La mandíbula de acero
Gideon Kramer - THRILLER / SUSPENSE - 429 words
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Summary
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La niña se arrastró hacia la luz, a través del esófago del dinosaurio. Al cabo de unos segundos, su madre se alegró al verla asomar el rostro. Otros niños jugaban y correteaban en la arena, alrededor del monumental T-Rex de plástico despintado y chapa carcomida. Como si el encargado de diseñar aquella atracción hubiese sido alguna clase de pedófilo retorcido con brotes de zoofilia, la entrada al juego comenzaba bajo la cola del animal, donde, sin necesitar estudios de anatomía paleozoica, se encontraba el ano. Por suerte, su recorrido acababa en la boca (mandíbula de metro y medio que descansaba junto a unos toboganes oxidados). Aunque valdría mencionar que los dientes inferiores del reptil eran algo puntiagudos (y por lo tanto peligrosos) para algunos niños menores de seis años.
"Podría agarrarle tétanos, si los dientes no son de plástico", pensó Elena, mientras observaba como su hija brotaba de la garganta del tiranosaurio, "mejor me apresuro antes de que...".
La niña gritara.
La piel del dedo índice se le abrió en dos y la sangre cubrió el diente tiñéndole la punta.
Estefanía rompió a llorar, alterando así a otros niños que venían detrás de ella; los cuales también soltaron lágrimas al ver cómo ésta agitaba los brazos llamando a su mamá.
Estela apretó el paso y tropezó con la cadena que separaba el arenero de los juegos con los bancos para padres. Al caer, enterró el mentón en la arena húmeda (de seguro a causa de orines, no necesariamente de animales) y se mordió la lengua cortándosela en dos. Seguía oyendo los gritos de su hija por encima de los suyos propios. La niña había subido el tono al verla caer como empujada por el diablo. Y, oh, toda esa sangre que manaba de su boca...
Los otros chicos salieron huyendo despavoridos de la gigantesca mandíbula de plástico.
-¿Pod... qué... no... sa... sa..sadís...?
La niña no salió, continuaba correteando adentro, desquiciada por su dolor, ahora potenciado por el de su madre. En uno de sus exagerados aleteos, dio los puños contra la encía superior del animal. Un sonido metálico y resonante le apabulló los oídos.
"Eso no es plástico", pensó la madre, en una bruma de dolor semiconsciente, "para nada… ".
Y como si hubiera sido poco, la niña tropezó con un zapato que uno de los otros niños había dejado atrás y cayó de espaldas contra la comisura izquierda de los labios, quedando atrapada, con la mitad de su cuerpo fuera del orificio. La boca del dinosaurio se cerró y Estela pudo reconocer, amargamente, el ajetreo musical de los huesos de su hija haciéndose añicos al instante.

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