Carta
Aisou - ROMANCE - 813 words
- 262
- 0
- 16
- 1
Summary
The author hasn't published a summary of this work.
Carta©
Estimada Tú:
Nunca pensé que te escribiría estas líneas. Juraba por mi vida que todo sería perfecto hasta el día en que dejara de respirar... Y yo que pensaba que ya no tenía lágrimas...
Era tal la felicidad que invadía mi corazón que pensaba que nunca más volvería a sentir estas pequeñas y saladas gotas emprender una carrera por mi rostro hasta consumirse en la comisura de mis labios.
¡Arden! Mis ojos arden cuando las lágrimas brotan en ellos. Hace tiempo que no lloraba y mucho menos por ti. ¿Es acaso este ardor sicológico? Se supone que llorar te alivia, pero a mí me causa aún más dolor. No puedo estar sin llorar desde que me quedé solo, sentado en la esquina de mi cama, viendo como mi día se apagaba y el frío se colaba por la ventana, con la vista clavada en aquél árbol, ése que fue y será eterno testigo del nacimiento de nuestro amor... Ese mismo árbol que hoy por hoy el invierno terminó de desojar.
Dices que mi amor se apaga poco a poco… ¡Ja! ¿Acaso yo tengo la culpa? Yo no lo estoy apagando. ¡Algo me ahoga! Alguien está ahorcándome desde el interior de mi cuerpo; no puedo respirar, no puedo tragar la saliva que genera mi boca al tragar mis propias lágrimas. Siento que quiero gritar, pero no creo que tenga voz ya.
Jamás había entendido a la gente que llora por todo… Esas personas que chillan como unos niños asustados, pero hoy sí. Hoy, luego de ese puñal de bronce mal cuidado en mi espalda he sentido la necesidad de tirarme al suelo y patalear mientras me desgarro la garganta vociferando mil "¿Por qué?".
No sabes lo que es estar en mi lugar, porque no eres yo. Tal vez cuando leas esta carta sientas cierta empatía, incluso puede que te de pena, pero jamás entenderás cómo duele el que mi corazón se siga despedazando poco a poco, lenta y tortuosamente, como atacado por una sola y pequeña aguja que disfruta el festín del carmesí emanando de mi dolor.
Es imposible saber qué siento ahora. La desesperación me está matando. ¡Ya ni siquiera soy capaz de articular palabras! Es por eso que con esta hoja de papel que encontré tirada bajo el catre donde anoche no pude dormir y con este lápiz que me diste en Navidad intento expresarte lo que ni yo mismo puedo entender. Es tal la confusión en mi interior que a duras penas puedo entender que no es mi culpa.
¡Clásico! Simplemente clásico... Siempre termino por culparme de todo, nunca tienes la culpa de nada. Siempre soy yo el que hace mal las cosas y si no, mi subconsciente busca la manera de anclar tus acciones con algún posible error de mi parte en el pasado. ¡Pero ya no más! La culpa esta vez no es mía. ¡Es toda tuya! Y no pienso cargarla yo también. Si bien te amo, no sé si pueda llegar a perdonar... La confianza es algo tan fácil de destruir y más si es por segunda vez.
No quiero que sufras por mi culpa, pero quiero que me dejes solo para entenderme a mí mismo, para saber qué debo hacer… No te preocupes, me volverás a ver. Pero quiero que mientras leas esta carta pienses en que por ti todo este tiempo he intentado cambiar y aparentemente lo he logrado, así que si pensabas que soy predecible, lamento destruir tu nube, porque ni siquiera yo sé qué va a pasar.
...
¡No es justo! ¿Simplemente nunca me podré enojar? ¿Acaso por el hecho de amarte incondicionalmente no puedo permitirme un poco de orgullo personal?... ¡Ja! Ahora mis amigos se van a reír de mí... ¡Tantas veces que les dije que estas cosas no se perdonan y yo estoy igual que ellos!... Era verdad lo que decían, yo no los entendía. Nunca había estado tan enamorado de alguien como para poner en juego mi autoestima por aquella persona y nunca creí que lo estaría, per heme aquí, sentado en mi oscura habitación, con lúgubres coros acompañándome en mi dolor, debatiendo incluso con Dios mi forma de actuar...
¡Hasta he deseado matar por ti! Siempre lo dije como broma, pero ayer anhelaba tener su cuello entre mis manos, sentir cómo se desprendían las vértebras, oír el crujir de su tráquea y disfrutar del enrojecimiento de sus ojos y sus ahogados alaridos carmesí. Quise gritarle en su último hálito de vida "¡Ya no más! ¡Ya nadie más me va a dañar!"... A Dios gracias por no conocerlo, porque sino lo más probable es que te estuviera escribiendo desde el mismísimo infierno.
...
Bueno, pues parece que ya he dicho todo... Tan sólo quédate tranquila, que yo necesito pensar en todo lo que me acabo de enterar y lo que está a punto de pasar.
Atentamente.
Yo.







