Nullum Crime sine Lege

exstaciie  - PLAYS, PLAYSCRIPTS - 734 words

  • 96
  • 2
  • 0
  • 0

Summary

.

.

En el marco de una sociedad perfecta, donde “crimen” era una palabra obsoleta y recordada sólo por aquellos a quienes fue enseñada sin demostraciones ni un concepto definido, y donde el odio, sin embargo, continuaba sin ser erradicado, un hombre tomó un objeto ya inútil y lo miró con respeto. Sabía lo que era un arma de fuego, pues tenía un abuelo que había dicho conocer a un hombre cuyo hermano había disparado una. Sabía también cómo funcionaba y debía ser utilizada, pues recientemente había visto imágenes de hombres portándolas con dureza, acaso elegancia, y los había visto capaces de cometer atrocidades. Atrocidades cuya naturaleza, no es necesario agregar, este hombre jamás comprendería. La sostuvo con cuidado con sus dos manos, evitando empecinadamente tocar aquello que el otro hombre había llamado “gatillo”, a pesar de su torva aclaración “no está cargada.”
-Dímelo una vez más -murmuró-. ¿Qué es lo que piensas hacer con esto?
-Salvar a la sociedad. Liberarla de su tensión emocional. Quitar el tapón de la botella llena de realidad, que de algún modo está dada vuelta sobre sí misma y es ese mismo tapón el que impide que se… renueve –miró de pronto a un lado, con el ceño fruncido-. Digamos que no soy muy bueno con las metáforas –agregó, aligerando su gesto y su voz.
Chateau apoyó el arma nuevamente sobre la mesa. Sus manos temblaban ya un poco menos, libres de sostener lo que terminaría por transformarse en la causa de la definitiva pérdida de todo aquello por lo que sus ancestros habían trabajado. Una paz increíblemente efectiva, sí, pero en cierto modo incontrolable, a la que el hombre que aún estaba de pie había puesto fecha de fin.
-Acabar con esta gran farsa, con esta obra inútil que varias generaciones de hombres han escrito para Dios. Escribir de una vez el remate para el chiste que contarán algún día los nietos de nuestros nietos: “¿Recuerdas aquellos ineptos que creyeron tener el secreto para gobernar el odio?” –Chateau lo observaba sentado a la distancia, junto al pequeño contenedor del que Briand había sacado el arma -. Hacer que los hombres se quiten, por primera vez en siglos, el disfraz de santos, y que acepten la naturaleza que por tanto tiempo han negado. Que sean lo que deben ser, y que olviden esta malograda utopía de perfección.
-Ya. Saldrás a matar a un hombre para volver hombres a los hombres –sonrió con desdén antes de volver su rostro una mueca de desesperación:- ¡Matar a un hombre, por el amor de Dios! ¡Jamás había escuchado algo remotamente similar!
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Briand, un rostro que apenas había comenzado a demacrarse por el paso de los años pero que denotaba horas de pienso, horas de pequeñas letras en escasa luz, horas y horas de intentar arribar esquivas conclusiones que se escondían en el tiempo pasado, en algún punto perdido del recuerdo, donde los hombres todavía sabían odiarse con el mismo fervor con que ahora fingían respetarse. Quería recuperar aquel caos que los hombres habían olvidado, quería reinstaurar aquella vida voraz que habían sabido llevar. La vida real que habían perdido. Y en aquel sencillo objeto, en ese incomprendido ornamento de la realidad, se hallaba la clave para llevar a cabo su obra maestra.
-Tú lo has dicho –dijo, satisfecho-. “Matar a un hombre por el amor de Dios”. Pero no lo haré yo, Chateau. Sabes bien que no sería capaz de semejante barbaridad. Y tampoco lo harás tú, pues es increíblemente obvio el terror que sientes. Usaré a alguien. Encontraré una persona que esconda tanto odio como yo soporto ansias de novedad, y que esté dispuesto a dejarse llevar por ese odio, a deshacerse de aquello que lo incordia de una vez y por todas.
-Suponiendo que esa persona exista, Briand, ¿qué harás? ¿Lo convencerán tus metáforas inconclusas? ¿Lo convencerás como intentaste convencerme a mí, con esos desarraigados fundamentos de desorden?
Briand sonrió, jovial, y Chateau comprendió y admiró su capacidad de controlar las casualidades.
-Oh, pero no tendré que convencerlo –respondió, encantador -. Él se convencerá a sí mismo cuando comprenda que le estoy ofreciendo los métodos. Verá en mí la posibilidad, secretamente añorada, de llevar a cabo sus reprimidos y necesarios deseos.
-¿Necesarios? Querrás decir bestiales.
Briand se acercó a él, que aún estaba sentado y perplejo. Observó su rostro aterrado antes de esbozar una media sonrisa, cargada con conocimiento y pesar.
-No, Chateau. Quiero decir humanos.

Want to leave a comment? Sign Up

Comments

Altísima sintaxis, supervuelo literario, me encantó de verdad, final abrupto? no sé, sí sé que me gustó muchísimo.
2011-12-30 14:19:30
muchas gracias, Oscar! El final abrupto es porque inicialmente pensaba hacer más como "La historia completa", pero pasó tanto tiempo que me olvidé cuál era mi idea original. Así que redondeé lo que tenía y lo subí así. Gracias por el comentario alentador :)
2011-12-30 18:23:04