Paloma de dictador

Tarso  - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 454 words

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Summary

No es una paloma de paz ¿ok?

No es una paloma de paz ¿ok?

El dictador se asomo por la ventana mas pequeña del palacio.
Todo el reino a sus pies.
Las viejas montañas desde donde bajaba un amplio sendero que comunicaba al río y más cerca, los tentáculos de la capital y unos kilómetros hacia el oeste, el amazónico bosque donde el mapa de su poder se perdía.
Desde la Plaza Mayor, la figura del dictador apenas asomado, parecía recortarse contra el fondo negro que se hundía tras el marco de la ventana.
Una estatua de un hombre privilegiado.
Los ojos del dictador recorrieron toda la extensión de la tierra donde el cielo separaba las horas de los días.
El dictador tenía la mirada fija en un punto. Era una mancha que se asomaba entre las hojas en la copa de un árbol, una extraña continuación vegetal irregular.
Una marca, un tajo acromático, una borrosa imagen inestable.
Aunque en realidad era una paloma, el dictador tardo en darse cuenta.
Cuando el ave se movió, entonces dentro de ese extraño objeto oscuro apareció la forma de una cabeza con un pico y mas abajo, el largo hilo de la cola.
Ah claro, es una paloma..., se dijo a si mismo el dictador.
Una paloma tan estática e inmóvil como su observador imperial.
Unidos por el cenit, ambos, el dictador y la paloma, la paloma y el dictador, permanecieron quietos, quizás observándose sin entender, dentro de sus esencias vivas, amalgamados por un reconocimiento idiota por parte de la paloma y un descubrimiento tardío por parte del dictador.
Quizás estemos petrificados por alguna otra razón, pensó el dictador.
Una razón sublime o tan simple como un pedazo de pan, un ladrillo, una copa de vino o una pepita de oro.
La paloma solo se balanceo dejándose llevar por la brisa dulce.
El dictador, aferrado a sus pies en la sombra que se desenredaba por un muro petrificado.
Hipnotizados en un segmento de aire, otra paloma rompió el equilibrio de la inalcanzable composición.
Sobrevolo hasta aterrizar cerca, casi con la misma solmenidad o asombro con que lo hacía el dictador, hasta que de un salto pareció aferrarse a la misma rama donde se sostenía la primer paloma.
El dictador no pestaño hasta que ambos pájaros salieron volando.
No hay lugar para las dos, pensó.
La actitud expectante de la paloma reciente, de disimulo, la del cazador que cree congraciarse con la víctima o quizás solo la estaría cortejando...
Al terminar estas deducciones, volvió a aparecer la primera paloma. Sacudió las alas y como enfrascada en un molde, quedó echa de piedra sobre el mismo cogollo vegetal.
Entonces el dictador se movió. Levanto su brazo izquierdo y con los dedos se acaricio una ceja. Elevó apenas el mentón en una actitud dubitativa y giro hasta encontrar la puerta.
Desde allí llamó a su consejero y solo le ordenó la inmediata ejecución del General traidor.

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