"Lágrimas"

El Matzy  - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 383 words

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Summary

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Eran tiempos de estío, encarnados en capullos de predisposición y añoranza, donde todo era posible con un simple par de palabras.
Regocijados en su propio cielo inmenso, majestuosa unión de almas, celadas por ambas miradas, en un infinito instante de confianza.
Conscientes de que la eternidad no reinaba sobre la vida y así tampoco sobre la muerte, predicaron lanzarse sobre las garras de un futuro incierto, pero resguardados por la seguridad de que el respiro del otro estaría en su espalda.
¿Quién pudiera predecir el anacrónico juicio de la incertidumbre o conformarse con la predicción de lo obvio? ¿Quién es capaz de afirmar cuanto tiempo abarca algo fugaz?
Ahora sí, todo estaba dicho, por más que las palabras nunca se hayan dicho, por más que las palabras nunca se hayan escurrido de los labios, manchados con cenizas de memorias, el destino osó atropellarlos, desnudos con su inconsciencia, marchitando así la inatrevida despedida.
Ella había jurado a su propia imagen no olvidar y no sobrepasarse con un sangrante y latente recuerdo; el día en que la cruz llore al desgano.
El, en cambio, prometió al viento no encontrarse con que su soledad lo sorprendería con una evidencia de cristal en su rostro, afirmando el dolor recubierto por su semblante.
La promesa fue escuchada por el viento en la lejanía, pero no fue éste el que la raptó, sino el olvido y el tiempo, implacables verdugos del dolor.
Un par de frías lágrimas lo descubrieron antaño, para luego desbordar un mar de salados puñales; y cada vez que uno era vertido, a su tiempo eran incrustadas en su alma, quemando su falso orgullo, el mismo que algún día estuvo en un pedestal de obstinación ardiente, ubicado más alto que el propio amor.
Miles de días y lágrimas fueron ofrecidos al indiferente suelo hasta que la Muerte tocó su hombro con suavidad y respeto por aquel hombre que había caminado por el sendero de la equivocación, un alto precio que no podía ser pagado ni con el más profundo arrepentimiento.
Una mañana otoñal lo espió desde la puerta, para encontrar su cuerpo con los ojos abiertos, empapados en vacío, sobre un charco de devoción a esos tiempos de estío.
Su llama se extinguió no sin antes comprender que a veces el orgullo aventaja al llanto en años de discreción y eso simplemente puede ser, o no…un pecado.

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