Mi paraíso
Dannilú - ROMANCE - 991 words
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Summary
Para Samantha
La noche ya estaba avanzada y yo aún seguía leyendo.
Por más que intentaba concentrarme, aquella música incesante no me lo permitía.
Sabía perfectamente de donde provenía, pero traté de no pensar en eso.
Los minutos seguían corriendo y esa música se apoderaba de mis sentidos y me desenfocaba completamente. Mis labios antes de leer, cantaban sus canciones y no lograba concentrarme. Pensé muy seriamente en pedirle que bajara el volumen, pero no me atreví.
Intenté continuar con mi tarea una vez más, pero no pude;
Unos pocos minutos después me armé de valor y salí a su encuentro.
Caminé por el pasillo ya oscuro mientras repetía con nerviosismo en mi mente: -¿Podrías bajar el volumen por favor?- y después saldré de prisa- dije en voz alta.
Me topé de frente con su puerta, la cual estaba ligeramente abierta; asomé mi cara y pregunté temerosa: ¿Estás ahí?... la música sonaba tan fuerte que ni siquiera pude escuchar mi voz.
Me atreví a entrar sin invitación y me dirigí hasta el estéreo, un frío silencio invadió la habitación tres pasos antes de llegar, me quedé inmóvil y escuché un ruido…
Un sonido suave y lento salió del reproductor de música, miré hacia otra habitación y percibí una luz encendida.
Traté de controlar mi curiosidad pero no pude. Mis pies se movieron prácticamente solos hasta esa habitación.
La puerta estaba entreabierta, un espeso vapor salía del lugar y el sonido del agua que corría me hizo darme cuenta de que se trataba del baño… de su baño.
Mi corazón empezó a palpitar tan rápido como nunca, quise dar vuelta atrás, pero una vez más, no pude. En vez de eso, asomé un ojo por la puerta y ahí estaba ella…
Admirar su belleza fue como ir al cielo; se bloquearon todos mis pensamientos y se despertaron mis sentidos, la música lenta seguía tocando y ella comenzó a seguirla con su cuerpo. Dibujaba curvas en el aire con sus caderas y sus manos empezaron lo que a mi me pareció el paraíso.
Me regaló la visión de su cuerpo cuando poco a poco fue quitándose la blusa. Su blanca piel quedó al descubierto, lucía radiante entre el vapor y la luz ámbar… pensé en cerrar los ojos, pero me fue imposible.
Ella sin notar mi presencia siguió moviéndose al compás de la música. Se soltó el cabello, el cual vistió a sus hombros de color chocolate, lo sacudió y se miró al espejo; seguramente pensó lo mismo que yo: En lo bonita que era, porque sonrió.
Fue entonces cuando se llevó sus manos hasta el pantalón y lo desabotonó lentamente… empezó a bajarlo moviendo sus caderas al sonido de la música, la cual ahora más que aturdirme, me parecía de fondo.
Lo fue bajando tan lento que me parecieron eternidades… cuando por fin éste se encontró en el suelo pasé saliva con dificultad y me maraville ante aquello que estaba viendo.
A su silueta apenas la adornaban dos pequeñas y finas prendas. Me estremecí al pensar que pronto no habría nada que opacara la belleza de su cuerpo.
Mi frente se surcó de un sudor helado; sabía que lo que hacía estaba mal… pero por ningún motivo podía irme.
Esperé ansiosa e inmóvil mientras ella se miraba al espejo, durante la espera traté de no respirar muy seguido con el fin de que ningún sonido delatara mi presencia… la admiré de nuevo y desee tocarla.
Cuando vi lo que pretendía hacer, miré hacia abajo, de pronto mi respiración se volvió agitada y perdí un poco el equilibrio. Miré fijamente el suelo y vi como aquellas dos prendas abandonaban su cuerpo y caían al suelo.
Mi corazón parecía salirse de mi pecho y mi boca se quedó completamente seca. Subí la vista y por fin conocí la perfección de su cuerpo desnudo.
Ella avanzó hasta la ducha y curiosamente no cerró la cortina, yo agradecí ese hecho y me pegué más a la puerta.
El vapor se impregnó en su cuerpo y el agua caliente la invadió toda, mientras ella me mostraba con sus manos la belleza de su figura.
Sudé ante aquella imagen y me di cuenta del calor que tenía… de pronto su voz dejó escapar ciertas palabras que me llenaron de adrenalina.
-¿Por qué no pasas?- dijo con su voz tan dulce.
No contesté y de nuevo evité respirar.
-¡Entra!- habló de nuevo.
Me armé de valor y abrí la puerta decidida; ella salió de la ducha y caminó firmemente hasta quedar frente a mí.
Me pregunté en que momento supo que yo me encontraba ahí, mirándola, pensé en preguntárselo pero su imagen me tenía muda.
Me miró con sus pequeños ojos cafés y me regaló una sonrisa. Pensé en lo bonita que era y mi mente quedó inundada de su aroma y hermosura.
La tome de la cintura y busqué sus labios. Su cuerpo mojado se pegó al mío y me pareció sentir de nuevo el paraíso.
Nuestros labios se enlazaron y un sabor a miel me invadió los sentidos; de pronto me separó de ella y me miró de pies a cabeza; me ayudó a despojarme de mi ropa y m soltó el cabello, el cual cubría entera mi espalda. Se posó detrás de mí, despejó mi cuello de cualquier rastro de cabello y comenzó a besarlo
Una oleada de calor y deseo me llenaron completamente.
Me tomó de la mano y me llevó hasta la ducha. En un abrazo nos posamos bajo el agua caliente, mientras permitíamos que ésta nos tocara el cuerpo. Sentí el calor del agua, el calor de su cuerpo y pensé que no había nada mejor.
Desee con todas mis fuerzas que aquel momento no terminara nunca. Me miró a los ojos y cerramos la cortina.
Lo que siguió fue el mejor beso que había experimentado jamás, me tocó el cuerpo con sus manos mojadas y yo me dejé llevar ante el fuego que me provocaba su lengua, su piel rozando la mía me hacia sentirme en el cielo. Por un momento me pareció estarlo, pues sin duda alguna ella era mi paraíso.

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