SOL DE JULIO

OSKAR  - PLAYS, PLAYSCRIPTS - 1109 words

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Desde que era pequeño me gustaba hacer ejercicios de memoria, evocando sucesos del pasado, muchos de ellos no tan agradables, pero que de todas formas venían a mi mente por si solos.

Otras veces los recuerdos aparecían espontáneamente, como por arte de magia. Algún suceso, un perfume, un tema musical de otra época, todo resultaba un motivo auspicioso para hilvanar los hechos y transportarme al pasado. Y así comenzar a ver imágenes y bucear en el tiempo, recreando sensaciones aparentemente dormidas u olvidadas, pero que seguían estando en algún lugar del alma.

Cada fin de año hago balances –no contables- de lo que ocurrió. De todas formas creo las normas contables son perfectamente aplicables a la vida cotidiana, y así como un balance refleja la situación patrimonial, el activo, el pasivo y las perdidas y ganancias de un ejercicio, dentro de la reflexión, haciendo un balance interno trato de enumerar mis logros y mis fracasos, mis satisfacciones y mis frustraciones. Nunca como antes me doy cuenta lo relacionada que estaba mi profesión a la vida espiritual.

Sería muy largo de enumerar todos esos paralelos, pero en especial en estas fechas, como hoy hago hincapié en algunas perdidas, que parecen ser irreparables, pero que a veces, sin justificarlas tienen su razón. Por su puesto que esas razones solo las tiene Dios y nosotros, los seres humanos, somos los encargados de descubrirlas.

Dentro de ese balance anual, en el que voy reflexionando acerca de cada mes, que viene a mi memoria, me quedo anclado en algunos meses. Automáticamente ese mes me transporta a otro de algunos años atrás, y no se como pero en una fracción de segundos estoy instalado treinta o cuarenta años atrás o cinco.

Me resulta curioso como se destacan algunos días o épocas que en su momento no trascendieron, pero luego el paso del tiempo las hizo adquirir valor. Contablemente podría ser una inversión que se adquiere por un monto muy bajo, y que luego adquiere un valor incalculable.

Y en ese repaso me quedo anclado en el mes de julio. Nunca me pregunté exactamente cual era la razón, pero un día le dediqué un poema, muy nostálgico. Muchos lo leyeron, sin saber cual era su fundamento, inclusive, en el libro en el que esta impreso (no esta editado) hay un dibujo hecho por mi que poco se entiende.

Y es el día de hoy que el sol del mediodía, brillante, imponente, lleno de vida me lleva a ver ese sol de julio, igual al de 1974.

Pasaron mas de treinta y cinco años y todavía veo esa imagen, en la terraza de mi vieja casa, un día de invierno, a la 11 de la mañana, leyendo una revista y la mirada comprensiva de mi padre haciéndome el aguante, leyendo junto a mi. Cada tanto dejábamos de leer y compartíamos cada uno la historia del otro, la que estábamos leyendo. Yo tenía 12 años y mi padre 45. Recuerdo ese momento como único, elevado como pocos. Yo solo, con mi padre, compartiendo un momento simple, breve que parecía sin importancia, uno más. Pero que hoy tiene un valor infinito, porque no recuerdo otros “Julios” de mi infancia como ese en particular.

No fui al psicólogo para analizarlo ni hice hipnosis regresiva ni nada de eso. Pero los julios que siguieron fueron distintos. Por lo general vacaciones de invierno, de adolescente y de joven. Luego de estudiante universitario, y como todo lo que nos va pasando en la vida, ese recuerdo quedó como olvidado en un rincón.

Ese fue mi último julio de la infancia. Creo que esa debe ser la razón de ese valor superlativo que le doy. Luego, como es lógico, en la medida que fui creciendo me fui alejando de mi padre, poniendo distancia para diferenciarme y sentirme grande. Hoy en mi rol de padre me ocurre lo mismo con mis hijas.

En los años posteriores lo oía quejarse por esa lejanía y me decía que era un proceso lógico, que cuando yo tuviera la edad de el lo iba a comprender y le iba a reconocer sus virtudes amortizadas desde mi punto de vista en ese entonces.
Con el paso del tiempo me hice adulto, confiando cada vez más en mi criterio, con las bases que el me había dado el, pero con mi experiencia acumulada, hecha a golpes y caídas. Creo que no salio del todo mal.

Así y todo si bien nunca estuve de acuerdo con todo lo que decía o hacía, sino hubiera sido un clon de el sin personalidad propia, lo que si realmente le reprocho, es haberme quitado la posibilidad de agradecerle cuando llegara a la edad que el tenía entonces, todos esos conocimientos y experiencias positivas y oportunidades que tuve gracias a su sacrificio, el levantarse cada mañana a la madrugada para ir a trabajar, como lo hago yo ahora y darme la posibilidad de cultivar mi espíritu y mi intelecto. Ayudándome a pensar y siempre con esa código de ética que era credo, por sobre todas las cosas.

Mi padre falleció a los 60 años en 1989. Yo tenía 26 años. Después de mucho tiempo y de haber recorrido un largo camino, pude comprender muchas cosas que le ocurrían, cambios de humor, sensaciones de estar solo, de que el mundo estaba en su contra y de sentirse poco comprendido.
Pero aprendí a ser flexible, tolerante, acorde a estos nuevos tiempos que corren. No quita que nuestros hijos nos vapuleen con sus conocimientos y nos digan que no sabemos nada. Pero lo bueno es acordarse como fue cada uno como hijo y que ese proceso no es definitivo. Como a mi me ocurrió.

Por eso en esta fecha tan especial, cada vez que levanto la copa me acuerdo de el, al hacer mi balance y bueno, mas allá de los reproches, creo su vida continúa en mi, en mi espíritu aunque no este físicamente presente.

El poema del que les hablaba es este:

SOL DE JULIO

Sol de julio
Que mucho aclaras
A mi terruño
No desamparas

Estás allí
Casi inmutable
Llegas a mí
Con dote amable

En mi recuerdo
Tu brillo veo
Lo veo lento
Y no descreo

Eres el mismo
Que vi en mi infancia
Que impuso ritmo
Y acortó distancias

El de las mañanas
Puras y nobles
Que invitas y amas
Y la vida impone

Cumples tu ciclo
Todos mis días
Desde el inicio
Haces que ría

Cuánta nostalgia
Cuánto el deseo
Cuánta es la magia
Cuando te veo

Indicas tu signo
En lo natural
Con preciso algoritmo
Del tiempo real

Sales nuevamente
A lo largo del tiempo
Te transformas en fuente
De todo sustento

En el presente
Otro espíritu despiertas
Eres un largo puente
Para que mi alma no se pierda


14 de julio de 2007

Pienso que en ese sol esta la mirada atenta de mi padre, siguiendo mis pasos.

Muchas Gracias a todos por compartir mis escritos y muy feliz 2010















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