Papelitos
peregrino - FANTASY - 877 words
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Summary
De como la cultura puede determinar el distinto valor de los bienes...
Papelitos
“-PICHINGALLO MONTA A CABALLO
CON UNA PIERNA CORTADA AL TALLO.
-¿QUIÉN SE LA CORTÓ?- LA PERRA VIEJA.
-¿QUÉ S´HIZO LA PERRA VIEJA? – SE JUE A´USCAR AGUA.
-¿QUÉ S´HIZO L´AGUA? – SE LA TOMARON LOS GÜEYES.
-¿QUÉ S´HICIERON LOS GÜEYES? – SE JUERON A ARAR.
-¿QUÉ S´HIZO LO ARAO? – SE LE SEMBRÓ TRIGO.
-¿QUÉ S´HIZO EL TRIGO? – SE LO COMIERON LAS
GALLINAS.
-¿QUÉ S´HICIERON LAS GALLINAS? – SE JUERON A PONER
GÜEVOS.
-¿QUÉ S´HICIERON LOS GÜEVOS? – SE LOS COMIERON LOS
FRAILES.
-¿QUÉ S´HICIERON LOS FRAILES? – SE JUERON A DECIR
MISA.
-¿QUÉ S´HIZO LA MISA? - ¡SE VOLVIÓ CENIZA!”
Ronda infantil neuquina
Cuentan los lugareños que fue bautizado Alberto en honor al patrón de la estancia. Lo llamaron “El Albertito” en su infancia. Era digno descendiente directo de uno de los seis mil indígenas que lograban sobrevivir allá por los años setenta en aquel rincón de la provincia de Neuquén.
Criado a puro trabajo tenía como único solaz y esparcimiento deleitarse con las vistas del volcán Copahue. Su rostro había comenzado a evidenciar en arrugas, desde muy joven, las consecuencias del clima seco y ventoso.
Ya de adulto pasó a ser llamado “El Alberto”. Se casó con las formalidades Mapuches. El “curritún” se hizo sobre las tradicionales mantas de colores donde se depositaron los alimentos y utensilios que constituían la dote de la novia. La ceremonia se realizó con la pareja mirando hacia el Este, tal como lo establecía el ritual.
A partir de allí sería “Don Alberto” o más bien “Don Berto”. Se sentía orgulloso de su condición y ese Don sonaba a sus oídos como el mejor de los elogios de reconocimiento.
Bautizaron con el nombre Mapuche Aylin a su primer bebe en honor al cielo increíblemente claro y transparente que ellos admiraban.
No sabía leer ni escribir pero tenía la capacidad suficiente como para saber que su única hija debería ir a la ciudad a educarse. Solo lamentaría que a partir de allí vendría a visitarlo únicamente en época de vacaciones.
Don Berto era reconocido por antigüedad y experiencia. Había comenzado a sentir el peso de los años, pero solo sabía trabajar y eso era lo que hacía. Se sentía satisfecho por lo que había logrado: tenía una familia, un rancho y trabajo. No precisaba nada más. No tenía otras aspiraciones, tampoco tenía a su alcance ningún medio que le permitiera ver cuantas tentaciones le podrían ser ofrecidas…
Una tarde seca y soleada, en la que recorría los bordes del río Agrio, percibió entre el bosque de araucarias un reflejo que le llamó la atención.
Ya estaba por ponerse el sol, apuró la marcha; no quería escuchar los rezongos de la Doña por llegar tarde a la cena.
Comenzó a ver trozos de chapas de colores, uno de ellos era el que provocaba el resplandor. Vino a su mente la imagen de uno de esos aparatos que solía ver pasar, para él casi mágicamente, por la zona.
Se habría accidentado hacía mucho tiempo porque del piloto solo quedaban
la osamenta, algunos hilos de lo que podría haber sido un poncho multicolor
Y unas botas de cuero que le vendrían muy bien. Se sintió afortunado.
Continuó revolviendo con la esperanza de encontrar algo más que le pudiera servir a su esposa o hija o, quizá, para el rancho.
No pudo hallar demasiado. Solo un portafolio metálico, que le costó muchísimo abrir, pero que no pudo resistir la fortaleza con la cual lo arrojaba contra las piedras. De pronto, al lograrlo, salieron despedidos un montón de papeles. Eran todos iguales, tenían el dibujo de una cara, unos números y una tonalidad verde que le agradaron mucho. Dudó en que pudieran tener utilidad. De pronto se le ocurrió que podrían decorar adecuadamente las paredes de la habitación destinada a su preciosa hija…
De vuelta en el rancho le comentó la idea a su mujer y, entusiasmados ambos, prepararon el mejor pegamento de engrudo que pudieron hacer. Les llevó poco tiempo pero quedaron maravillados con el cambio que habían logrado, seguramente su hija se pondría sumamente feliz.
Lamentablemente la reacción de Aylin no fue la esperada. Ella no supo evaluar adecuadamente el desconocimiento y la intención de sus padres y optó por abalanzarse sobre los billetes de dólar para procurar, inútilmente, recuperar alguno…
Peregrino

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