El vigilante
Escarcha - THRILLER / SUSPENSE - 523 words
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Summary
Un vigilante nocturno se encuentra ante un caso extraño... ¿como reaccionará?
Los pocos amigos que tenía le aconsejaron que no tomara el trabajo de sereno en la torre que se estaba construyendo al sur de la ciudad. Los que aceptaban, eran algunos desprevenidos que no duraban más de 4 horas en sus puestos de trabajo y estos desaparecían o se presentaban en la madrugada para renunciar. Pero él era distinto, a él no le asustaban los cuentos de fantasmas, ni almas en pena y mucho menos apariciones blanquecinas, humanoides, quejosas, lloronas, abúlicas, chatos esfuerzos de niños desocupados que no tenían mejor travesura que asustar a los pobres crédulos que huían ante el menor sonido falto de explicación.
Él era distinto... ¡y vaya que lo era!
Se presentó a las 22 horas luciendo su flamante traje de sereno, cuidador, vigilante. Todo a la vez. La paga era buena. La historia de apariciones se había esparcido en varias direcciones y no abundaban los valientes. ¡Mejor para él!
Lo primero que hizo fue indagar en las instalaciones. La torre sería de gran porte, con habitaciones espaciosas y amplios corredores bien iluminados. ¡Si, una vez terminada sería hermosa!
Los primeros sonidos surgieron de arriba, estaba por sentarse cuando los escuchó y una sonrisa cómplice le cruzó el rostro.
Subió las escaleras que aun carecían de pasamanos, apoyándose en la pared. Alumbrando los escalones del ultimo piso con su pequeña linterna. La electricidad en esa zona aun no había sido instalada. Pero a él le gustaba la oscuridad. Él era distinto a los demás.
El sonido era perfectamente audible, es más, daba la sensación que el que lo estaba ocasionando no se ocupaba por disimular su estadía. Sonaba a una tapa de cemento que se corría.
-Una tapa- pensaba mientras trataba de cerciorarse sobre la dirección a seguir.
El objeto que se corría cayó provocando eco.
-Los tanques de agua- se dijo mirando el techo. Con paso tranquilo y sin dudar se dirigió a la escalera que lo llevaba a los tanques y esperó abajo, iluminando los peldaños, esperando sin impaciencia a que bajara quien intentaba asustarlo.
Quien producía los sonidos no se hizo esperar.
Bajó con los brazos primero, moviendo la cabeza grisácea de una lado al otro, rotando los ojos amarillentos en las órbitas que le cubrían el 80% del rostro, arrastrando por ratos la lengua que sobresalía angosta y babeante unos 60 cm fuera de la boca.
El vigilante no había dejado de alumbrarlo en su descenso, pero esto no hizo mella en el ente, que se dirigía hacia él seguro y siseante, pesado y hambriento.
A las 8 de la mañana terminaba su turno.
Cuando se presentaron los obreros el vigilante pidió hablar con el capataz y le aconsejó que no tomaran del agua que se acumulaba en los tanques por que tenía un sabor extraño. Que esa noche con más tiempo, él los limpiaría.
Entregó las llaves y se fue tranquilo.
El capataz no logró prestarle atención, el detalle en la vestimenta del sereno le causaba gracia y lo desconcentraba. No entendía como la noche anterior el traje de vigilante le había quedaba perfecto y ahora los botones estaban reventados dejando entrever un abultado vientre fláccido.
Al vigilante, los espantos o monstruos no le asustaban... lo saciaban.

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