó que quizás Allan ya habría despertado, se internó cada vez más en el espeso bosque dejando atrás lo que tanto le frustraba.

Sentir el aroma de los árboles, escuchar el sonido de decenas de animales, la brisa sobre su cara, el viento moviendo su cabello rojo... para ella no había nada mejor, ahora se sentía libre.

Ella sabía perfectamente que su hermano quería ayudarla, él era mucho más grande y sabía un poco más sobre aquello por lo que ella atravesaba. Sin embargo su forma de ayudarla chocaba completamente con el espíritu libre de ella.

El enclaustro la volvía cada vez más ansiosa, las ansias la hacían más furiosa y la furia la volvía más fuerte. Aún no estaba lista para salir y enfrentarse con el mundo, con millones de cuellos bombeando tibia y apetitosa sangre... pero ya era demasiado tarde para volver, su hermano no estaría nada contento con lo que había hecho, así que el castigo sería más fuerte y tan solo pensar en eso la ponía aún más furiosa.

El final del bosque se acercaba, ya comenzaban a aclararlo las pequeñas luces que venían del pueblo. Antes de llegar al final del camino, escuchó agua correr. Se quedó quieta, se enfocó en el sonido y se dio cuenta de que se trataba de un río.

Miró alrededor y no lo encontró, ella sabía que el río se encontraba a muchos kilómetros de distancia y no se explicó como podía escucharlo; pensó en que quizás sus habilidades se estaban manifestando y sonrió ante el hecho.

Giró para seguir su camino, pero de nuevo sus sentidos le apuntaron hacia ese río, inhaló aire -aunque en realidad no lo necesitaba- y sintió en el una dulzura extenuante que la embargó completamente. Trató de poner su mente en blanco, justo como le había enseñado su hermano, pero no pudo; en vez de blancura, en su mente se reflejó la imagen de aquel río corriendo y pensó que quizás esa era una señal.

Haciéndole caso a sus instintos se desvió del pueblo y fue a buscar aquel río.

Conforme avanzaba el sonido del agua comenzaba a volverse más intenso, al igual que el aroma tan dulce que había olido antes. Inhaló de nuevo para sentirlo, y éste se internó en ella brindándole una paz jamás sentida, un espasmo en el pecho le hizo sentir como si su corazón en verdad funcionara, se preguntó que le estaría pasando, pero en su interior no había respuesta; fue entonces que extrañó minúsculamente a su hermano, el siempre sabía que hacer, el a todo tenía respuesta...borró ese recuerdo de su mente y continuó avanzando hasta toparse con unos grandes arbustos, sintió de momento que detrás de ellos estaría algo que cambiaría todo.

Abrió lentamente un hueco entre los arbustos para poder asomar su cabeza, miró hacia el frente y se quedó muda. Definitivamente no era un “algo” lo que lo cambiaría todo, sino un “alguien”.

Una joven de vestido blanco y cabello largo se encontraba sentada en una piedra frente al río; Estaba totalmente sumergida en un libro que posaba entre sus piernas descubiertas. Samantha la miró fijamente y de nuevo sintió aquel golpe en el pecho.

ANDREA

El reloj marcaba las once de la noche y su familia se encontraba profundamente dormida. En la oscuridad de su recámara, alzó la mano para alcanzar una prenda, la que fuera; la tomó y la llevo a su cama, en la misma oscuridad se quitó su camisón y se puso lo que había tomado, agarró su libro y salió de la habitación.

Sin hacer el menor ruido Andrea salió hasta el patio, brincó la cerca y se adentró descalza en el bosque. Mientras caminaba se miró y se dio cuenta de que traía puesto su mejor vestido, sonrió y comenzó a correr.

Sentir la hierba fresca en sus pies y el viento en su rostro la volvían otra mujer, porque a pesar de que sus padres y hermanos decían lo contrario, ella sabía muy bien que ya era una mujer.

Se soltó el pelo y respiró profundamente; pensó en que solamente esa era la parte del día donde podía ser ella misma, donde podía sentirse libre; el tema sobre la libertad siempre había sido complicado para ella, y es que ser la hija más pequeña y estar rodeada de hermanos varones no volvía nada sencillo entablar pláticas sobre libertad y deseos, pero aún así amaba a su familia y siempre encontraba un momento para poder ser ella misma sin ninguna reserva.

Llegó hasta su lugar preferido, el río; se posó frente a el y abrió su libro. La luz de la luna era lo único que la alumbraba, pero eso era suficiente para que pudiera leer, así que en solo un par de segundos se vio adentrada en su lectura.

SAMANTHA

Sin saber por qué, ella cruzó los arbustos, provocó un ruido que hizo que la joven tirara el libro y solo mostrara sus piernas desnudas. Samantha se estremeció al mirarla y volvió a inhalar aire; este se metió de lleno en sus inservibles pulmones y la dejó extasiada. El aroma que tanta paz le daba venía sin duda de aquella joven, la cual lucía intranquila ante la presencia de ella.
La joven de cabello largo se levantó despacio; Samantha la admiró de arriba a abajo y se detuvo en su rostro, la calidez que mostraban sus facciones y la sangre que se detenía en sus mejillas para volverlas sonrosadas dejaron a Samantha sin aliento. Nunca había visto un humano, ni tampoco había conocido a alguien tan hermosa.

Se acercó hacia ella lentamente, la joven intentó hablar, pero algo la detuvo; Samantha no detectaba miedo alguno en sus ojos, ni tampoco ganas de sacar alguna estaca, lo cual le hizo pensar que su hermano le había estado mintiendo durante mucho tiempo.

Ya que la tuvo cerca, admiró su cuerpo; su piel cobriza resaltaba ante la luz de la luna y su cabello lacio y largo descansaba sobre su espalda, el vestido blanco que llevaba delineaba su figura, aquel escote le dejaba ver el inicio de sus voluminosos pechos y lo corto de la falda le mostraba sus hermosas y torneadas piernas, terminando todo en un par de pies descalzos y sucios.

Sintió una oleada de deseo recorrerle el cuerpo. Se quedó inmóvil y se perdió un momento mirando sus ojos claros.

ANDREA

El sonido de unas ramas la obligó a apartar su vista de ese libro de poemas que por cuarta vez leía. Miró hacia atrás un poco extrañada y vio a una mujer de negro frente a ella.

La impresión la llevó a tirar su preciado libro y a levantarse de la roca, se quedó sin habla cuando la vio acercarse, al tenerla frente a ella intentó preguntarle quién era o qué quería, pero su voz no salió de su garganta.

Una vez que la tuvo cerca, la admiró de pies a cabeza. Se sintió un poco intimidada ante la imagen de aquella mujer, pero a pesar de eso no sintió miedo, al contrario una ola de curiosidad le sacudió la mente e instintivamente comenzó a inspeccionarla.

Llevaba consigo ropa un poco rara, un pantalón de cuero forraba la parte de abajo de su cuerpo, estaba tan pegado a sus piernas que podía notar completamente su contorno. La blusa negra que usaba parecía ser de otra época, varios holanes tapaban la forma de su busto, pero algunos botones desabrochados mostraban el inicio de ellos.

Su piel era blanca y parecía estar fría, pero a pesar de tener un rostro tan pálido como ninguno, era hermosa. Se maravilló ante aquellos ojos pequeños y oscuros, delineador negro, unas largas pestañas y cejas perfectas que los enmarcaban haciéndolos ver hermosos. Sus delgados labios eran de color rojo sangre, casi del mismo tono de su cabello lacio y suelto.

De nuevo la miro de arriba a abajo y se topó con una entera perfección que la dejó helada, pero al mismo tiempo, tibia por dentro. Se volvió a concentrar en sus ojos y se perdió en ellos un momento.


DOS EN UNA

Ninguna de las dos pudo explicar lo que a continuación sucedió; una especie de fuerza interna de apodero de ambas y las hizo entregarse una a la otra.

Samantha se acercó hacia Andrea, se fue directamente hasta su cuello y consiguió de nuevo ese aroma, sintió deseos de morderla, pero se contuvo, en vez de eso sacó su lengua y prefirió lamerla, el sabor que consiguió no se comparaba con el de la sangre misma, pero se sintió satisfecha, subió sus labios hasta su oreja y la mordió despacio, siguió con su boca el contorno de su rostro hasta llegar a su barbilla, una vez ahí sacó de nuevo su lengua y la llevó hasta sus labios, juntó sus labios con los de ella y dejó que la besara.

Lo que acababa de ocurrir era completamente nuevo para Andrea, sin embargo no dejaba de ser excitante; su lengua sobre su piel le hizo encontrarse con sensaciones que jamás había pensado experimentar. Un calor intenso la embargó por dentro y la hizo querer despojarse de su ropa. Pero no lo hizo, permaneció inmóvil, excepto por sus labios, que jugaban con los de aquella mujer sin importarle nada.

Cuando el beso hubo terminado, las manos de ambas se entrelazaron, se miraron a los ojos y sin decir una sola palabra, se conocieron con la mente. Samantha llevó su mano derecha hacia el tirante de su vestido, lo fue bajando despacio, bajó después el otro y dejó sus hombros al descubierto, posó su tacto en su pecho y recorrió esa zona con la yema de los dedos.

Andrea cerró los ojos y se dejó llevar ante el frío de sus manos, trató de relajarse pero cada vez su pulso se volvía más intenso, trató de controlar sus ansias, pero no pudo... de un solo tirón abrió completa su blusa, los botones negros salieron volando, pero ninguna le dio importancia; Samantha sonrió al ver lo que había pasado y simplemente y sin pensarlo se dejó llevar.

Puso su boca en su pecho y recorrió todas sus formas y figuras, bajó hasta su estómago perfectamente esculpido y dio vuelta hacia su espalda, le ayudó a deshacerse de su blusa y le apartó el cabello del cuello; lo besó y después sus hombros, la abrazó por la cintura y las dos miraron al cielo.

Estuvieron de nuevo frente a frente. Samantha en son de venganza desgarró completo el vestido de Andrea, ella se sorprendió ante su fuerza, pero le dejó de tomar importancia una vez que sus manos tocaron su cuerpo.

Poco a poco las prendan que llevaban fueron adornado el piso, la sombra que dejaban daba la impresión de ser dos en una, abrazos frenéticos, besos incesantes, caricias tiernas y gemidos inciertos, llevaban a las dos hasta un éxtasis jamás experimentado.

Poco a poco fueron bajando la guardia, hasta terminar en el suelo. Se abrazaron y tomaron aire. Se miraron a los ojos y no vieron más que placer y cariño en ellos.

El sol ya estaba saliendo pero ninguna de las dos tenía sueño.

Samantha intentó de nuevo poner su mente en blanco y tratar de capturar en ella aquel momento; de nuevo en vez de blancura una imagen la hizo sobresaltarse, Allan estaba cerca y venía decidido a encontrarla.

Se levantó del suelo y pensó por unos instantes en que hacer, tomó su ropa y empezó a ponérsela rápidamente, Andrea intentó preguntar que pasaba, pero en vez de eso Samantha la interrumpió poniéndole un dedo en sus labios en signo de silencio y le dijo: -No me digas nada, no quiero saber nada de ti, voy a volver, voy a encontrarte, te lo prometo, ahora vete, corre y no mires atrás-. Después de eso Andrea se levantó, tomó su libro, se puso lo que quedaba de su mejor vestido y comenzó a correr. Mientras lo hacía pensaba en porque confiaba en ella, si no la conocía, si ni siquiera sabía su nombre, pero algo en ella la mantuvo corriendo, la mantuvo confiando, continuó y no se detuvo hasta llegar a su casa, donde, como siempre, entró sin hacer ruido, escondió el destrozado vestido y se acostó en su cama aparentando dormir, mientras en su mente solo veía la película de lo que esa noche había ocurrido.

Samantha empezó a correr por el bosque, sus piernas se portaron tan veloces como jamás imaginó, su cuerpo parecía un rayo que pasaba sobre los árboles, volvió a imaginar que sus poderes tomaban forma y de nuevo sonrió.

A pesar de la sonrisa no dejaba de sentirse triste, la había dejado sola y sin saber su nombre, pero era lo mejor, sabía que eso era lo mejor, puesto que su hermano lograría leerlo en su mente y no podría permitir que le pasara nada a esa joven de vestido blanco que le había hecho pasar su mejor noche de libertad.

Siguió corriendo sin rumbo fijo, pasando pueblos y más pueblos, sin poder sacarse de la mente a esa joven que dejó atrás.

La noche siguiente Andrea volvió al río; se sentó sobre la misma roca y volvió a leer el mismo libro. Pero aquella mujer no se apareció.

Sin embargo no dejaba que asistir a aquel lugar, pues confiaba en que algún día por fin la vería de nuevo llegar...Cada noche se salía de su casa sin hacer ningún solo ruido, tomaba un lindo vestido, ese libro de poemas que tanto le gustaba y corría hacia el río a esperar a aquella joven misteriosa que le había hecho vivir la mejor experiencia de su vida.

Pasaron dos, tres, cinco, siete noches y ella no aparecía.

Nueve noches después, Andrea leía su libro favorito, en aquella roca junto al rio, estaba absorta en un poema que curiosamente hablaba de sorpresas, cuando de pronto escuchó de nuevo los arbustos, por un instante se remontó a aquella noche donde la conoció, apartó su atención del libro, su corazón empezó a latir de prisa y su pulso se aceleró...

Giró despacio la cabeza y ahí estaba de nuevo ella, tan hermosa, tan blanca, tan perfecta, arrojó el libro al suelo, se puso de pie y quedaron frente a frente, mirándose con anhelo, descubriéndose de nuevo.

Otra vez, sin poder explicar cómo fue que sucedió, las dos se encontraron de nuevo, empezaron a sentirse el alma y el cuerpo, se cobijaron en otro pasional beso y se dejaron llevar por la atracción que emanaban, de nuevo las ropas adornaron el suelo, se sintieron sin reservas y sin miedos

Samantha se sentía extasiada con el aroma de su cuerpo, no podía creer que la tuviera entre sus brazos de nuevo, tantos días soñando con encontrarse de nuevo y por fin podía probar todos los rincones de su cuerpo, sentir aquel dulce sabor en su boca la hacía temblar, la ponía loca, se fue despacio hasta su cuello y sintió unas terribles ganas de morderla pero se contuvo con mucha fuerza

De nuevo volaron botones, pero eso a nadie le importó, se encontró una vez más con esos pechos que hacía nueve noches atrás, se moría por volver a probar; su entrepierna la llenó de deseo, se perdió en ella un momento, en el néctar que desbordaba en el encuentro, sintió que estaba reviviendo, aunque sabía muy bien que eso no podría hacerse nunca realidad, pero eso ella le dejaba pensar, la hacía sentir un tanto viva y en libertad.

Andrea no dejaba de agradecer internamente por que volviera a ocurrir ese encuentro, cada noche lo revivió en sus sueños y ahora estaba tomando forma de realidad, no cabía de alegría, se excitación y de dicha

Sus cuerpos se movían en aquel suelo húmedo, dejando dibujadas en la tierra sus formas y figuras, al contrastar su imagen con la luz de la luna, parecía en su sombra que eran dos en una, de nuevo estaban volviendo a reunirse, a combinarse, a explotarse, a hacerse sentir que eran la misma.

Andrea se refugió en su pecho y un trueno cimbró todo alrededor de ellas, una gota de lluvia cayó en la frente de Samantha, una más en la mejilla de Andrea, de pronto ambas se vieron cobijadas por una lluvia incierta y poderosa, pero tal parecía que eso no era problema para ellas.

La búsqueda de libertad las unió un día y ahora estaban compartiendo entre ellas las delicias que ésta traía, sintiéndose las dos vivas, mujeres reales y no ficticias como lo decía, en el caso de Andrea, su familia o como lo imponía la realidad en la que Samantha vivía.

Entonces una de ellas habló:

-Andrea, por cierto-
-Samantha, es el mío- Ambas sonrieron.
-Encuéntrame aquí de nuevo, pero no tardes tanto en volver, el bosque por la noche da un poco de miedo- sonrió
-No lo haré, estar mucho tiempo sin ti, ya no puedo-


Y de nuevo se refugiaron en un pasional beso...Un rayo iluminó alrededor y se pudo ver como sus sombras hablaban de una sola, dos en una parecían, dos en una se sentían.

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Comments

Espero que les guste mi cuento y que puedan votar por el, estoy tratando de concursar..gracias :)
2011-07-19 15:44:45
Muy interesante tu cuento. Que bello es el amor de verano.
2012-03-29 17:17:24