TONITO Y CLARA - III
Hernan A. Calvo - CLASSIC FICTION - 873 words
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Summary
Una historia que merece ser leída, refleja el amor de una madre a la cual le regalan una estrella.
Capítulo III
Durante todo el camino hasta la casa fue llorando, y no pudo dormir por los sollozos y el odio por el resto de la noche.
Le expresó: -Toni después de nueve meses de todo lo que pasó, el que apareció fuiste tú, el único hombre que tuve después de él.
Con el paso del tiempo, cada hombre que se le acercaba a ella sentía hostilidad, aversión, odio, pensando que cualquiera podía ser el padre de su hijo. A los cuatro meses de los carnavales, cuando ya no podía ocultarlo más, les confesó a los patrones lo de aquella noche.
Estos se enojaron muchísimo y estuvieron a punto de dejarla en la calle por semejante falta y tan grave. Por suerte debido a su buen comportamiento y con la ayuda de la señora Sara, la madre del médico, quien le rogó al matrimonio que recapaciten, diciéndoles que era una pobre chica decente, que había sido emborrachada y engañada por un mujeriego. Que comprendan su inexperiencia amorosa, debido a que ella nunca había tomado bebida alcohólica antes y tampoco había conocido a ningún hombre.
-Fue un gran disgusto pero justo a los nueve meses- le decía- naciste tu y pudo ver nuevamente su pelo, sus ojos y todo el odio que fue juntando en esos largos nueve meses. Le expresó: Hijo, la vida es así.
Se dio todo lo contrario, el odio que fue alimentando por él violador, se transformó en el instante en que dio a luz. Desde ahí, todo el amor que le tuvo a su hijo a partir de su llegada a su vida. Por eso hizo siempre lo que pudo, dentro de sus posibilidades para que nunca le falte nada.
Le dijo cierto día: - Ahora ya eres un hombrecito, llegaste a los catorce años, terminaste la escuela primaria, fuiste el hijo adorado que siempre quise tener, nunca pasé un mal rato por ti.
Él la había ayudado siempre desde chiquito en las cosas de la casa y ahora que ya era más grande, lo felicito, por el empeño que ponía, en mantener hermoso el jardín de la casona, además por el cariño con que cuidaba los animales de la casa. Tampoco dejaba de observar, como siempre estaba dispuesto a acompañar a los patrones a hacer sus compras al mercado.
Aparte le habló de su pasión por el fútbol, que la hacía muy feliz. Que veía muy bien que haga deporte, que le contaron que ponía mucha garra, además, le dijeron que era muy habilidoso jugando al fútbol.
Finalmente le comentó lo que escuchó días atrás.
Le dijo que había venido de visita a la casa el Doctor Castro, amigo del patrón y se notaba que era un gran amante del fútbol.
Que le escuchó decirle al patrón que había visto al chico de la casa jugar en un potrero. Que quedó impresionado con su juego, por la velocidad y sus gambetas.
Le propuso al Doctor, contando con su aprobación, que lo acompañe a hablar con los directivos del Cruz Azul, para que el muchachito juegues en la divisiones inferiores.
La cuestión, era cortar la tradición de muchísimos años, es decir que aunque no pertenezca a ninguna familia importante del pueblo, igual tenga por sus condiciones, un lugar en el equipo.
Si se llega a dar, le pidió por todos los santos, que nunca haga quedar mal al doctor ni a la familia. Y esto que le pidió, era un pacto de honor.
Diciéndole: - De mi parte te perdonaría todo, como lo hace toda madre con sus hijos, pero para ellos, la cosa es entre caballeros, espero que estés a la altura de las circunstancias.
Al final teniendo catorce años con el consentimiento del Doctor y de su madre, lo hicieron ingresar en las divisiones inferiores del club.
Éste, era el centro de todas las miradas, reuniones, sociales, políticas, fiestas, bailes y deportes. Todo el pueblo vivía y rondaba, alrededor del afamado Cruz azul.
Así, como les contaba, entró en la sexta de delantero, se jugaba el campeonato todos los domingos, a media mañana, contra otros cuadros de la liga.
Al poco tiempo, para verlo jugar, cada día se acercaba más gente, hasta que por su empuje y destreza, ya a los quince estaba en la cuarta división, por pedido de muchos hinchas.
Metía goles todos los partidos, al menos dos a tres por partido, el técnico decía, que tenía una habilidad tremenda.
Al verlo jugar, que le recordaba a los grandes jugadores: Velocidad mental, viveza en la entrega, siempre bien parado en la cancha, juego fuerte pero con nobleza, una sangre de aquellas, a su edad… rarísimo.
Parecía un jugador con muchos años de experiencia, hacía gambetas geniales pero únicamente cuando era necesario.
Su juego era rapidísimo, cuando picaba con la pelota por la punta, por derecha o por izquierda, dos o tres compañeros siempre corrían al centro del área, donde seguro recibían de Tonito un pase milimétrico, que terminaba en la red.
Era un gran chico, súper correcto, se hacía querer por todos sus compañeros y también por los rivales, la tribuna lo idolatraba y eso que aún estaba en las divisiones inferiores.
Pasó el tiempo y justo un domingo, llegó el ansiado día. Cumplía dieciocho años, recién ahí estaba habilitado para jugar en primera.
HERNAN A CALVO
Derechos de Autor 2010
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