El Ventrílocuo

peregrino  - FANTASY - 460 words

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Summary

Cuando la fama no es tan positiva como parece...

Cuando la fama no es tan positiva como parece...

El Ventrílocuo

Pepín hacía su mejor esfuerzo para dibujarse frente al espejo esa sonrisa que no podría lograr naturalmente. Había finalizado su acto en el trapecio, ahora seguía el turno del clown con su compañero Nano. Ingresaría tirando ese carrito de donde emergería el bebote que el diminuto y anciano Nano representaba tan bien. La gente aún reía con esas humoradas primitivas, pero al circo le faltaba un número que impactara, que golpeara fuerte y los volviera a esos años donde todo era éxito y esplendor.
El sol había pegado fuerte en los trailers, por eso Pepín había tirado una manta para dormir iluminado por la luz de la luna. Observaba el titilar de las estrellas y buceaba en esos destellos en la búsqueda de una idea que le permitiera resurgir como el ave fénix.
No apareció de pronto, fue como si se hubiera ido hilvanando. Primero la idea del ventrílocuo; luego como superar la falta de técnica, después como diseñar el traje donde introduciría a Nano para que hablara por él…
El acto era tan perfecto, y el muñeco tan simpático, que pronto se hizo popular. La gente murmuraba asombrada sobre ese acto donde, parecía imposible pero así lucia: el ventrílocuo era tan hábil que lograba superponer la voz con la del muñeco…
Pepín era inmensamente feliz. Nano renegaba cada vez que tenía que meterse en ese traje y colocarse esa cabeza de papel y engrudo que sentía como una escafandra de buzo…
La fama del payaso fue creciendo tanto como el rencor que acumulaba el enano.
En sus ratos libres Nano se paraba frente a ese armazón que lo contenía en las actuaciones y lo maldecía una y mil veces. Toda la fama era de Pepín, él no solo no lograba el reconocimiento que merecía, sino que además, ¡no existía…! Era el secreto mejor guardado del circo…
La idea de Nano también se fue hilvanando de a poco. Pero ésta estaba cargada de odio, rencor y envidia, nada bueno podría esperarse. Por ello, Pepín tuvo el “accidente” en el trapecio y a partir de allí el acto del ventrílocuo era ahora llevado a cabo por un enano que balbuceaba torpemente las frases de un muñeco que era la perfecta imagen del antiguo payaso del circo….


Peregrino





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Comments

Esta muy bueno. A nadie le gusta no ser reconocido pero al enano se le fue la mano.
2011-12-06 08:37:24