Asaltaron el bar del pueblo
BrenY - TRANSPORT: GENERAL INTEREST - 659 words
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Summary
Mirá, no sé bien qué pasó, todo fue muy rápido, uno no se lo espera y cuando pasa no piensa. La cajera comenzó a los gritos, yo pensé que discutía con el dueño porque siempre están peleando, es común que se estén a los gritos por allá atrás.
Mirá, no sé bien qué pasó, todo fue muy rápido, uno no se lo espera y cuando pasa no piensa. La cajera comenzó a los gritos, yo pensé que discutía con el dueño porque siempre están peleando, es común que se estén a los gritos por allá atrás. Y si no es con el dueño es con su novio que aparece de vez en cuando.
Al ladrón no le presté atención cuando entró. Hoy los jóvenes se ven todos iguales, con esas capuchas y pantalones que les sobra por todos lados; y como se fue directo a donde estaba ella, ahí donde cobran, pensé que era su novio.
Mirá si no estaremos acostumbrados a sus gritos acá en el bar, que el perro que estaba echado a mi lado ni se despertó. Al pobre Toto me lo tiene sin cuidado el zafarrancho, mi mujer también grita todo el santo día, está más sordo que yo, y eso que estoy cerca de los ochenta. Con el alboroto sólo se dignó a abrir los ojos, levantar un poco la cabeza sin ganas y como si nada estuviera pasando se volvió a dormir. Desde lejos una señora me hacía señas para que le ordenara atacar. ¡Perro inútil!, tuve que patearlo para que se despertara cuando llegó la policía y el ladrón huyó. ¡Habrase visto perro más zonzo!
El asunto es que cuando noté el revuelo en las otras mesas, me di cuenta por dónde venía la cosa. El maleante pasaba mesa por mesa arrastrando por el cuello a la cajera, exigiendo que le entregásemos todo lo que teníamos. Qué le iba a dar yo!, sabés cuanto cobro de jubilación?, no me alcanza ni para comprarle un chorizo al toto, que tanto le gusta, pobre animal. Tenía unos ocho pesos que me había dado mi mujer para comprar el pan, pero como me detuve en el bar ya me había gastado cinco en una copita. Con el frío que tenemos viene bien una copita, para lo huesos, ves?, así entramos en calor.
Vi que al de la otra mesa le sacó el reloj, me miré las manos, traía el anillo de boda, ni me acordaba que lo tenía. Nunca me gustó traerlo, mejor dicho, antes, cuando me acordaba que lo tenía no me gustaba nada la idea de tener que usarlo, pero mi mujer se quejaba, ¿dónde dejaste el anillo?, ¿ya te lo quitaste?, ¿querés que crean que sos soltero, no? Se ponía tan mal que preferí olvidarme que lo traía. Pero no podía dejar que se lo llevara el ladrón, qué le iba a decir a la patrona, intenté quitármelo pero no tuve tiempo así que metí la mano debajo de la mesa. Cuando se me acercó le dije que no tenía nada. Me dio la impresión de que la cajera le señalaba algo, ahí empecé a dudar de ella. Así que él me miró fijo y exigió el anillo. Saqué del bolsillo los ocho pesos para ver si me los aceptaba. El anillo no sale, amigo, le dije, ocho es todo lo que tengo. Soltó a la muchacha y mientras la apuntaba con una mano, con la otra me sacó el anillo y los ocho pesos. Me parece que estaban de acuerdo. Investiguen por ahí, muchachos, le dije al policía que andaba medio desmayado después de haber corrido detrás del ladrón unas cuadras. No creo que me haga caso. Date por pagado, le dije al turco, el dueño del bar, hasta aquí llegó el caso, no esperes más de la policía, agradecé que lo haya perseguido. No sé cómo va a quedar todo esto, no sé a dónde vamos a ir como país con las cosas que pasan, con la policía que tenemos.
¿Me podés decir qué hago ahora? ¿Qué le digo a la patrona que me está esperando? Me quedé sin plata, sin pan y sin anillo, y para complicar más las cosas se va a enterar de que estuve en el bar.







