El Espejo
Urm_At_Awil - THRILLER / SUSPENSE - 831 words
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Summary
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-Tienes razón, todo éste tiempo he escrito acerca de mí. La mayoría lo hace, no tengo porque ser la excepción. -El tictac del reloj de pared amenizaba la conversación-. Creo que lo hago porque es la única manera de exorcizar mis demonios... mi mundo.
El timbre sonaba con insistencia. Voces del otro lado de la puerta, pasos inquietos. El tiempo se agotaba.
-Tienes que abrir, ya saben que estamos aquí. -El frío se escurría por debajo de la puerta haciendo más incomoda la habitación-. Tenían que dar conmigo en algún momento; no pensé que iba a hacer tan rápido. Ya no sé que decir, todo ésta escrito ahí. -Un dedo señalaba el pequeño cuaderno que reposaba en la mesa-. Tal vez deberías quemarlo, no veo razón para conservarlo, yo lo hubiera hecho... pero no poseo la suficiente fuerza de voluntad; me da miedo perder todo mí trabajo. Son muchas horas invertidas en esos papeles.
Más pasos apresurados, el sonido de algo pesado que era dejado en el piso de madera. Alguna que otra risilla se captaba en la algarabía del otro lado del umbral de la entrada. Eran muchos, nunca se habían reunido así, o mejor dicho nunca los había visto reunirse en un número tan grande. Las ventanas permitían ver el perfil de varios de ellos, las cortinas ocultaban sus rostros, los gruesos y macizos barrotes les impedía el ingreso a la casa. Jonathan reía al verlos.
-No me mires así, no es mí culpa. Tengo miedo, mucho miedo, he visto cosas que... sí tan solo tuviera la fuerza para acabar con mi vida. Por Díos, Pablo tengo miedo... mucho miedo. -Cogiendo el cuaderno y abriéndolo al azar, comenzó a recitar-. Extrañas las formas que caminan alrededor de nuestro plano existencial, y más aún su horrible gusto por cebarse con nuestros sentimientos y emociones, porque de ellas encuentran el sustento a su famélica existencia. No conocen otra forma de aliviar el horrible peso del vacío que habita sus cuerpos; son devoradores de la energía que emana de nuestro ser. Ellos desean entrar a nuestro mundo y consumir todo lo que a su paso encuentren, y de nada servirán nuestras armas y nuestros conocimientos. Ellos no son como las cosas de éste planeta, no sé como explicártelo, son... invisibles, pero tienen forma, y esa forma es horrible. -el timbre dejó de sonar y un extraño silencio cobijó la escena.
Tirando el cuaderno a un lado, miró hacia la puerta, se levantó del piso y caminó muy despacio hasta colocarse a una prudencial distancia; sus oídos escudriñaban la densa capa de quietud que brotaba de la puerta cerrada. Nada, solo eso; la nada había llegado a hacerle compañía al pelotón que maquinaba sus terribles tácticas para irrumpir en la casa. Era el momento de pensar en quemar el manuscrito. Tomando las cerillas del bolsillo de su camisa miró a su acompañante.
- ¿Harías los honores? Vamos, no me hagas esto. Pensé que iba a contar con tú ayuda. Quisiera no haber visto... Dejarán que conozcamos su condena, la muerte huirá de la tierra. Ayúdame, abre la puerta. Deja que me lleven y acaben conmigo. ¿Qué sentido tiene seguir viviendo? -La gélida noche gemía con una melancólica brisa. La luna se ocultaba del triste espectáculo que se presentaba ante ella.
- ¿Será que creyeron que no estábamos aquí? Voy a abrir la puerta. -Con paso decidido completó el corto tramo que lo separará de la salida. Su mano giró el picaporte y miró el solitario porche de entrada. Solo unas hojas revoloteando al silencioso ritmo nocturno.
-Dejarán que conozcamos su condena... la muerte huirá de la tierra, nada de eso es mí culpa. Yo no los he llamado. Yo no he abierto la puerta cerrada. Ellos encontraron la manera de traspasar el umbral. Yo no he sido el culpable.
El tictac marcaba un ritmo maldito, monótono, enfermizo.
-Te quiero. -Los sollozos comenzaban de nuevo; tanto tiempo juntos y nunca lograba controlar sus lágrimas. El muchacho caminaba de nuevo hacia el espejo.
-Dejarán que conozcamos su condena... la muerte huirá de la tierra, nada de eso es mi culpa.
-Yo sé que nada de esto es tú culpa. Jonathan, como quisiera que las cosas fueran como antes.
- Ellos encontraron la manera de traspasar el umbral. Tienen hambre, mucha hambre.
Tomando su sitio en aquel grotesco espectáculo, Sonia lloraba mientras su hijo repetía su incansable rutina. Nunca había variaciones. Día tras día la escena se repetía y Sonia esperaba ver algún cambio en su pequeño. Recuperar el niño que se perdió en extraños mundos, el niño que noche tras noche sufría la horrible condena de vivir en el infierno. Mientras su hijo se miraba al espejo y hablaba consigo mismo, Sonia cubrió su rostro y lloró desconsolada.
-Tienes razón, todo éste tiempo he escrito acerca de mí. La mayoría lo hace, no tengo porque ser la excepción.






