¡¿Celosa yo...!?
peregrino - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 393 words
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Summary
Búsquedas y energías puestas en descubrir un engaño...
¿¡Celosa yo…!?
Estaba plenamente convencida que Angel, su marido, la estaba engañando. No tenía ninguna duda, solo tendría que encontrar la forma de comprobarlo. No pensaba detenerse hasta lograrlo.
Periódicamente controlaba el cuenta kilómetros del auto, revisaba sus bolsillos, sus mails; recorría cuidadosamente la ropa buscando vestigios…olores… Nada arrojaba ningún indicio, pero ella estaba convencida de estar en lo cierto y se proponía probar sus sospechas.
Algunas veces se cuestionaba. Se preguntaba si el origen de sus dudas no partían de su propia actitud. Se justificaba aduciendo que Eduardo le daba todo el sexo salvaje de la forma en que ella lo precisaba. El romanticismo y la suavidad con que su marido la había atrapado habían terminado en una rutina que, ahora, solo la exasperaba…
Al tiempo cayó en la cuenta que no le había revisado el celular ¡Nada menos! Sólo tendría que esperar el momento adecuado para secuestrárselo y ese instante sería cuando tomara una de esas duchas interminables…
Así lo hizo. Recorrió “Registros”: solo tenía el de unas pocas llamadas y eran hacia ella. Luego buscó en “Contactos”, ninguno le resultaba sospechoso. Revisó “mensajes”, también había muy pocos y hacia y desde su casa… De cualquier manera, se preguntaba: ¿Por qué tendría tan poco historial? Indudablemente tenía el hábito de borrarlos periódicamente. Esa era una prueba evidente de que algo le ocultaba. No tenia dudas, sus premoniciones jamás habían fallado…
Cuando su brutal amante marcó su lóbulo derecho con una mordida tuvo que reorientar toda su energía en ocultar el hecho. Enmascaró la herida con un aro permanente que solo retiraría luego de apagar el velador. Cuando la cicatrización avanzara la cubriría con un poco de esas cremas mágicas que todo lo borran…
Por suerte Angel le había avisado que llegaría tarde. Se acostó procurando cerrar los ojos y dormir, tratando de olvidar la desorientación que le provocaba tanta búsqueda infructuosa.
Estaba a punto de dormirse cuando un juego de caricias la sumergió en un mar de placeres que culminó en un éxtasis inesperado, como hacía tiempo no lograba en su lecho matrimonial…
Por la mañana, al compartir el desayuno, notó en su marido un apósito que le cubría el lóbulo de la oreja; instintivamente disparó la pregunta y recibió la respuesta que nunca hubiera querido escuchar:
-Me mordiste anoche…¿ya te olvidaste…? ¿Estabas hecha una loca…?
Tan segura estaba de no haberlo hecho como que lamentaría de por vida tan trágica coincidencia…
Peregrino

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