Más allá del alambrado

Gideon Kramer  - FANTASY - 486 words

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La bestia dormía y el mañana no sería igual al ayer. Ya no. No más madrugadas de sábanas rajadas, pies descalzos y narices entumecidas; Xhelazz los había librado.
-Son libres, pequeños mamíferos, venid conmigo -dijo el extraterrestre, al romper las últimas cadenas que mantenían ocultas las divinidades de otro mundo, más allá del alambrado-. Entrad aquí. Pasad.
Sus ojos verdes y compactos parecían sinceros, al igual que sus palabras. Sus brazos esqueléticos sostenían un aparato gris que proyectaba una ventana. Una ventana mística, masculló él, un pasadizo que los llevaría lejos, ¡muy lejos de ese campo!
-Os llevaré a un mundo de juguetes, magias y colores. Os nunca volveréis a trabajar. No más castigos. No más responsabilidades -tomó un soplo de aire y finalizó muy lentamente, saboreando cada letra-. ¡No-más-adultos!
Aquellas fueron las palabras que movilizaron al pequeño grupo. Xhelazz dio un paso hacia el costado y el orificio tridimensional comenzó a expandirse hacia los lados, como si intentase consumirlo todo, y, uno por uno, los niños de la familia Clubts, fueron saltando a su interior; como ovejas amaestradas.
El destello boreal que irradiaba esta conexión entre dos mundos hacía que los ojos sin iris del extraterrestre se tornaran de un color ácido. Todos los árboles y arbustos de la zona se agitaron con ferocidad; uno salió desprendido de raíz y quedó atrapado entre las púas del alambrado. Luego otro. Y así hasta que los alambres se cortaron y dieron paso libre a la arboleda.
-¡Id y buscar otro lugar! ¡Son libres, hijos de la tierra!
Una vez que los siete niños hubieron cruzado, Xhelazz cerró el portal y se volvió hacia la granja. Miró el establo y contempló un brazo manado en sangre, que asomaba de la entrada. Eran las garras de la bestia…
-¡Mis hijos! -gritó ésta.
Xhelazz alzó una mano y una especie de aura azul cobalto lo envolvió mágicamente. Se elevó en el aire, a medio metro de la tierra, y se trasladó bajo la noche, hacia los ojos encendidos de la fiera.
-¡Bestia reptante! -sentenció el extraterrestre, y le posó una mano de tres dedos sobre la nuca-, tu trabajo ha terminado. Tus servicios ya no serán requeridos.
La criatura comenzó a convulsionar, y el aura azul, que ahora recubría el cuerpo de ambos especímenes, emitía destellos verdes, rojos y amarillos, mientras Xhelazz fruncía las cejas puntiagudas, denotando algún tipo de concentración psíquica inhumana.
De la nada, la granja comenzó a envolverse en llamas. Las llamaradas subieron por las maderas y se desplegaron por el techo de paja que cubría el establo. Los caballos relincharon amargamente antes de yacer calcinados bajo el fuego.
Xhelazz desapareció en la absurdidad de un hoyo negro recortado contra el cielo, mientras a sus espaldas, la bestia continuaba serpenteando. Una fracción de segundos después, y antes de que el fuego le tomara los tobillos, la criatura vomitó; sus órganos se habían hinchado y explotaron vorazmente: sin lugar a dudas, terminando con su vida.

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Comments

Que buena historia, me encanto. Lee mi cuento Escritor de Sueños y Pesadillas.
2010-03-25 12:56:59
Muy buen relato, saludos
2010-04-06 16:12:30