Coma 4
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Summary
Coma 4
El siete de Septiembre de 1979 me golpeé fuertemente la cabeza al caer de un caballo desbocado.
Coma 4
El siete de Septiembre de 1979 me golpeé fuertemente la cabeza al caer de un caballo desbocado.
Habíamos ido, con varios compañeros del industrial, a pasar el día a un campo de mis abuelos.
Y tuve la mala suerte de que el vigoroso potro que me dieron, tenía una bajísima tolerancia a los golpes certeros, repetidos, de la fusta.
El animal salió disparado como un descontrolado misil, y a los trescientos metros, aproximadamente, de una demencial carrera, me despidió violentamente de su poco acogedor lomo. Pegue con la cabeza en un poste del alambrado y quedé, inerme, tirado en suelo.
Entonces el dolor, el susto, la hinchazón del cráneo, junto con otros inequívocos síntomas de conmoción cerebral, dieron paso a las nauseas, mareos y finalmente la pérdida del conocimiento.
Recuerdo la sensación de entrar en coma, extraordinariamente similar a introducirse lentamente en una bañera llena de agua tibia.
El calor poco a poco va ganando el cuerpo, lo afloja; traslada la mente a un estadío de suspensión de percepciones físicas.
Luego de unos instantes de desorden y confusión, todo empezó a aclararse, suave, sutilmente.
Tuve visiones psicodélicas ( las llamo así a falta de un término que describa mejor lo que realmente estaba experimentando ), a las que atribuí en un primer momento un significado místico. Recuerdo que traté, infructuosamente, de asociarlas con los iconos clásicos de la religión judeocristiana, en la cuál me formaron de niño.
Pero al transcurrir el tiempo, percibí que nada tenían que ver con fenómenos religiosos.
Creo que era una especie de conexión con los recuerdos que aloja la memoria colectiva. Una libre interpretación de los eternos mitos; Atemporales leyendas que en repetidas ocasiones atormentaron a generaciones enteras de seres humanos.
Normalmente nos enteramos que la ausencia de un sentido determinado, potencia a los demás; por lo general el caso de los ciegos, que demuestran un oído, olfato y tacto fuera de lo común.
En mi caso particular, supongo que la anulación de los cinco sentidos liberó sorprendentes propiedades, ocultas bajo el peso del mundo físico, en lo más profundo de mi mente; o tal vez mi alma.
Conocí el verdadero sentido de la palabra libertad. Libertad de la mente, del cuerpo, del espíritu inmortal. Dominio y control absoluto sobre el tiempo y el espacio.
Un torbellino de percepciones atravesaron, curiosamente encadenadas, mi campo visual sumiéndome en un estado de estupefacta contemplación.
Millones de extravagantes fragancias acompañaban las visiones, mientras sonidos dulces como la más exquisita melodía barroca anegaban mis agradecidos oídos.
De pronto, la palpable certeza de que había muerto.
Si esto era verdaderamente la tan temida y vilipendiada muerte, me di perfecta cuenta de que era absolutamente maravillosa. Plena felicidad, paz interior y sentimientos de excelsa pureza.
Inmediatamente después que asumí mi muerte física, vi un túnel oscuro que me invitaba, seductoramente, a entrar en él. Sabía que debería atravesarlo para llegar a la vida verdadera, la vida eterna prometida por las diversas religiones de la humanidad.
Crucé el túnel despaciosamente, acompañado por un grupo de seres luminosos que me inspiraban paz y tranquilidad. Al final del túnel celestial me aguardaba una refulgente luz.
La luz, cálida y acogedora, brillante como ninguna otra que hubiese visto yo jamás, me habló con palabras portentosas.
Dijo: "Pequeño Ismael, has venido a mi presencia antes de tiempo. Nunca permití que nadie partiera en la víspera. Hijo mío, ahora conoces los secretos que desvelan a tus congéneres. Vuelve a tu cuerpo mortal y divulga lo que has aprendido. Que el resto de tu vida física sea un ejemplo para los demás. Glorifícame con tus palabras y tus actos."
Dicho esto, la luz fue diluyéndose lentamente, hasta casi desaparecer; mientras yo ingresaba nuevamente al largo túnel que hacía las veces de frontera tanática.
Los seres luminosos se despidieron cantando a coro una espléndida versión de "la cucaracha" y yo, visiblemente emocionado, me alejé del túnel lentamente.
Al salir del oscuro pasaje, me hallaba en los confines del espacio sideral. Desorientado, acudí a la posición de las estrellas para ubicar el rumbo a seguir.
Empecé a bajar a gran velocidad. Flotaba en el universo y veía a lo lejos una maravillosa esfera azul que iba aumentando de tamaño velozmente.
Ya podía reconocer los continentes bajo las traslúcidas nubes que cubrían mi planeta materno.
Atravesé la atmósfera sin dificultades, y me encontré sobrevolando el sitio en donde había caído golpeándome la cabeza.
A lo lejos reconocí mi cuerpo inmóvil en la fértil pradera y me dispuse a volver a la carnal envoltura de mi inquieto espíritu y así, poder cumplir la importante misión que me encomendara, minutos antes, el Ser Supremo.
Pero al acercarme, vi que el caballo que me tirara de manera tan violenta, un equino portentoso de árabe ascendencia, estaba sometiendo mi cuerpo a sus bajos instintos. Esta visión me paralizó.
Mi cara física tiene una extraña mueca de felicidad.
Voy a esperar un rato a que termine. Me da un no se qué interrumpirlos.

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