Las Libertades Soñadoras

Lexus473  - ADVENTURE - 530 words

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Summary

Dos mujeres y la libertad

Dos mujeres y la libertad

Desde el mismo momento que me poso frente al mar, que me zambullo, empiezo a vivir una realidad. Puedo pararme frente al océano y pensar que es hermoso, que es claro, fresco, pero sin sumergirme en él, solo es teoría.

Mojarme es la clara evidencia de que esa figura llamada mar, es real. Mi aspecto visual es ahora algo que siento. Pero aparte de este momento tan cálido, de sol y mar, y de vientos areniscos, y de personas hermosas.


Al fondo de mi campo visual veo una mujercita, creo que son dos. Una de ellas, tiene un vestido color negro que parece un traje de gala nocturno. Son las 10:00 a.m., camina, se acerca a la orilla, deja caer su cabello negro ondulado sobre sus hombres, respira profundamente.


De un momento a otro, brinca, corre con la dirección de la marea, no puedo decir que tiene en mente, porque no lo sé. Para hacer este tipo de cosas se necesita una motivación interna. No todos los días alguien quiere ir a correr como siervo libre hacia la dirección de las olas.


Para por un momento, se acerca paulatinamente al mar, entra lenta dejando que el agua salada roce sus tobillos. Una ola la invita a adentrarse, pero prefiere parase a orillas frente al arrogante y misterioso mar.


Levanta sus manos, contorsiona su cuerpo como torero haciendo su paso triunfal, se deja caer suavemente entre la arena blanca y el agua azul del mar que va y viene.


La otra dama que la acompaña está con un vestido gris, es minifalda, de esas con boleros. Toma fotos libremente a su amiga sin pedirle una pose específica. Camina dejando sus piernas al aire para broncearlas. Son finas, contorneadas, tiene unos labios y un cuerpo muy sexy. Mejor dicho, los labios son carnosos, sexys y su cuerpo le hace juego.


No sé si son mama e hija, o si son hermanas o quizás pareja, pero la pasan muy bien, sonríen frente a frente como si nada o nadie más existiera. Sus rostros son angelicales, sus espíritus libres.


Disfrutan cada momento como si fuera el último, materializan su libertad mojando sus cuerpos vírgenes. Están ahí como gaviotas, pero sienten el aire y la arena como mujeres genuinas. No hay un hombre que las regule, son felices.


A lo lejos divisan una pandilla de jóvenes, no son atractivos, son rústicos, sus ropas hablan por ellos. Ellas miran de reojo, toman sus ropas de gala nocturna y se van tomadas de la mano hacia otro lugar donde puedan vivir su momento paradisiaco.


Los chicos piensan en divertirse, uno de ellos lleva en su mano un balón de futbol; no saben que han violado la libertad femenina, entrar al espacio de ellas es haber entrado a su libertad.


Ellas no saben que ellos quieren divertirse jugando al futbol, solo son conscientes de que su libertad les ha sido arrebatada. Salen, buscan otro radio de acción para conjugar sus libertades soñadoras.


Se alejan sigilosamente, caminan despacio, pasan por mi lado, y dicen sonriendo: “qué pasaría con Antauro anoche, como quedaría de triste en el altar de la iglesia esperándote.”


-no importa, no hablemos de eso, solo sé que te amo, contigo experimento lo triste y lo bello, preciosa Madre.

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