La Promesa
peregrino - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 1674 words
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Summary
Cuando una nota te permite descubrir una historía que cambia la imágen de un ser querido y además te salva la vida...
La Promesa
Hacia horas esperaba la autorización de despegue. Las condiciones climáticas hacían imposible operar. Allí estaba, sufriendo la terrible contradicción de combatir por algo que sentía propio y el muy oculto temor de perder la vida. El Superetendard equipado con misiles Exocet le daban confianza y seguridad.
Resultaba increíble, realmente increíble. Era el momento en el que esperaban dar los golpes más duros. Estaban preparados y listos. Las condiciones del tiempo eran óptimas, de pronto: la tempestad.
Estaba en esa tensa espera cuando recibió la triste noticia: Su abuelo había fallecido. Lo había dejado enfermo, sabía que era un cáncer terminal. Nunca imaginó que no lo volvería a ver. Lo licenciaron inmediatamente y lo regresaron a Bs. As. en un viejo setecientos siete reacondicionado para el transporte de tropas y carga.
Allí estaba, inmóvil frente a ese sobre blanco. Concentrada su mirada e hipnotizado como frente a una llama. Con ese aturdimiento que produce el no haber dormido. Sacudido todavía por el dolor.
Su abuelo tenía un nombre común, se llamaba José. Fue lo único simple que se le conoció. Compañero como ninguno, compinche, alegre y divertido; el mejor constructor de barriletes. El que le enseñó a acampar, prender el fuego, las reglas de subsistencia... Quien le regaló las mejores noches de fogón acompañadas de sus cuentos. Esos, que su vivencia e imaginación le permitían tejer a medida que los construía. Donde mezclando realidad y fantasía en una forma tan hábil, hacía imposible distinguir una de otra. Esa descripción de su Bariloche tan querido, de ese sur tan amado...
Permanecía recostado sobre la silla, buscando en el juego del equilibrio sobre sus dos patas posteriores esa calma que no podía retomar. Había regresado del cementerio con el sobre que su padre le había entregado de parte del abuelo José. “Para Ricardo” decía. Y allí seguía. Sin saber que motivo lo tenía paralizado. Sin atreverse a tomar contacto con el contenido de lo que le habían dejado.
Estuvo horas así. Balanceándose, mirando desde ese balcón de su tercer piso en avenida Santa Fe. Sin escuchar bocinas, frenadas, aceleraciones...... . Sin sentir ese sol que daba sobre sus espaldas y que hacían más resplandeciente el blanco de ese: el último mensaje.
Decidió dormir. Un descanso le permitiría tener más lucidez e interpretar mejor la carta.
“ Querido Ricardo: “ Comenzaba el escrito, “Nunca te podrás imaginar la angustia que viví desde que comenzó la guerra. Sólo al finalizar la lectura de este mensaje lo podrás entender.
Alcancé el grado de Mayor en 1.945, al tiempo que el General Perón asumiera su primer presidencia.
Sí, el año de la primer bomba. La que en solo nueve segundos causó 200.000 muertos y 80.000 heridos, el año en el que Gabriela Mistral recibió el premio Nobel de Literatura.
Estrené mi flamante grado haciéndome cargo del Regimiento III de Bariloche. Algunas veces te conté anécdotas de fogones y aventuras con el sargento Elías y otras. Pero, hubo algo mucho más profundo: En 1.948 el Coronel González me convocó a su oficina. Este Oficial pertenecía al GOU, grupos de oficiales unidos, centro de enorme poder para la época.
Solos él y yo, me comentó que nuestro Regimiento había sido designado para colaborar con las tareas del Ingeniero Richter, físico Austríaco; convocado por el General Perón para desarrollar la energía nuclear con fines pacíficos en nuestro país.
Dada mi formación profesional: Ingeniería, me puso a cargo de la asistencia personal del experto y me dio las siguientes consignas:
a) Asistir al físico en todos sus pedidos.
b) Mantenerlo informado periódicamente de todas las actividades y pedidos realizados por Richter.
Así, tomé la enorme y pesada tarea de resolver todas las necesidades del Austríaco y de informar a mi superior.
1.949 fue un año muy duro. Vivíamos enloquecidos tratando de dar respuestas a los pedidos del ingeniero.
Construíamos edificios con paredes de un metro de ancho y su vivienda en el mejor punto panorámico de la isla.
Lo que para Richter era solo un peldaño en su plan, para nosotros era como subir una escalera con las manos y haciendo la vertical. Los materiales debían ser trasladados desde el puerto improvisado en las costas de la ciudad hasta la isla. Lo hacíamos con balsas y botes. Armábamos prolongados pasamanos para la carga y descarga. Cada jornada parecía la última. Al final de cada día, agotados, no nos sentíamos con fuerzas para otro más.
Además, indefectiblemente una o dos veces al mes, el Coronel González me convocaba a su oficina. Allí, sufría una enorme contradicción: la de sentir los beneficios de un descanso reparador y la presión de lo que parecía un interrogatorio. ¿Qué están haciendo?, ¿Cómo lo están haciendo?, ¿Para que lo hacen?, ¿Qué hace el Ingeniero?, y más y más preguntas. Me sentí impulsado, más de una vez, a pedir mi relevo o bien a preguntar si estaba sospechado de algo. Era una situación muy incomoda.
Mientras tanto, mi vida se circunscribía a la rutina de sacrificio que te detallé. Excepcionalmente, cuando iba a la ciudad por materiales, compraba el diario y en algún momento trataba de leer los titulares para enterarme de las novedades: Mao Tse Tung proclamaba la República Popular China. Rusia y las potencias occidentales acordaban levantar el bloqueo de Berlín. Se creaba la NATO. En argentina se hundía el rastreador Fournier con todos sus tripulantes en los canales Fueguinos . Se aprobaba y juraba la nueva constitución..... . Y yo acá, en medio de la nada, haciendo no sé que.
Muy pronto ese “no sé que”, se transformó en “mejor no haberlo sabido”.
En una de las convocatorias del Coronel, ésta vez acompañado por dos oficiales de rango; uno de la marina y otro de aviación; se dirigió a mí, diciéndome:
-Lo que le voy a contar a continuación constituye un secreto militar. Ud. está cumpliendo una misión, y ahora le va a encontrar sentido: Sabemos que el aparente desarrollo de la energía nuclear bajo condiciones de control es una pantalla que oculta el avance por métodos convencionales. Así, se está armando una bomba experimental.
Pero eso no es todo. Existe un plan maquiavélico más complejo que consiste en despachar algunos buques de la armada para evacuar a los habitantes de las islas Malvinas y realizar la primer prueba allí ¿O, Ud. que cree que hacía el ratreador Fuornier por los mares del sur, si no maniobras de observación y ensayo?.
De ésta manera, el General Perón busca varios objetivos:
Primero: Consolidar a todas las fuerzas y a la población en el objetivo de recuperación de las islas.
Segundo: Dejar a las Malvinas irradiadas. De esta forma, no podrán ser habitadas por nosotros pero tampoco por los Ingleses ni por cualquier forma humana por varios años.
Tercero: Realizar una demostración de fuerza y poder, evidenciando el grado de avance alcanzado en el desarrollo de la energía nuclear.
Nosotros estamos convencidos que esta situación colocaría a nuestro país en medio de un conflicto internacional. Además, pondría en peligro el sistema democrático ya que implicaría prácticamente la perpetuación del General en el poder.
Realmente no podía creer lo que estaba escuchando. Hubiera preferido que mi rutina continuara igual de pesada y carente de sentido.
- Ahora, le cuento como continúa su misión: El ingeniero Balseiro, reconocido físico argentino, lo acompañará de ahora en más bajo la figura del Teniente Gomez, su ayudante y auxiliar. Esta compañía le ayudará a reconocer equipos y materiales. El objetivo primario es demorar de cualquier manera y a cualquier costo, la construcción de la bomba. En segundo lugar, sabotear y retrasar lo máximo posible los planes del ingeniero Richter.
“- Ricardo: - continuaba la carta del abuelo -: No creo que sean de tu interés los detalles de cómo logramos nuestra misión. No obstante, no te pueden caber dudas de nuestro éxito.
Al no poder concretar resultados y sin demostrar avances en su gestión, el ingeniero Richter fue silenciosamente enviado a vivir el resto de sus días en la localidad de Monte Grande en la Provincia de Buenos Aires y las islas siguen allí...... .
Siempre tuve dudas de haber hecho lo correcto y de cual hubiera sido nuestra historia si no hubiéramos logrado introducir fallas en los equipos de la isla Huemul. Pero lo que más me mortificó, fue el inicio de esta guerra de Malvinas ¡Justo cuando te habían asignado a la operación de un Superetendard!...
No podría haberme ido sin dejarte esta historia, que es la única que no te había contado. Nadie la sabe. Tampoco intentes revalidarla o comentarla, yo fui el último integrante viviente y no hay evidencias que la hagan comprobable.....
Además, si estas leyendo estas líneas será porque la Virgen de Luján me concedió mi deseo y tendrás que cumplir la promesa que yo no alcancé a realizar. Adjunto un plano. Con él llegarás al lugar exacto donde está enterrada la botella que contiene el deslizador del espectográfo que logramos cambiar con Balseiro. Lo reemplazamos por otro que daba a Richter resultados erróneos sobre sus pruebas. Este fue el elemento que no le permitió avanzar en ninguno de sus proyectos. Tu tienes que recuperarlo y ofrendárselo a la Virgen por mí, sé que lo harás.”
Obviamente, Ricardo no podría negarse a ningún pedido de su abuelo. Máxime siendo un pendiente a su fallecimiento. Mucho menos, cuando antes de regresar a la base de operaciones, se enteró de que ya no debería hacerlo porque la guerra había terminado. Y que, además, aquel vuelo que el no había podido iniciar, había sido el último del Superentendard y del Oficial que lo había reemplazado...
Peregrino

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