Reflexiones de una tarde lluviosa
maria ines velez - ROMANCE - 1070 words
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Summary
Historia que surje en medio del arrepentimiento gracias a un amor frustrado y una amistad perdida
Sentándome a reflexionar pausadamente, intento recoger en pequeñas proporciones mi conciencia perdida en el ayer. En medio de lagunas que van y vienen en mi cabeza, busco recrear una noche desaparecida dentro de lo profundo de mi inconsciente y así, comienzo a despertar las emociones que invaden poco a poco mi cuerpo que comienza a transformarse en un desierto inhabitable. Últimamente, las ganas de llorar y la melancolía me invaden, me siento sola, aburrida y siento que mis amigos han dejado de serlo.
Me siento, prendo un cigarro y comprendo que la razón por la que se alejan es porque yo misma lo he buscado... ¿será que en mi corazón acaso el demonio perdido de un pasado sufrido ha comenzado a sacar estragos?; pero si es así ¿porque entonces mi consciencia dicta detalladamente una necesidad de tenerlo cerca, aun cuando lejos se encuentra?.
Supongo que por primera vez, los actos se han sabido escapar de mi cabeza, y por más que intento atraparlos más lejos, y más transparentes vuelan.
Con el tiempo, he comprendido que la vida te enseña a ser alguien equilibrado entre lo bueno y lo malo, y es cuestión de tu fuerza interna, de tu corazón y de tu cabeza mantener este equilibrio...creo que ayer, sin darme cuenta, deje salir por un instante algo en mi desconocido...y tengo miedo...tengo miedo de perder a un gran amigo. Creo que nunca le he dicho que es mi amigo y creo que nunca me verá hacerlo. Tal vez porque la seguridad abarco el camino, o será tal vez el simple miedo de perderlo…
En medio de la búsqueda de las piezas faltantes del rompecabezas, comienzo a sentir mi cuerpo rodeado de tristezas…sentimientos confusos, prácticamente solitarios. Mi cuerpo se vuelve oscuro y el sudor es inevitable; comprendo así que es hora del baño.
Mientras me ducho, los sueños invaden mi cabeza y me pongo a pensar en cómo puedo remediarlo…tanto daño que le hice, tanto dolor que me causo….no quiero perder a la persona que tanto amo…no quiero dejarlo ir sin que comprenda aquellas palabras que mi corazón niega y que mi boca guarda desesesperada. Y es entonces cuando un par de lagrimas resaltan dentro del agua que corre...y me siento sola, y me siento triste...y así, poco a poco, regreso a la realidad y me doy cuenta que no quiero dejarlo ir…para mi, el es alguien importante. Creo que nunca le he dicho lo que mis intenciones callan y creo que nunca me verá hacerlo.
Una tarde gris comienza a hacerse aun más evidente y se escuchan a lo lejos un ciclo de truenos intermitentes. Mientras la lluvia cae, me detengo un momento a mirar al cielo, y lo veo gris y oscuro...así como me siento...y en mi cabeza comienzan a llegar las imágenes de aquel personaje que con su silencio me intriga, que con sus misterios intermitentes mantiene concentrada mi energía. En ocasiones, me detengo a observarlo en silencio y mientras el habla, sin que se dé cuenta, me detengo en sus ojos, e intento buscar en ellos algún brillo intermitente (como las estrellas que el tanto admira) que me permita descifrar sus misterios, creo que nunca le he mostrado la necesidad incesante de sus versos y creo que nunca lograré hacerlo.
E imagino su sonrisa, porque nunca lo he visto reír, y comprendo que aquel personaje intrigante es una persona solitaria y callada, pero alegre y entusiasta, madura pero pequeña, distante pero tierna...alguien totalmente brillante que al igual que yo sus palabras calla, pero que con una melodía y un par de letras habla.
Creo que nunca le he dicho cuanto lo admiro, creo nunca me verá hacerlo...solo si lee mi mirada a lo lejos y comprende el mensaje oculto que ella guarda.
Una pequeña sonrisa brota y comienzo a recordar aquella vez que en su casa vimos el firmamento, el explicándome su ciencia y yo, jum, yo perdida entre sueños. Entonces decido bajar la mirada un poco y mi sonrisa calla...y un par de lágrimas salen y mi corazón, poco a poco, habla.
Y dentro de mí escucho que mi conciencia murmura y, una vez más, me pierdo entre sueños y decido entonces coger mi viejo cuaderno, y comienzo a expresar con letras lo que siento. Y es ahí donde entiendo, lentamente, el daño que he hecho...espero que con el tiempo, todo quede en el olvido y así, mientras miro la lluvia caer, aprendo que la razón de mis miedos no es otra mas, que el mismo miedo.
y mientras me ataca una bola de pelos por la espalda, me distraigo un poco y me dirijo al juego...y me doy cuenta que no soy más que una niña, que juega y se ríe y salta...que se pierde en nubes, atardeceres, unicornios, paisajes y colores...con un corazón lleno de cicatrices y un temor incansable a ser herida de nuevo...que busca en las letras expresar apasionadamente lo que sus labios callan y que busca en el licor llenar el vacío de una soledad constante, que sabe que ella ha provocado y que le duele en el duro invierno.
Llegan los primeros signos de la noche y recuerdo de nuevo a este personaje, y mi cuerpo se vuelve débil y sensible, y se llena de deseos...nunca le he dicho que mi cuerpo lo pide a gritos y creo que nunca me vera hacerlo. Y comienzo a recordar aquellas noches rojas, donde la pasión vence al misterio...donde sus ojos son más brillantes que nunca y donde mi boca actúa a placer de su cuerpo. Creo que nunca le he dicho lo suave que es...y creo que nunca me verá hacerlo. Espero que mi boca entre besos lo exprese y que el calor de mi cuerpo le indique lo mucho que disfruto su encuentro.
Y entonces me quedo pensando un momento, y comprendo que probablemente el no quiera volver a tener el calor de mi cuerpo. Y así, caigo lentamente en la realidad y finalmente comprendo lo mucho que lo lamento.
No sé por qué elegí herirle con letras, cuando mis labios nunca han querido hacerlo...tal vez porque no quiero perderle...tal vez porque tengo miedo. Será entonces que el licor me ha traicionado de nuevo y mi alma susurra a gritos lo mucho que lo lamento...nunca le he dicho lo mucho que lo quiero y creo que nunca me verá hacerlo.
María Inés Vélez
Medellín, Colombia
24 de octubre de 2009.

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