La gota
pedroparedes - HISTORY - 673 words
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Summary
La importancia de la amistad.
No siempre, y por extensión a veces, vencemos las barreras que nos impiden disfrutar de esas cosas de las cuales todo el mundo habla o cree conocer, intentamos, sino en vano, proyectar nuestros deseos en las vidas de las personas que queremos. Blanco de fortuitos factores (inciertas como la de Heisenberg) somos presos de fuerzas que actúan sobre la vida ésta como el mar: nos elevamos (somos felices), decaemos (somos no felices), nos estancamos (sin explicación), tenemos momentos turbulentos (nos sentimos perdidos), repetimos el ciclo indefinidamente y perecemos (se cancela la vida). Triste ¿no?
El resumen de lo que fue ése hipotético alguien alguna vez (sino nunca) en tres líneas. Y es así que en el transcurso de las mareas inextinguibles conocemos de todo, y todo en el umbral de la no-existencia es la suma de lo que quisimos ser pero no pudimos y ahora somos y odiamos. Pero siendo otra vez gotas sentimos recelo del aire que airoso se pasea por las altitudes, y nosotros aquí saturados, presos de la negatividad circundante vemos solo lo malo, cansados de la corriente que nos arrastra por la eternidad.
Como aquella molécula discreta viajamos incasablemente, vemos atardeceres y ocasos, testigos de despedidas de amores fantásticos somos, portadores del reflejo de la caja azul sostenida en lo alto y otras cosas que nos adjudican los poetas hemos sido, ¿Y cómo lo haremos? Otras gotas nos acompañaran, solo unas cuantas en los ejes “x”, “y” y “z” nos rodearán, al menos por un tiempo prolongado, diría el que teme a que se sucedan los cambios repentinos. Ésas serán nuestras condiciones en el mar, pero aquí en el plano real a los que nos rodean los denominamos simplemente “amigos”.
Es fácil explicar todo desde las gotas, pues las encontramos sublimes al pensar tal vez que somos parte de algo tan imponente como el océano. Nos identificamos, nos ensanchamos de ego, pues creemos ser “la gota”. Pero no, al igual que ésa molécula relativamente sencilla, su sola estructura individual no es suficiente para cumplir su leyenda personal, diría Coelho, su potencial, sus propiedades únicas devienen de su interacción con los otros.
Y que es al fin un amigo, alguien en quien confiar, ¿acaso?, o es un extraño sentado en un bar que me escucha quejar de todo lo malo que me aqueja y me tiende la mano con un billete para compartir un trago más. Ya cada uno lo sabrá, sentencia el habitué del lugar.
A que voy, ¿a una historia tal vez? ¿A un cuento? ¿Una carta? Ídem a lo que sentenció el más arriba señalado como el frecuentador del local. Dejémonos de las representaciones digo YO, momentáneamente al menos.
Los humanos no son simples, y menos lo son las amistades, son contadas las situaciones en que vemos realmente la funcionalidad de la conexión aquella formada con otra persona, y es más frecuente el no cumplimiento del contrato implícito establecido entre ellas. Pero que hay de las intenciones dirán.
Las intenciones no practicadas son empíricamente inservibles, nos hacen sentir mejor con nosotros mismos e hieren a los que queremos una vez evocadas como justificación, al argumentar tozudamente nuestra “buena intención” una vez completada la acción realizada, el mecanismo del querer (o apreciar) cambia y la otra persona se siente traicionada, engañada sino, rehuimos de decir un simple “perdón” exaltados con la idea de ser como aquel océano, imponente y orgulloso, pero olvidamos lo apacible y tranquilo que puede llegar a mostrarse.
Olvidamos lo reconfortante que puede ser la sola enunciación de simples palabras, nos mostramos reacios a “humillarnos” frente a la otra persona, pero sobre todo: NUNCA dejamos de ser orgullosos, SIEMPRE nuestra actitud es la correcta y HERIMOS sin mesura ni discreción. Lo trágico y cómico a la vez es que las palabras que se suponen que tendríamos que haber dicho vienen a nuestra mente cuando ya es muy tarde.
En un constante indecible ascenso y descenso, somos presos de nosotros mismos, al no poder escapar de este lugar, dependemos de esas gotas, dependemos de los amigos para sobrellevar esto que llamamos vida.

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